La monja Dorothy Stang: Crónica de un asesinato en la selva que sacudió al gobierno de Lula

Es el de la monja norteamericana, fusilada por defender a los trabajadores rurales. Lula militarizó la zona donde hay una guerra entre los hacendados y los campesinos.

Son las 4 de la tarde y el sol pega muy fuerte en Anapu, una localidad que ni siquiera figura en el mapa oficial de Pará, en el norte brasileño. Pero tres frondosos árboles protegen algo más del medio centenar de personas que, tomadas de la mano, rodean la tumba de la hermana Dorothy Stang.

Está en un claro de la selva y encima de la lápida, hecha de madera y cemento, arden decenas de velas. Por detrás, un hombre moreno y enjuto, clava una cruz que lleva pintado a mano el nombre de la religiosa. Es la misa del séptimo día, un homenaje de campesinos a la mujer, que a los 73 años cayó asesinada de 6 balazos, cerca del lugar de su entierro.

Ya se sabe quienes fueron sus verdugos: trabajan de pistoleros por cuenta de grandes hacendados de la región. También se conoce el nombre de los mandantes: dos estancieros a quienes se acusa de apropiarse ilegalmente de miles de hectáreas de tierra.

No es fácil llegar a Anapu: exige un viaje de 6 horas en una 4x4, a través de un camino de tierra roja que se ablanda y se agujerea con la lluvia. Esa ruta barrosa es la carretera Transamazónica trazada en los años ´70 por el régimen militar.

Y Anapu, que en guaraní significa "ruido fuerte", es una consecuencia de la construcción de esa ruta imaginada por los generales brasileños como eje ordenador de la colonización del Amazonas. Hoy, entre retazos de selva vírgen y áreas devastadas por las madereras, aparece ese caserío de 30.000 almas.

Si hay algo en lo que coinciden quienes habitan el lugar es que se trata de una "tierra de nadie" donde la única ley que impera es la del calibre 38. Para quienes viven en esa localidad, el crimen de la religiosa, descendiente de una rica familia norteamericana, es casi un hecho natural.

En una mesa de un bar, antesala del presunto "Hotel Santa Bárbara", el diputado nacional Fernando Gabeira, ensaya explicaciones: la historia es otro episodio de "la salvaje disputa por la apropiación de tierras públicas del Amazonas". El legislador, junto con varios periodistas, entre ellos esta enviada, debió pasar la noche del viernes en un rancho de madera, durmiendo en improvisadas hamacas.

Gabeira reflexionó: "Hay dos protagonistas de la violencia agraria brasileña: de un lado, los hacendados y madereros; del otro, campesinos sin tierra".

La iglesia de Anapu es el único edificio de un lugar donde solo se encuentran chozas. Al lado, en una casa de madera donde vivía Dorothy, están reunidas las hermanas de la congregación Notre Dame de Namur. La hermana Katia Webaster cuenta que Stang llegó a la región en 1972.

Durante 30 años, la mujer trabajó en las comunidades rurales. En ese tiempo, pudo fundar 22 escuelas y un centro de formación de profesores. Pero su mayor ambición era "La Esperanza", un programa de desarrollo sustentable en el Amazonas, que proyecta repartir 130.000 hectáreas entre 600 familias campesinas.

Fue su mayor ambición y, también, la causa de su muerte, como admitió Katia en una conversación con Clarín. Su asesinato fue "instigado por aquellos que se oponían a su trabajo en defensa de los sin tierra y por la preservación de la floresta", dice con voz suave, casi inaudible.

La congregación de estas religiosas nació en Francia, en 1804, aunque hoy tiene su base en EE.UU. Tal vez por eso, la embajada norteamericana se comprometió a defender una investigación a fondo. Pero Dorothy estaba lejos de Brasilia: desarrollaba sus contactos fuera, entre los campesinos y los movimientos sociales. En esa lucha de 3 décadas, la hermana fue cambiando de enfoque. De promotora de la educación pasó a ser defensora de la reforma agraria y de la preservación del Amazonas.

Y eso le granjeó odios. Cuentan que los "ricos" de Anapu celebraron su muerte: la noche del crimen (el viernes de la semana pasada) lanzaron bengalas y convidaron con cerveza a los parroquianos de los bares. En una conversación con Clarín, el intendente del caserío, Luiz dos Reis Carvalho, admitió que desde hace dos años se incrementó el conflicto por la tierra y la madera.

