El medio ambiente enfrenta, de nuevo, a Bush con Gore.

El plan de "Cielos Limpios" que impulsa el presidente de EEUU, George W. Bush, se vio ensombrecido por un nubarrón de críticas de grupos ecologistas y de su ex rival electoral, Al Gore, quien lo acusa de "sabotaje medioambiental".

Durante las pasadas celebraciones del "Día de la Tierra", Bush y Gore ofrecieron al público, cada uno por su lado, versiones muy distintas, y al parecer irreconciliables, sobre cómo proteger el medio ambiente, poniendo en escena el mayor enfrentamiento entre ambos desde las reñidas elecciones del 2000.

Para su discurso ecologista, Bush escogió un pintoresco lago en las montañas Adirondack, consideradas como la cuna de los esfuerzos de preservación de la naturaleza en EEUU. Utilizando esas montañas en el estado de Nueva York como telón de fondo -ellas mismas afectadas por la "lluvia ácida"-, Bush prometió que su plan "Cielos Limpios" tendrá efectos "drásticos" en la calidad del aire. Bush exhortó nuevamente al Congreso a que apruebe su plan, que busca reducir los contaminantes ambientales en cerca del 70 por ciento para el año 2018. Entre los contaminantes que contribuyen a la dañina lluvia ácida figuran el dióxido de sulfuro, el óxido de nitrógeno y el mercurio, un elemento tóxico que logra introducirse en la cadena alimenticia de las especies marinas y, mediante ellas, en los seres humanos.

En un artículo publicado con motivo de "El Día de la Tierra", Gore -quien podría buscar una revancha en las presidenciales del 2004-, acusó a Bush de minar las políticas gubernamentales contra la contaminación del aire y el calentamiento global. Concretamente, Gore, autor de un libro sobre el asunto, afirmó que un puñado de ejecutivos de la industria del petróleo y de las compañías químicas son quienes dominan las políticas de energía y del medio ambiente en EEUU. Esos ejecutivos buscan diluir los reglamentos para reducir "los peligrosos niveles de contaminación en la atmósfera", afirma Gore.

Esas críticas son similares a las del líder de la minoría demócrata de la Cámara de Representantes, Richard Gephardt, al señalar que, con sus "políticas superficiales del siglo XIX", "los republicanos toman medidas para premiar a sus donantes, debilitando la salud pública y el medio ambiente".
Bush, quien la semana pasada se llevó una derrota política cuando el Senado sepultó su controvertido plan para explorar petróleo en una zona virgen en Alaska, insistió en que continuará luchando por un plan que corte, de raíz, la dependencia de los consumidores estadounidenses del petróleo extranjero.

Ante los comicios legislativos del próximo mes de noviembre, en los que está en juego el control de ambas cámaras del Congreso, tanto demócratas como republicanos buscan persuadir al electorado de que su partido es el que tiene las respuestas a los problemas más acuciantes del país, entre ellos la protección del ecosistema.

Así, Bush salió a defender su plan de protección del medio ambiente, que incorpora algunos elementos del programa de la Agencia para la Protección del Medio Ambiente (EPA, en inglés) para reducir los niveles de la lluvia ácida.

La lluvia ácida es una acumulación de gases tóxicos en la atmósfera, procedentes de las fábricas y automóviles que utilizan productos derivados del petróleo. Esos gases contribuyen, a su vez, al llamado "efecto invernadero".

Gore se opone al plan "Cielos Limpios" por considerar que éste sólo dará rienda suelta a la emisión de estos gases, más allá de lo que permiten las leyes actuales.

Asimismo, Gore que tiene previsto volver a referirse al tema hoy en la Universidad Vanderbilt, en Nashville (Tennessee), insistirá en que la Casa Blanca pone en peligro el futuro de la nación a cambio de ganancias políticas de corto plazo.

La Casa Blanca ha tachado las críticas de Gore como pura retórica y que los demócratas "están reciclando las cansadas acusaciones que utilizaron -y con las que perdieron- en las pasadas elecciones".

María Peña

Fuente: Ayaba
Abril 25, 2002