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Todo lo que se puede ver en las reservas naturales
urbanas
En la Ciudad de Buenos Aires y sus alrededores hay
reservas naturales que invitan al descanso. Son también una buena
opción para aprender cómo viven muchos animales y para conocer
la flora original de varias regiones del país.
Observar cómo un hornero construye su nido,
espiar a las orugas cuando se transforman en mariposas o descubrir a un
lagarto tomando sol al costado del camino.
No hace falta alejarse de la Ciudad de Buenos Aires para
estar en contacto con la naturaleza. En medio del tránsito, las
Reservas Naturales Urbanas (RNU) son una buena opción para descansar,
aprender y alejarse, aunque sea por un rato, del estrés de la Capital.
Las RNU son espacios verdes que guardan una muestra de
la flora y la fauna original de cada región. En la Argentina existen
alrededor de 40 reservas que están dentro o cerca de las ciudades,
rodeadas de casas y tránsito.
En la provincia de Buenos Aires y cerca de la ciudad
hay 10. Y en plena Capital está la Reserva Ecológica de Costanera
Sur. Allí se puede hacer ciclismo, correr, respirar aire puro, mirar
el río, tomar sol y aprender.
"La principal función de estas reservas
es darle al habitante de la Ciudad un espacio verde accesible donde
pueda alejarse del ruido y el estrés", explicó Eduardo
Haene, de Aves Argentinas. Además son una buena opción para
visitar en verano, pero hay que llevar repelente para los mosquitos y protección
solar.
Una de las más visitadas
La Reserva Ecológica de Costanera Sur, en plena ciudad, es una
de las más visitadas del país, después del Parque
Iguazú. Dicen que por año medio millón de personas
camina por sus 350 hectáreas atravesando lagunas, pastizales pampeanos
y bosques ribereños.
La reserva tiene diferentes recorridos que dependen del tiempo del visitante:
de dos horas o para pasar el día. Hay una oficina de informes donde
se puede consultar sobre las visitas. El lugar tiene agua potable y una
zona de recreo con mesas y sillas para los que quieran pasar el día.
La entrada es gratuita.
Sin necesidad de binoculares se ve todo tipo de especies. El único
secreto: estar muy atento. Al mediodía, el lagarto overo (una especie
de lagartija de la Mesopotamia) sale a tomar sol al costado del camino.
Los bosques de la reserva son de sauces criollos, alisos de río
y ceibos. Ahí también hay algunas aves como el benteveo,
el picaflor, entre otros.
Al llegar al pastizal hay unas flores violetas de hojas alargadas: las
cortaderas. Ahí también podemos distinguir al chingolo y
hasta encontrar un hornero en plena construcción de su nido.
Una vez que se llega a la laguna, el paisaje es más abierto. De
a poco aparecerán la garza blanca, la garcita blanca y la azul.
También hay macá común (muy parecido al pato), tortugas
acuáticas, pato picazo y gallaretas.
Muy cerca de la Ciudad está el Refugio Natural Ribera Norte, en
San Isidro, y la reserva Vicente López. En un día pueden
visitarse las dos porque los recorridos son más cortos. La entrada
es gratuita, tienen visitas guiadas y seguridad. En las dos reservas hay
lugares para descansar o sentarse a tomar mate.
En Ribera Norte hay que tomar un sendero que pasa por diferentes ambientes.
En el sector más alto hay sauces criollos y a simple vista se distingue
entre los árboles al picaflor, al chinchero chico y al federal.
En los bordes de la laguna hay burrito común, gallinetas y chiricotes.
Por el bosque vuelan el zorzal colorado, el Juan chiviro y el picazuru
(una de las palomas más grandes de Buenos Aires). En la zona de
la costa hay juncos, duraznillos y sauces. Entre las aves se pueden ver
al macá grande y biguá.
También hay ranas trepadoras pero hay que buscarlas en los huecos
de los árboles.
La Reserva de Vicente López fue creada hace dos años y
tiene unas 6 hectáreas. En el centro hay una laguna y un bosque
chico de sauces. El recorrido se hace por unos senderos de madera, como
unas pasarelas.
A simple vista se pueden ver ejemplares de garza mora, martín
pescador, jilguero dorado, pecho colorado, lechuzas, murciélagos
y ratones.
En las 3.000 hectáreas que tiene la reserva Otamendi hay un bosque
de tala que atrae mariposas, tacuaritas azules, celestinos y palomas torcazas.
Después de una larga caminata se llega al mirador. Allí hay
bancos para descansar un rato y después retomar el camino.
En la Laguna están los cisnes de cuello negro y las nutrias, entre
otras especies. Hay ranas y en las horas de más calor es posible
ver a la culebra verde desplazarse sobre los pastizales.
"Lo más impresionante de las reservas urbanas es el contraste
que tienen con la Ciudad. Son verdaderos oasis de tranquilidad en medio
de la locura", resalta Eduardo Haene.
Por Constanza Durán
Fuente: Clarín
Febrero 15, 2003
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