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Finlandia abre la veda nuclear
Una espesa capa de nieve lo cubre todo,
incluso el mar, que se confunde con la tierra. Sólo un pequeño puente da fe de que se trata de una
isla, la que alberga la todavía embrionaria Olkiluoto3, la primera central
nuclear concebida en Europa tras la explosión de Chernóbil en
1986. El miedo a los efectos catastróficos del cambio climático
y la ansiada independencia de países como Rusia, poco fiables en su
papel de suministradores energéticos han abierto de par en par la puerta
a la opción nuclear, sepultada durante años.
Un mar de grúas da forma al caparazón del reactor de última
generación y a un cementerio nuclear permanente a medio kilómetro
de profundidad, único en el mundo, que guardará los residuos
altamente radiactivos de toda Finlandia. Políticos y ciudadanos
lo han acogido con los brazos abiertos. Paradójicamente ha sido
la potente preocupación ambiental de los finlandeses, que ven
en el uranio la única fuente de energía libre de emisiones
de CO2, la que ha permitido que los deseos de la industria, que será copropietaria
de la central, se hagan realidad. Tienen también los finlandeses
fe ciega en los adelantos tecnológicos del reactor, según
sus creadores, mucho más seguro y preparado incluso para resistir
impactos de aviones como los del 11-S.
"El 90% de los finlandeses reconoce que el cambio climático
es una realidad y nos piden respuestas a los políticos. Las metas
que fija la Unión Europea de reducción de CO2, junto a
la opinión de los ciudadanos y el clima político reinante,
hace que sea el momento propicio para optar por las nucleares. Los grandes
partidos finlandeses apoyaremos en breve la construcción de otra
central más, la sexta", indica el ex ministro de Asuntos
Europeos Jari Vilén. Este diputado del opositor partido conservador
acaba de volver de Rusia, y tras entrevistarse con políticos del
Kremlin dice estar sorprendido por su actitud. "Tienen claro que
Europa depende de su energía y no van a acceder a abrir su mercado
con las condiciones que quieren los europeos, no habrá una carta
de energía con Rusia en varios años", asegura.
Olkiluoto3 es sólo el pistoletazo de salida en una Europa, consciente
de su creciente voracidad energética y deseosa de reducir la dependencia
del Kremlin -el 40% de las importaciones de gas y el 25% de las de petróleo
de la UE proceden de Rusia-, y con el cambio climático como telón
de fondo. Después de Finlandia, vendrá Francia con otra
central en construcción. Lituania, Holanda, Polonia, Suecia, República
Checa, Reino Unido, Eslovaquia, Rumania y Bulgaria ya han reabierto el
debate nuclear, lo que en breve les conducirá a levantar nuevas
centrales o a prolongar la vida de las existentes.
Oficialmente, Bruselas no impulsa la resurrección nuclear y deja
la decisión en manos de los Estados miembros. Pero es un secreto
a voces que el Ejecutivo comunitario cree que la competitividad de la
UE depende en gran medida de un cóctel de fuentes de energía
que incluye la nuclear. "Teniendo en cuenta que el tiempo que se
necesita para construir una central ronda los 10 años, hace falta
tomar decisiones ahora si se pretende construir nuevas centrales, si
se quiere mantener la actual capacidad de producción", dejó hace
poco escrito Bruselas en uno de los documentos de la estrategia energética
comunitaria. Fuera de la UE, Japón, Corea del Sur, China, India,
Rusia y EE UU también tienen planes nucleares a la vista.
Mientras, la construcción de Olkiluoto3 y del primer cementerio
nuclear permanente sigue su curso a pesar del gélido invierno
que tiñe de blanco Finlandia. Ingenieros y obreros de 30 países
tratan de ganar tiempo, después de que el proyecto haya sufrido
un retraso de cerca de dos años, que impedirá que la central
eche a andar antes de 2011 y que ha provocado pérdidas multimillonarias
a la empresa contratista, la franco-alemana Areva. El incumplimiento
de los plazos, causado por numerosos problemas técnicos y la falta
de personal cualificado, llena estos días los titulares de la
prensa finlandesa.
Philippe Knoche es el director del proyecto de Olkiluoto3 y ha acudido
a la conferencia de prensa que cada mes se celebra en la central. Le
toca explicar por qué el proyecto no marcha todo lo bien que debiera.
Más tarde, en conversación con este diario, reconoce que
los plazos que se fijaron inicialmente eran "demasiado ambiciosos" y
explica las características del proyecto: un reactor de agua ligera
a presión tipo EPR con una potencia eléctrica de 1.600
megavatios, "una evolución, no una revolución" comparado
con modelos como Vandellós II o Trillo en España. Sin embargo,
las mejoras no son comparables con las que tendrán los reactores
de Generación IV, todavía en fase de I+D.
La novedad en Olkiluoto3 consiste en que han multiplicado los sistemas
de seguridad, de forma "redundante y autónoma". Es decir,
que si en caso de accidente falla uno, se pondría en marcha el
siguiente y así sucesivamente. Otra de las innovaciones del diseño
es que han recubierto las estructuras con hormigón pesado, capaz
de soportar la colisión de un avión de pasajeros o militar.
