|
Patagonia sustentable
La Argentina fue dotada de recursos naturales muy
valiosos que estamos matando por falta de planificación. Un tercio
de la superficie de nuestro país está directamente afectado
por la desertificación, con una continua disminución de la
productividad biológica de las tierras y de su capacidad para sostener
una producción agropecuaria y, entre otras cosas, alimentar a una
Argentina donde la gente se muere de hambre.
La desertificación de nuestra Patagonia es una muestra clara de
la ausencia de políticas sustentables. Una vez más la actividad
no racional del hombre muestra el daño que se puede ocasionar cuando
se actúa sin pensar. La Patagonia presenta síntomas de desertificación
en el 90 por ciento de la superficie y más del 50 por ciento tiene
un nivel de degradación que puede considerarse grave. Esto no sólo
ha traído un fuerte deterioro económico a la región,
con la consiguiente emigración de quienes habitaban esos suelos,
sino que también ha contribuido a la disminución del precio
de la tierra y ha hecho un aporte importante al calentamiento global.
La oveja y el guanaco
La oveja no fue una bendición para la Patagonia.
Todo en ella se conjuga para erosionar: es muy poco eficiente porque consume
selectivamente algunas pocas especies vegetales, sus incisivos actúan
como pinzas arrancando las plantas de raíz, come sólo las
partes más tiernas de las plantas y desecha el resto, y pastorea
en el mismo lugar, lo que impide la recuperación de la vegetación.
Sus pezuñas destruyen el frágil suelo, compactándolo,
y transformando el piso vegetal, que pasa de gramíneas y herbáceas
al matorral. Si consideramos que una oveja produce hasta cinco kilos de
lana por año y ésta vale unos dos dólares por kilo,
tenemos una facturación por animal de sólo 10 dólares
anuales. Que sea un animal exótico que no se ha adaptado al medio,
ni el medio al animal, es una cuestión menor frente a lo antes descripto.
El guanaco, en cambio, permite revertir el proceso de desertificación,
la decadencia económica y la migración de la población
rural hacia áreas urbanas. Por ser un animal muy eficiente que adecua
su alimentación a la disponibilidad de forraje, es un claro ejemplo
de adaptación al medio. Consume todas las partes de gran variedad
de especies vegetales, haciendo un uso más racional e integral del
recurso. Sus incisivos tienen bordes en bisel, que cortan el vegetal sin
arrancarlo. Además, alterna las áreas de pastoreo, lo que
permite la recuperación de los pastos, y tiene almohadillas elásticas,
que no causan erosión. Y la facturación por animal alcanza
los 100 dólares, ya que el kilo de pelo vale entre unos 130 y 150
dólares y cada guanaco puede producir unos 700 gramos por año.
Marco jurídico
Ante la obviedad de lo planteado, la ausencia de
políticas públicas para desarrollar recursos menos degradantes
pasa a ser un tema ético y el hecho de seguir asignando recursos
que contribuyen a la degradación es, ante todo, un planteamiento
moral.
A pesar de que la pérdida y la utilización irracional de
los recursos naturales representan un peligro grave, poco se hace para
evitar que la desertificación continúe avanzando, para mejorar
la calidad de vida de los pobladores patagónicos y para fortalecer
la economía regional.
Un grupo de especialistas en conservación y manejo de vida silvestre
seleccionó al guanaco y la vicuña entre las cinco especies
de mayor potencial económico para contribuir al desarrollo de las
comunidades rurales. Por ignorancia, hemos casi extinguido un maravilloso
recurso natural como el guanaco, del que hoy quedan unos 500.000 ejemplares
y sin embargo aún hay provincias patagónicas que otorgan
cupos de caza.
Es indispensable revertir el proceso de desertificación incorporando
una actividad rentable a nuestra economía. Se debe adaptar el marco
jurídico que hace a la protección del guanaco, tomando medidas
para desarrollar la industrialización primaria de su fibra, para
así asegurar que el productor reciba el máximo precio internacional
que la calidad obtenida amerita. Un desarrollo ordenado y sostenido del
guanaco u otro camélido debe constituir una política de Estado.
por: Federico José Caeiro (h.) es autor
de ¿tica? ambiental . Fue director general de la Comisión
de Ecología de la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires y de
la Reserva Ecológica Costanera Sur.
Fuente: La Nación
Febrero 21, 2003
|