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El estado del mundo
Como todos los años para esta fecha, el Instituto Worldwatch acaba
de publicar una nueva edición (la vigésimo tercera) de
su Estado del Mundo , un detallado informe que analiza los urgentes desafíos
ambientales y sociales que debe enfrentar la humanidad si pretende construir
un mundo sostenible.
El trabajo despliega un escenario de claroscuros en el que se destacan
indicadores económicos en alza contra el telón del deterioro
ecológico.
Los datos son abrumadores. En 2005 se produjo más acero y aluminio
que nunca, la cosecha de granos no tuvo precedente, el número
de usuarios de Internet llegó a los mil millones y las ventas
de teléfonos celulares, a los 816 millones de unidades.
Pero al mismo tiempo la concentración de dióxido de carbono
en la atmósfera mostró el mayor aumento registrado hasta
la fecha (un 0,6 por ciento) y la temperatura media de la superficie
terrestre fue la más alta desde que se llevan registros meteorológicos,
en 1880.
Si a esto se agregan otros números del balance ambiental, es
tentador coincidir con los autores en que el futuro que tenemos por delante
no es precisamente sencillo. Ellos mencionan, por ejemplo, que en los últimos
25 años se perdió un 20% de los arrecifes de coral; entre
2000 y 2005 se eliminó alrededor del 1% del área forestada
(36 millones de hectáreas, dentro de las cuales las mayores pérdidas
fueron en Africa y América latina, con un 3,2% y un 2,5%, respectivamente),
que desde 1997 descendieron un 13% las capturas de peces silvestres (por
reducción de los cardúmenes), que el consumo de petróleo
creció el 1,3%, que en 2005 cinco millones de personas contrajeron
el VIH, que mil millones de personas vivían en villas miseria
y carecían de acceso al agua potable, y que más de dos
mil millones carecían de servicios sanitarios.
Para el presidente de Worldwatch, Christopher Flavin, los resonantes éxitos
económicos de China y la India introducen nuevos ingredientes
en una situación ya complicada y permiten anticipar un nivel de
consumo "nunca visto". Las consecuencias, por supuesto, también
serán inauditas: el trabajo sugiere que si ambos países
llegaran a usar tanto petróleo por persona como el que consume
ahora Japón, su demanda excedería la actual demanda global.
Y si su requerimiento de recursos de la biosfera igualara el de los europeos,
se necesitaría un planeta entero para abastecerlos. (Hoy, Estados
Unidos no sólo usa de 10 a 20 veces más petróleo
per cápita que China o la India, sino el doble de muchos países
europeos que son igualmente ricos).
En su estudio sobre los dos gigantes asiáticos, Flavin y Gary
Gardner destacan que su crecimiento es resultado de mantener durante
décadas la inversión en recursos humanos: en sus universidades
se gradúan anualmente medio millón de científicos
e ingenieros, comparados con 60.000 en los Estados Unidos.
Para ambos investigadores, se impone un nuevo orden en los asuntos mundiales. "La
humanidad está en curso de colisión con los ecosistemas
y recursos del planeta -escriben-. En las décadas venideras, o
encontramos formas de abastecer las necesidades humanas basándonos
en nuevas tecnologías, políticas y valores culturales,
o la economía global empezará a derrumbarse."
La advertencia parece insoslayable. Por lo menos, si no queremos que
la palabra "futuro" deje de tener sentido...
Por Nora Bär
Fuente: La Nacion
Enero 24, 2007
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