|
El año 2006 fue desastroso para la ecología
dominicana
Agresiones a los recursos naturales se agravaron durante el
año
2006
Por Santiago Estrella Veloz
Diario DigitalRD.Com
SANTO DOMINGO. -La depredación de los bosques, la extracción
indiscriminada de arena en los ríos, la destrucción de
lagunas y humedales para vender la tierra por lotes y la contaminación
ambiental, se citan entre los principales problemas que amenazan seriamente
las fuentes de agua y la salud de los ciudadanos.
Los esfuerzos y la permisividad, en algunos casos, de las autoridades
ambientales, resultan mínimos en comparación a los daños causados,
lo que revela despreocupación oficial y la poca conciencia empresarial
privada, cuyos representantes destruyen o contaminan fuentes de agua sin recibir
la sanción correspondiente.
Ese es el caso, por ejemplo, del cierre de una cañada en el sector
capitalino de Arroyo Hondo, para un ingeniero ampliar los terrenos de
su propiedad, que están vecinos, y luego venderlos por lotes.
Las lagunas del Este del Cinturón Verde de Santo Domingo están
amenazadas por las incursiones humanas, pero nadie investiga. La extracción
de arena sin permiso en los ríos del país prosigue, en
algunos casos afectando su lecho. Nadie ha sido sancionado hasta ahora,
como tampoco se ha resuelto el problema de la contaminación derivado
de granjas de cerdos contiguos al aeropuerto Cibao. Se han dado varios
plazos a los dueños para que las trasladen, pero todo sigue igual,
a pesar de que su hedor afecta a decenas de miles de pasajeros que llegan
o salen de la República Dominicana.
Sucede lo mismo con muchas industrias, tanto en Santo Domingo como en
otras ciudades, que contaminan los ríos con sus desechos químicos,
sin que aparezca un fiscal ambiental con la vergüenza suficiente
para aplicar la Ley o un juez que sancione drásticamente esa
agresión a las fuentes de agua.
Es esa misma contaminación es la que acabó con la pesca
en los ríos Ozama, Isabela, Haina, Higuamo, Moca, Yaque del Sur
y Yaque del Norte en el Cibao, y muchos otros cuyo caudal disminuye cada
día, como el Camú, donde cerca de La Vega era antes un
río navegable. En ellos abundaban los camarones, cangrejos y jaibas,
las lisas, los pargos, el bonito y otras especies, que servían
de sustento y alimento a muchas familias pobres.
El municipio de Haina, vecino de la capital de la República, continúa
con el triste honor de ser “uno de los lugares más contaminados
del mundo”, debido a la irresponsabilidad de los empresarios que
regentean el parque industrial de allí. En Haina, son muchos los
niños que han muerto por la contaminación por plomo, aparte
de que muchos de sus habitantes padecen de enfermedades de la piel. Ninguna
autoridad se ha preocupado por enfrentar ese grave problema. "Unas
35.000 personas están potencialmente afectadas por la contaminación
en la zona", dice un informe del Instituto Blacksmith, una organización
conservacionista no gubernamental basada en Nueva York.Haina está "severamente
contaminada con plomo de una planta de reciclaje de baterías de
automóvil ya clausurada". Según el documento "varios
estudios han encontrado niveles alarmantes de plomo en análisis
de sangre y tierra en la comunidad de Haina". "Aunque la compañía
se ha cambiado a una nueva ubicación --contaminando a una nueva
comunidad-- todavía queda la contaminación en Haina",
donde están potencialmente afectadas unas 85.000 personas, explica
el informe.
En el 2006, no se cumplió la promesa oficial de retirar de Samaná y
Manzanillo el denominado “rockash”, ceniza volátil
contaminante originada en plantas eléctricas y traída desde
Puerto Rico durante la administración del presidente Hipólito
Mejía.. Un juez en Montecristi dictó un auto de “no
ha lugar” contra los acusados de autorizar el depósito del “rockash” en
territorio dominicano. El juez se pronunció sobre la toxicidad
o no del material, sin que ese fuera el motivo de la acusación.
El Ministerio Público fundamentó su caso en el hecho de
que el rockash se depositó en el país violentando los procedimientos
administrativos y la legislación ambiental vigente, así como
acuerdos internacionales diversos –tal como el Tratado de Basilea,
que obliga a la notificación del traslado de este tipo de material
al país receptor y que impide la colocación de este tipo
de desechos en zonas costero-marinas-. El magistrado no se pronunció en
torno a esta acusación, con lo cual “denegó justicia”,
según Medio Ambiente”. Esa Secretaría de Estado emitió una
resolución el 25 de noviembre de 2004 (la número 11/2004),
mediante la cual sanciona administrativamente a las empresas Multigestiones
Valenza, Trans Dominicana de Desarrollo y al doctor René Ledesma,
por ser solidariamente responsable de la introducción irregular
al país del material denominado Rock Ash. Entre las sanciones,
la resolución establece que los responsables deben recoger y trasladar
de forma inmediata el residuo a un lugar adecuado y bajo condiciones
ambientalmente seguras, a fin de evitar o minimizar los posibles impactos
negativos de dicho material al medio ambiente, los recursos naturales
y a la salud humana. La devolución del material a su lugar de
origen tiene un costo superior a los veinte millones de dólares,
lo cual significa una nueva carga para los contribuyentes dominicanos
de más de 680 millones de pesos.
En otro orden, los pocos árboles que le quedan a la frontera con
Haití, principalmente por la provincia Independencia, hace pensar
que no falta mucho para ver convertido en desierto esa parte del país.
