Argentina: intensificación y expansión agrícola debe preservar los suelos y los recursos naturales

Especialista, Roberto R. Casas, director del Instituto de Suelos del INTA, explicó que "el recurso suelo está potencialmente comprometido en las áreas frágiles de expansión agrícola como en la región chaqueña y del noroeste de la Argentina".

La intensificación y expansión agrícola, operada durante los últimos años, ha determinado un incremento espectacular de la producción granaria y la incorporación de nuevas tierras al mapa agrícola del país. Este proceso ha sido muy beneficioso en función de los ingresos generados y la recaudación fiscal, que a su vez permitió cumplir con los programas sociales.

Sin embargo, es necesario advertir sobre los riesgos de una simplificación extrema de los sistemas productivos que alcanzan su expresión máxima en el monocultivo de soja. La expansión agrícola, que está ocurriendo en zonas marginales, plantea asimismo un problema de incompatibilidad con la sustentabilidad de la agricultura en estas regiones.

Las transformaciones de la agricultura durante la década del 90, en especial la difusión de la siembra directa, mejoraron la calidad de los suelos pampeanos, debido principalmente a la drástica disminución de la erosión y al incremento del contenido de materia orgánica y de la fertilidad. Sin embargo, la tendencia al monocultivo de soja de los últimos años, causó nuevamente un empobrecimiento del suelo.

Para su buen funcionamiento la siembra directa requiere que haya a lo largo del año una cobertura vegetal del suelo, que incluye los rastrojos de los cultivos. Ello se consigue alternando gramíneas (trigo, maíz, sorgo) que aportan residuos de lenta descomposición, con soja, cuyos residuos se descomponen rápidamente.

En sistemas de siembra directa con rotación de cultivos, las pérdidas de suelo anuales son inferiores a 2 toneladas por hectárea, muy por debajo del máximo tolerable, que orientativamente está próximo a las 10 toneladas por hectárea. La rotación de soja y gramíneas arroja a lo largo del tiempo un balance positivo del carbono del suelo, que se traduce en un incremento de la materia orgánica, de la fertilidad y en una mejora de la condición estructural.

Cuando se abandonan las rotaciones, se disminuye drásticamente la incorporación de materia orgánica al suelo rompiéndose el ciclo virtuoso descripto. Los suelos se tornan estructuralmente más inestables (especialmente los de mayor contenido de limo) con tendencia a compactarse, lo cual altera desfavorablemente la dinámica del agua pluvial. Esta situación se está difundiendo en la región Pampeana.

El recurso suelo está potencialmente comprometido en las áreas frágiles de expansión agrícola como en la región chaqueña y del noroeste de la Argentina. En efecto, en el Chaco Salteño y Tucumano, partes de las selvas pedemontanas de ambas provincias y gran parte del Chaco Seco sufren una deforestación intensa que está generando procesos de erosión y pérdida acelerada de la materia orgánica en función de la sobreutilización de las tierras por encima de su aptitud natural. A la degradación de los suelos se adicionan cuantiosas pérdidas de biodiversidad y de servicios ambientales tales como captura de carbono, protección de cuencas, almacenaje de agua y conservación del paisaje, entre otros.

Resulta por lo tanto particularmente importante para estos ecosistemas frágiles encontrar puntos de equilibrio entre la producción y los riesgos de un manejo inadecuado de los suelos y de los recursos naturales. Las soluciones deberían encontrarse en el diseño de políticas de ordenamiento territorial que propendan a este equilibrio de explotación y conservación. Ello permitirá alcanzar sistemas agropecuarios sustentables, dejando de lado una visión "cortoplacista", que sólo conduce a la degradación del suelo y a la disminución de su productividad.

Fuente: El cronista Regional
Julio 18, 2005