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IMPORTANTES AVANCES EN EL OCEANOGRÁFICO DE
VALENCIA
Descifran el lenguaje de las ballenas blancas
El centro Oceanográfico de Valencia no es sólo el parque
temático submarino más grande de Europa. Es un centro de
biología marina pionero en la investigación con ballenas
blancas en cautividad. Posee una colección de 45 mil peces en
42 millones de litros de agua y comparte con el Oceanográfico
de Vancouver (Canadá) un estudio único sobre la comunicación
bioacústica de las belugas, como también se conoce a las
ballenas blancas, y su comportamiento.
Las belugas son los cetáceos con mayor repertorio acústico
y el menos conocido. Por ello, estudiarlo en cautividad permite acotarlo
e interpretarlo con mayor precisión que en el medio natural, donde
se realizan más estudios, pero con dificultad para obtener conclusiones.
En el Oceanográfico viven dos ballenas blancas: un macho y una
hembra. Él tiene 13 años y ya ha entrado en la edad madura,
lo que, según los biólogos del centro, favorece un comportamiento
más pasivo. Ella aún tiene seis: toda una adolescente cargada
de vitalidad.
Pese a llevar casi dos años investigando, dos años ha cumplido
el Oceanográfico esta semana, aún se encuentran en la fase
experimental de la investigación, basada en el registro de vocalizaciones,
según explica el biólogo marino Paco Torner, jefe de control
de gestión del Oceanográfico.
Estudios
El equipo de investigación cuenta con dos expertos en bioacústica
que han registrado ya una veintena de vocalizaciones. En todo este tiempo,
han conseguido grabarlas y determinar las que se repiten con mayor frecuencia.
Esto les ha permitido concluir qué tipo de sonidos emiten cuando
se encuentran contentos o cuando tienen hambre, lo que significa todo
un avance en la investigación del comportamiento en esta especie,
de gran utilidad, sobre todo, para garantizar y mejorar la calidad de
vida de estos animales en cautividad. "Es muy importante para curarlas.
Podemos averiguar si le duele algo y tratarlo", afirma Torner.
Leer los espectrogramas de frecuencias llevará bastante tiempo,
aunque el avance sirve para constatar que van por buen camino. Y el avance
puede medirse en algo tan simple como la disminución de sorpresas
que se llevan los biólogos a diario. "Al principio todo eran
novedades; ahora cada vez nos sorprenden menos; sabemos qué vocalizaciones
emiten justo antes de comer y el tipo de sonido que emiten cuando una
se acerca a otra", explica Torner.
A Paco Torner le gusta destacar que no se puede estudiar el comportamiento
de una especie animal desde un punto de vista antropocéntrico
porque pueden tener sensaciones que nosotros no tenemos o viceversa,
y pueden venir propiciadas por factores que nosotros no comprendemos.
Por ello, confiesa, es "apasionante".
Desarrollo en cautividad
En el Oceanográfico miman a todas las especies como si fueran
las únicas. El agua en el que viven está limpia y purificada.
Viene del Mediterráneo, de la misma playa de la Malvarrosa. Si
se detectara una contaminación intensa o fallaran los sistemas
de filtrado, el Oceanográfico está preparado para fabricar
millones de litros de agua salada a partir de agua dulce.
Sin embargo, cuando vemos a las ballenas dando vueltas por el acuario,
de grandes dimensiones, pero limitado al fin y al cabo, es fácil
preguntarse si son felices, si no enferman o se vuelven locas con lo
inteligentes que parecen ser…
Los biólogos también se ocupan de que no se depriman, pierdan
su instinto o su movilidad y "enriquecen" su hábitat
como pueden. Emiten ultrasonidos en los acuarios para que respondan a
ellos y, así, ya de paso, estudiar los estímulos y sus
respuestas. También les lanzan cubitos de hielo y comida para
activar su movilidad y sus reflejos. "Si no, siempre tendrían
el mismo comportamiento”, dice el biólogo. “Hay que
evitar la estereotipia y que hagan siempre lo mismo".
Torner reconoce: “Desde luego, están más a gusto
en vida salvaje, pero aquí tienen mayor esperanza de vida, no
son presa de nadie si se debilitan y el océano morirían
devorados si enferman”. Por otro lado, en cautividad, si enferman,
reciben tratamiento médico personalizado.
"
Los cuidados que reciben compensan supuestamente la vida en cautividad",
senaló el biólogo.
Salvando las distancias entre la especie humana y la cetácea,
y siempre según un punto de vista antropocéntrico, se puede
afirmar que, al verlas, al menos, desde fuera del acuario, al otro lado
del cristal, parecen felices.
Fuente: Diario de Madryn (Argentina)
Febrero 22, 2005
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