Dice que se debe "a la fuerte inmigración de personas de otros estados brasileños. Vinieron porque había rumores de que se iría a construir una gran represa hidroeléctrica y a ese proyecto iría a generar 40.000 empleos". Dos Reis asegura que una parte importante de esa corriente migratoria se desplazó al campo. Y esos campesinos fueron liderados por Dorothy para invadir las grandes estancias.

Al hacendado Francisco Alberto de Castro, presidente del Sindicato de Ganaderos de Pará, lo inunda la bilis cuando escucha el nombre de la hermana. Otro tanto le ocurre a José Roberval de Souza, titular del Sindicato de Madereros.

"Están convirtiendo en mártir a una monja que invadía tierras, una mujer que creaba desorden. Ella era el mayor problema que tenía la región", descerrajó Castro, como si quisiera matarla de nuevo. "Llevaba 30 años creando problemas en la región".

Sin freno, insistió varias veces a esta enviada: "Esa mujer fue asesinada y no concordamos con eso. Pero decir que era una santa es una falsedad". Enseguida interrogó: "¿Por qué una mujer extranjera, una freira (una forma despectiva de referirse a una religiosa), quiere mandar aquí? ¿Aceptarían en la Argentina que un extranjero llegue y mande más que el gobierno?"

Los hacendados llegaron a acusar a la hermana de "instigar la violencia" en Anapu. Es algo difícil de imaginar en una anciana que antes de ser ejecutada mostró la Biblia como única arma. Los hacendados le habían iniciado una querella por una supuesta instigación al asesinato de un empleado de una de las estancias. La acusación se les volvió en contra.

La jueza del caso, que le tomó declaraciones a Dorothy, supo entonces que la hermana había sido amenazada de muerte. Ella era una de la lista de 140 personas marcadas para morir. Su nombre figura al lado de conocidos obispos brasileños, como Pedro Casaldáliga.

La freira Dorothy", como la llaman sus enemigos que evitan decirle hermana, denunció cómo la policía civil y la militar de Pará había intervenido a favor de los grandes propietarios para expulsar a pequeños campesinos de sus tierras. Desde su muerte, Anapu está sumergida en el marasmo. Ayer, su única avenida asfaltada, era atravesada por camiones con soldados.

Y el campito de fútbol, con césped alto pero con los respectivos arcos, se convirtió en un improvisado aeropuerto militar. En helicópteros artillados llegaron las primeras tropas de soldados, unos 700, que integrarán la operación destinada a contener la violencia en el municipio. Símbolo de los nuevos tiempos en la región, tiendas de campaña surgieron allí donde estaba el centro de formación de maestros San Rafael, fundado por Dorothy.

Con los militares y contingentes de la policía federal, también poblaron las calles de Anapu los periodistas de diarios brasileños, extranjeros y agencias internacionales. El gobierno de Lula da Silva ordenó el operativo militar como parte de un plan de largo alcance. Decidió crear nuevas reservas forestales, para impedir la devastación amazónica. En Brasilia se afirma que estos proyectos ya estaban en preparación. Dicen también que la existencia de esos programas desató la crisis en Pará: "La preservación del Amazonas es lo que genera la reacción violenta" de hacendados y madereras.

A diferencia de lo que ocurría hace 30 años, esta vez la intervención militar es vista como un sostén de la democracia. Al punto de ser aceptado por la propia Iglesia. Para el padre José Lopes de Sousa, el párroco de Anapu, que trabajó durante 15 años codo a codo con la hermana Dorothy, la presencia militar tal vez pueda ayudar a castigar a los culpables del crimen.

Durante la misa celebrada en la selva, frente a la tumba de Stang, López de Souza hizo tronar su denuncia: "Fue una muerte planificada", resaltó. En ese mismo momento, plantó a modo de despedida de su amiga y compañera, un brote de Mogno, especie de árbol en extinción en la selva amazónica. Todo un símbolo de dolor y esperanza en la jungla.

Eleonora Gosman. ANAPU ENVIADA ESPECIAL
egosman@clarin.com

Fuente: Clarín (Argentina)
Febrero 21, 2005