El negocio de exportar aire puro

Las empresas sondean el mercado de reducción de gases invernadero.

Por Alejandra R. Ballester

• Para las empresas argentinas los negocios del Protocolo de Kioto resultan más jugosos a partir de la devaluación.
• Se trata de la venta de bonos de aire puro a los países desarrollados que deben bajar sus emisiones de gases contaminantes.
• Esto permite financiar inversiones a través de mecanismos de desarrollo limpio.


Bancos de la talla de UBS y Deutsche Bank, empresas internacionales como Vivendi, Shell o British Petroleum están moviéndose a pasos acelerados detrás de un nuevo negocio.

En la Argentina, petroleras y grandes cementeras locales también están comenzando a husmear las posibilidades de un filón cuyo volumen se estima entre los 60.000 y 120.000 millones de dólares. No son acciones ni tienen una expresión monetaria, pero cotizarán en bolsa.

Se trata del comercio de cuotas de aire puro que autoriza el Protocolo de Kioto.

El compromiso global, que puede ser confirmado en la próxima Cumbre del Clima de Johannesburgo en septiembre, establece que los países desarrollados deberán reducir sus emisiones de gases invernadero a niveles 5% inferiores a los de 1990.

Aquellos que no puedan cumplir con su compromiso dentro de sus fronteras podrán comprar certificados de reducción de emisiones a otros que se hayan excedido o bien financiar proyectos de reducción o de mitigación de emisiones en países en vías de desarrollo.

Para las empresas argentinas se abre la posibilidad de asociarse con bancos o empresas de países desarrollados que financien inversiones en procesos tecnológicos de control de emisiones. Logran así una ganancia adicional e incorporan tecnología que mejora su producción.

"Con el valor actual del dólar hay sectores que pueden lograr una contribución marginal a su negocio prácticamente sin costo", afirma Marcelo Iezzi, director de Pricewaterhouse Coopers.

Una importante cementera, petroleras y grandes generadoras de energía, se están interesando en entrar en una carrera en la que recién han presentado proyectos empresas medianas, como la forestal Ciefap, la energética Capex o el mismo Ceamse.

El ejemplo de la francesa Vivendi, que explota un relleno sanitario en Caracas es ilustrativo: captura el gas metano de la descomposición de residuos y lo aprovecha para generar energía. A su vez, el metano que no va a la atmósfera lo puede comercializar como certificados de emisión.

Esto representa 1 millón de toneladas de CO2 por año, a 5 dólares la tonelada -el precio más bajo- Vivendi ganará 100 millones de dólares en los 20 años de vigencia de Kioto.

Patagonical Argentina espera reducir más de 300.000 toneladas de CO2 con una planta de reciclado de residuos en provincia de Buenos Aires.

"Necesitamos los certificados de reducción de emisiones como garantía para nuestros inversores", afirma Leandro Otero. "La tasa interna de retorno de un proyecto está entre 2% y 5%", afirma Iezzi.

Kioto representa, en definitiva, una oportunidad para amortizar inversiones que las empresas deben hacer de todas maneras.

Para los ambientalistas, esto implica un peligro de que los esfuerzos de la Cumbre del Clima se diluyan. "Si se abre la puerta a proyectos de baja inversión se devalúan los bonos de emisión y no hay beneficio ambiental adicional", opina Juan Carlos Villalonga, de Greenpeace.

Para el militante ambiental, un proyecto del Ceamse de quemar el metano de los rellenos sanitarios "se queda a mitad de camino".

En cambio, el proyecto de generación de energía a través de turbinas eólicas, con una inversión de 50 millones de dólares por parte de la empresa Gesa resulta una apuesta más jugada a favor del ambiente.

Fuente: El Cronista
Abril 8, 2002