La seguridad reforzada del diseño podría verse minada,
sin embargo, por la propia ejecución del proyecto, como denuncian
no sólo los ecologistas, sino también Stuck, el organismo
del Gobierno finlandés encargado de velar por la seguridad de
la central, que ha detectado importantes deficiencias, aunque piensan
que van camino de resolverse. "No han cumplido nuestros requerimientos
y van a tener que rehacer algunas piezas, pero es sólo cuestión
de tiempo", indica Petteri Tiippana, responsable de la supervisión
del proyecto en Stuck. Pero sí le preocupa la interminable cadena
de subcontrataciones y la deslocalización excesiva de la fabricación
y ensamblaje de los componentes. Francia, Japón, Alemania, Polonia
o India son algunos de los 27 países en que se fabrican las piezas. "Cuanto
más corta sea la cadena de subcontratación y menos subcontratistas
haya, mejor será para la seguridad", reconoce Tiippana, en
la sala de emergencias, forrada de mapas y botones, y desde la que se
controlará la respuesta de policías, bomberos y técnicos
en caso de accidente nuclear.
Los habitantes de Rauma, la población que acaba a un kilómetro
largo de Olkiluoto, no temen un accidente ni piensan en los peligros
de la subcontratación. Lejos de haberse encadenado a las puertas
de la central, piensan que será beneficiosa para el medio ambiente. "Ya
hay dos centrales funcionando en la isla. No me preocupa que haya una
tercera. El planeta se está calentando y alguien tiene que hacer
algo", se resigna a sus 43 años Sirpa, una camarera. Como
ella, Juli Areila, maestra, asume con naturalidad la vida junto a la
central. "Todos los cursos del colegio van de excursión a
Olkiluoto. A mi hijo le toca la semana que viene. Los adultos también
vamos. Es gratis y además nos dan café", cuenta esta
mujer de 40 años, que se ganó sus primeros sueldos limpiando
los cristales de Olkiluoto1 y 2, que funcionan desde principios de los
años ochenta.
Tomy Suvanto, teniente alcalde de Rauma, explica que eligieron su ciudad,
de 37.000 habitantes, porque las papeleras de la zona consumen mucha
energía y porque "como ha habido dos centrales en los últimos
30 años, estamos muy acostumbrados a vivir con ellas". Tanto
que, según cuenta, las cabañas de verano instaladas junto
al mar, al pie de la central, se venden en el mercado al mismo precio
que las que distan decenas de kilómetros. Además, no oculta
su satisfacción por la fuente de ingresos que suponen los trabajadores
extranjeros que han desembarcado en masa. Hasta han montado su propia
escuela francesa.
Como los habitantes de Rauma, la mayoría de los finlandeses confía
en la seguridad de las centrales. Según el Eurobarómetro
de 2005, el 58% de ellos dijo estar a favor de la energía nuclear,
una cifra muy elevada comparada con el apoyo del 16% de los españoles
ese mismo año. Desde que en 2002 el Parlamento de Finlandia diera
el visto bueno al reactor ahora en construcción, la población
lo ha asumido como un proyecto nacional. Los empresarios, impulsores
y copropietarios a través del consorcio TVO del proyecto, han
visto cumplido su sueño después de años de intenso
lobby. "En este país hace mucho frío y se gasta mucha
calefacción. La industria papelera [uno de los motores de la economía
finlandesa] tiene muchas necesidades energéticas. Además,
los empresarios no pueden permitirse pagar la electricidad a un precio
cada vez más alto", sostiene Jouni Punnonen, experto en energía
de la patronal.
A pesar de que Finlandia es el cuarto país con la electricidad
más barata de la UE, Punnonen se queja de que los empresarios
de su país no podrán competir con los chinos o con los
de EE UU si tienen que estar sujetos al comercio de emisiones de CO2,
con el que Bruselas pretende dar cumplimiento a los objetivos del Protocolo
de Kioto. En virtud de este mecanismo, los Gobiernos europeos otorgan
a la industria créditos para emitir una cierta cantidad de gases
contaminantes, y si se exceden tienen que pagar la diferencia. La energía
nuclear, que no produce dióxido de carbono, no está sujeta
al comercio de emisiones.
En realidad, a la industria le sale casi lo comido por lo servido, porque
el Gobierno finlandés, como muchos otros europeos, ha otorgado
casi tantos derechos de emisión como precisan los empresarios.
Aun así, Punnonen sostiene que el comercio de emisiones ha encarecido
la electricidad de la que se nutren entre otras las papeleras, y que
si los industriales, como está previsto, chupan la corriente directamente
desde la central, se evitarán el filtro ambiental y pagarán
menos por la energía. Este experto dice que lo que es bueno para
los empresarios es bueno para el Estado.
Pero los ecologistas sostienen que también al Estado finlandés
le va a salir cara la central, y en concreto el retraso que acumula el
proyecto. "Al Gobierno le va a costar unos 300 millones de euros
en créditos de emisión que no tenían previstos para
los dos años de demora y en los que habrá que ir a buscar
la energía a otra parte", explica el encargado de los temas
de energía de Greenpeace en Finlandia, Lauri Myllyvirta. La organización,
que intentó sin éxito parar el proyecto, lamenta ahora
que "los titulares catastrofistas de la prensa" sobre las consecuencias
del cambio climático hayan abonado el terreno para los defensores
de la opción nuclear. "A los políticos les resulta
mucho más fácil convencer a la gente de que un reactor
es seguro que de intentar que la gente use menos el coche o cambie su
modelo de vida".
Fuente: El País-ca
Febrero 6, 2007
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