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Nefasta guerra para el ecosistema
Las consecuencias de esta guerra anunciada serán nefastas desde
todos los puntos de vista, aunque EE.UU llevaría, sobre el papel,
las de ganar, por llamarlo de algún modo. Uno de esos puntos de
vista es el medio ambiente. La organización BirdLife International
ha enviado al Consejo de Seguridad de la ONU y al gobierno de Bagdad un
informe sobre las principales amenazas para el ecosistema en caso de un
enfrentamiento armado. El estudio asegura que el impacto en la naturaleza,
como es de cajón, afectaría necesariamente a la población
civil y persistiría por un largo periodo. En una guerra, si no se
respeta algo tan fundamental como la vida de los civiles, mucho menos se
respeta el ecosistema. BirdLife insta a los potenciales rivales a no atacar
ni dañar deliberadamente la vida salvaje y el hábitat. En
similares términos se había expresado a mediados de enero
pasado la prestigiosda ONG británica Asociación Internacional
de Médicos para la Prevención de la ! Guerra Nuclear (IPPNW),
premio Nobel de la Paz 1985. IPPNW aseguraba que el conflicto puede provocar,
además de millones de muertos y refugiados, la bancarrota definitiva
para el ecosistema de la región.
Las cuestiones de medio ambiente son vitales para el pueblo iraquí
en estos momentos. Las deficiencias medioambientales pueden matar tanto
como la guerra misma, el hambre y la desesperación. De hecho, en
los bombardeos de la Guerra del Golfo de 1991, se destruyó el sistema
de agua y alcantarillado, cosa gravísima en un país con muy
serios problemas de agua potable. Ésa ha sido la causa principal
de que Irak sea el país que ha experimentado el mayor crecimiento
de mortalidad infantil em la última década. Desde entonces,
la mitad de las plantas de tratamiento de aguas no funcionan y el 25 por
ciento de las que están activas no cumplen los requisitos. La principal
fuente de agua del país, el río Tigris, recibe medio millón
de toneladas de resíduos y aguas residuales cada día, según
un informe de Oxfam y Caritas. Más lo que le vendrá ahora
encima.
A ello hay que añadir los efectos
devastadores de productos usados por la aviación militar norteamericana,
como ese peligroso herbicida, conocido como `agente naranja´, que
provocó que la quinta parte de los bosques y más de un tercio
de los manglares del Vietnam (1962-1971) fueran destruídos químicamente.
Las barbaridades contra el medio ambiente las han sufrido los propios norteamericanos.
En la actualidad, unos 200.000 soldados que combatieron a las órdenes
de Bush padre en la Guerra del Golfo padecen el `síndrome del Golfo´,
enfermedad incierta a la que muchos expertos relacionan con pesticidas
utilizados en aquella ocasión contra la temible `mosca de la arena´
y el uranio empobrecido.
por Ricardo Cantalapiedra
Fuente: La Corriente Alterna
Febrero 21, 2003
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