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Son espíritus dijo la mujer.
A algunos vecinos les pareció gracioso.
No son espíritus, fue epilepsia dijo en cambio María
Rodríguez.
Pero ella estaba convencida: Son espíritus, lo que pasa es
que no todos pueden verlos. Algunas personas del barrio pensaron
que tal vez podría ser. Por alguna razón en Arroyito, localidad
de Quilmes, la gente tiene convulsiones. No se sabe por qué.
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El arroyo Las Piedras corta el asentamiento en Solano
y cuando se desborda ahoga chicos y arrasa casas.
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César Montes las empezó a sufrir cuando
cumplió 15 años. Mario, el viejo de la calle 889 que junta
cartones con un carro, empezó en el 99. Patricia, hija de
doña Hermosa, convulsiona de chica. ¿Ve a ese chico
que camina por la vereda de enfrente? pregunta María a Página/12,
¿ve que está bien, que está gordito? El mes pasado
le dio un ataque mientras tomaba mate en la vereda. Las convulsiones
son un mal extendido en la zona.
Arroyito es parte de Solano. Al barrio lo bautizaron así por el
arroyo Las Piedras, una corriente de deshechos químicos y basura
que lo atraviesa. Quien quiera visitarlo puede ir hasta el cruce de la
avenida Monteverde y la calle 891. Encontrará que el agua es de
color variable, dependiendo del día: puede estar roja, azul, o incluso
con espuma, como si le hubieran echado detergente. Quien vaya notará
también, tras 15 o 20 minutos de permanecer en el lugar, que los
labios se resecan y la boca arde. Son las emanaciones del arroyo. En el
cruce de Las Piedras y la calle 852 este verano murió César.
La historia que sus vecinos cuentan en esta nota es la que siguió
a esa muerte. Muestra cómo la gente se organiza en el Conurbano,
en ese tránsito que va desde el desaliento o la rabia ciega a los
cortes de ruta y los planes de lucha piqueteros.
Piqueteros y policías
María Rodríguez es manzanera desde el comienzo, cuando Chiche
Duhalde creó el Plan Vida. Tiene once hijos, uno de ellos policía.
Al principio de 2001 se sumó a la Corriente Clasista y Combativa,
aunque igual sigue repartiendo la leche del plan. Para ella no hay ninguna
contradicción, cuando cuenta que es manzanera lo hace con orgullo.
Mamá, si se te ocurre ir a la marcha te ato a la pata de la
cama le advirtió el mes pasado el hijo, cuando se preparaba
la movilización a Plaza de Mayo contra la represión en Avellaneda.
Por supuesto, ella fue igual. Ese día, desde su zona salieron unas
dos mil personas, pero dos años atrás en los cortes no eran
más de sesenta. María y sus vecinos de Arroyito se reúnen
los sábados con un equipo de psicólogos sociales de la Escuela
Pichon Rivière para hablar sobre los avances o retrocesos en sus
cosas. Se juntaron por primera vez en noviembre, en diciembre miraron el
19 y 20 por televisión, en enero decidieron participar de una marcha
por la salud con otros siete barrios. Entre los puntos en reclamo ya figuraba
la limpieza y entubamiento del arroyo.
Caminaron desde el puente hasta el hospital de Solano, donde los recibió
la directora. La mujer escuchó y explicó que no tenía
presupuesto. Los vecinos pidieron que los médicos se sumaran entonces
al reclamo por el arroyo. No se trata sólo de la contaminación.
Cuando hay lluvias intensas, el agua desborda. Las Piedras pasa por el
patio trasero de la casa de María; en la última inundación
el arroyo subió hasta la altura de su cintura. En la medida en que
el cauce no se limpia, las inundaciones se vuelven más frecuentes.
Cuando está crecido los bomberos no aparecen y las ambulancias no
entran. Cuando el agua del arroyo toca la piel, salen urticarias y se infectan
las heridas.
En febrero, sin ninguna respuesta, decidieron hacer hincapié en
los reclamos por el arroyo, incluso por encima de los planes de empleo.
Elmiércoles 6, seiscientas personas cortaron la ruta para pedir
que limpiaran el arroyo, pero nadie los atendió.
De 60 a cuatro mil
Cuando César murió sus vecinos decidieron llevar el problema
de Las Piedras a todas las movilizaciones. Fue tres días más
tarde de esa protesta, cuando hubo una nueva inundación. El chico
se ahogó. Antes habían muerto otros por el arroyo,
dice María. Pero esa vez, posiblemente porque ya se reunían
todos los sábados y había un espacio donde hablar del tema,
la reacción fue distinta. A María le dio tanta bronca que
buscó el mantel blanco del comedor de su casa e hizo con él
una pancarta: El arroyo nos enferma y nos mata en silencio,
escribieron en la tela. Junto al resto del barrio armaron un relato de
lo sucedido, que escribió unas de las psicólogas sociales,
Mónica Di Leo.
Aparte se reproduce un extracto de ese texto. Llevaron fotocopias al hospital
y lo leyeron en los cacerolazos de los viernes. A la semana, en el hospital
los esperaban dos médicos.
Vuelvan la semana que viene. No perdamos el contacto propusieron.
Los vecinos de Arroyito han reclamado que se realicen análisis del
agua para saber si allí está el origen de las convulsiones.
En los últimos ocho meses, desde que empezaron a reunirse, descubrieron
que el mal que creían que sufrían unos pocos ataca en realidad
a muchos en el barrio. Ya nadie piensa que se deba a los espíritus.
Hasta ahora, nadie ha mostrado voluntad de hacer esos estudios. Aunque
como algo remoto, en Arroyito recuerdan que el intendente de Quilmes, Fernando
Geronés (UCR), estuvo en en el lugar, hace unos dos años.
Hubo una inundación grande y él entró en una
lancha para sacar a una mujer que esperaba en el techo de su casa,
dicen. El salvataje fue ampliamente difundido. Después de eso no
volvió a haber novedades.
En la última marcha por el arroyo, médicos y docentes se
sumaron a la columna de los piqueteros. En total fueron cuatro mil personas
de siete barrios. El municipio firmó un acta-acuerdo en el que se
comprometió a limpiar y mantener libre de basura el fondo de Las
Piedras. Tenían que empezar los trabajos el primero de junio, pero
nunca fueron. Dicen que por falta de gasoil para las máquinas.
Laura Vales
Fuente: Página 12
Julio 19, 2002
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