La margen sur del lago Enriquillo es el centro de quema de guayacán,
baitoa, cacheo y bayahonda para extraer carbón con el propósito
de llevarlo a Haití, lo que se hace de noche, tanto por caminos
clandestinos como por el mar en pequeñas embarcaciones.
La República Dominicana tiene actualmente una demanda anual de
unos 760 mil metros cúbicos de madera, lo que junto a otros productos
forestales representa gastos en divisas del orden de más de US$300
millones. Sin embargo, en los últimos 40 años la política
forestal del país se ha caracterizado por la falta de planes y
la inconsistencia, lo que ha dificultado instaurar un clima de inversión
que asegure el desarrollo de una industria sostenible. El concepto está contenido
en un documento de la Asociación Nacional de Profesionales Forestales
(ANPROFOR), de reciente creación, en el cual se hace un diagnóstico
sobre ese sector.
El país requiere plantar 40 millones de árboles anualmente,
durante un período de 20 años, para poder aumentar la cobertura
boscosa y reforestar las áreas devastadas en diferentes regiones.
Según el presidente de la Cámara Forestal Dominicana, ingeniero
Bernabé Mañón Rossi, quien manifestó que
si esa siembra se planifica bien, podría generar 450 mil empleos
directos.
“
La actividad forestal, si se dirige bien, con un marco legal, puede llegar
a ser una columna de apoyo a la economía nacional”, expresó.
El país cuenta con 77 millones de tareas y si se desarrolla sólo
el 10 por ciento, daría una producción de 34,379 millones
de pies tablar, lo que generaría US$1,116 millones anualmente
En la segunda semana de octubre 2005, el Senado aprobó en segunda
lectura un proyecto de Ley de Fomento a la Reforestación Comercial,
para lo cual dispone la exoneración de todos los tributos sobre
la propiedad inmobiliaria rural existente o por crear, así como
la eliminación del Impuesto Sobre la Renta a las ganancias netas
generadas por esta actividad. Según la pieza legislativa, original
del senador Juan Morales (PRD-Hato Mayor), crea un régimen especial
de fomento, promoción, estabilidad y seguridad jurídica
para las inversiones que se realicen en proyectos de reforestación
comercial. El congresista dijo que estos proyectos generarían
riquezas en la zona rural y contribuirían al desarrollo económico,
social y ambiental.
Ha transcurrido más de un año de eso y ni siquiera el propio
senador ha dicho cuál fue su destino, del cual pende una espada
de Damocles con motivo de la nueva reforma fiscal que creó más
impuestos.
Los reclamos de la opinión pública, firme y decidida,
hizo posible que fracasara un cuestionado proyecto para crear una “isla
artificial” frente al malecón de Santo Domingo, auspiciado
por inversionistas extranjeros asociados a empresarios dominicanos que
pretendía así obstaculizar al panorama del mar hacia el
sur, frente a la capital dominicana.
Los ayuntamientos del país tampoco han cumplido su rol de proteger
el medio ambiente. Sólo 52 de los 149 municipios que tiene el
país cuentan con unidades de gestión ambiental para tratar
adecuadamente los males ambientales que padecen. Los 97 cabildos restantes
aún no han logrado consolidar esas unidades. El secretario de
Medio Ambiente, Max Puig, entiende que una de las causas es el acelerado
proceso de creación de municipios que ha sufrido el país
en los últimos años.
Sin embargo, no todo fue negativo en 2006 en cuanto respecta a los recursos
naturales.Entró en vigor la aplicación de la segunda
etapa del llamado proyecto Araucaria en la región Suroeste,
luego de que el secretario de Medio Ambiente, Max Puig, y Miguel Ángel
Encinas, coordinador de la Cooperación Española en el
país, firmaran un memorando de entendimiento. El proyecto busca
impulsar el desarrollo sostenido de las provincias que integran la
reserva de la biosfera (Barahona, Pedernales, Independencia y Bahona).No
se trata solo de proteger los recursos naturales, sino también
de impulsar el avance de la gente. El programa contempla actividades
productivas sostenibles como el ecoturismo, el proyecto del rescate
de las Cuencas Altas de Sabana Yegua, que cuenta con el auspicio del
Fondo Mundial para Medio Ambiente. “Demostrando el Manejo Sostenible
de las Tierras de las Cuencas Altas de Sabana Yegua” será ejecutado
por la Fundación Sur Futuro, con un esfuerzo conjunto con el
Programa de las Naciones Unidas para el desarrollo (PNUD) y la Secretaría
de Medio Ambiente. El secretario de Medio Ambiente, Max Puig, la presidenta
de la Fundación Sur Futuro, Melba Segura de Grullón,
y el representante en el país del PNUD, Nicky Fabiancic, firmaron
el convenio para impulsar el proyecto.
La iniciativa está encaminada al mejoramiento de las condiciones
de vida de los habitantes de la cuenca a través de programas de
salud, vivienda, educación, agua potable y energía alternativa.
Contempla la promoción de una política para el uso apropiado
de las tierras, lanzamiento de un programa masivo de educación
ambiental y la constitución de un fondo de de garantía
para incentivar el crédito en los productores del área.
Es cierto que las agresiones a los recursos naturales y al medio ambiente
datan de siglos, pero a veces uno piensa que las medidas oficiales
para enfrentarlas son apenas un granito de arena en el inmenso desierto.
Fuente: DiarioDigital RD
Enero 4, 2007
|