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LA CUESTIONADA INSTALACION DE DOS PLANTAS
DE CELULOSA
No habrá dinero para las papeleras sobre
el Uruguay
El Banco Mundial informó que no dará el préstamo
hasta que se estudie su impacto.
Las dos fábricas papeleras que el gobierno uruguayo autorizó a
instalar a orillas del río Uruguay no recibirán financiamiento
internacional hasta tanto no se realice una evaluación de impacto
ambiental. Así se lo hizo saber al Gobierno argentino la Corporación
Financiera Internacional (CFI), subsidiaria del Banco Mundial.
La posición de la CFI responde a una exigencia de sus estatutos
y al reclamo del Gobierno argentino, que le expresó su preocupación
por las consecuencias ambientales de la construcción de estas
plantas de celulosa. A modo de protesta, el gobierno uruguayo no envió sus
delegados a la comisión técnica mixta —creada por
los presidentes Tabaré Vázquez y Néstor Kirchner— que
debía reunirse ayer.
"La instalación de estas plantas se complicó porque
el gobierno uruguayo no cumplió con sus compromisos, particularmente
con el Estatuto del Río Uruguay, que establecen que deben consultarse
todas las obras que afecten al río", explicó el embajador
Raúl Estrada, jefe de la delegación argentina del grupo
técnico mixto.
Como los pedidos del gobierno de Kirchner ante la Comisión Administradora
del Río Uruguay (CARU) —de carácter binacional— fueron
desoídos por su par uruguayo, la Argentina expresó su preocupación
ante la CFI, que participará del apoyo financiero a las obras. "Por
nota del 8 de julio —explica Estrada— este organismo nos
hizo saber que está de acuerdo en la necesidad de hacer un estudio
ambiental previo. Y el martes 11, Dimitris Tsitsiragos, representante
de la corporación, dijo en mi oficina que no van a someter el
tema al directorio de la CFI antes de completar la evaluación
con nuestra participación".
Las plantas en cuestión, propiedad de la empresa española
ENCE y de la finlandesa Metsa-Botnia, ya empezaron a construirse en las
afueras de la ciudad uruguaya de Fray Bentos, vecina a la argentina Gualeguaychú.
Pero es difícil que puedan avanzar, no sólo por la falta
de financiamiento internacional "sino porque los propios accionistas
de las empresas no van a querer tomar responsabilidades ambientales —sostiene
Estrada—, porque si las plantas causan daño ellos van a
tener que pagarlo".
Más allá de este diferendo, Estrada considera que al tema
hay que verlo desde un punto de vista más amplio. "Esto es,
el desplazamiento de las 'industrias sucias' de los países centrales
a los países en desarrollo. En 2007 entrará en vigor una
regulación europea que obliga a estas empresas a cambiar su metodología
de trabajo o, en caso contrario, a cerrar las plantas de celulosa".
Liliana Moreno
Fuente: Clarín
Julio 13, 2005
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