Los nuevos combustibles no desempeñarán un papel crucial en los próximos años

El creciente interés de los gobiernos del mundo, en especial el de Estados Unidos, en los combustibles alternativos, ha hecho poco para acallar a los críticos que aseguran que los combustibles nuevos como el etanol y el biodiesel no tendrán en los próximos años un papel crucial en el suministro energético.

Estos críticos ven dos grandes problemas. Primero, sin grandes subsidios, la rentabilidad de los combustibles alternativos aún está en entredicho.

Esto es aún más cierto ahora que el costo de las materias primas de los biocombustibles, como el maíz, se ha disparado, reduciendo los márgenes de ganancias para los fabricantes de esos combustibles.

Además, los precios del petróleo han bajado a cerca de US$ 55 por barril, frente a los US$ 77 de mediados del año pasado.

De mantenerse esta tendencia, podría generar pérdidas para las plantas de biocombustibles, ya que su producto resultará económicamente menos atractivo.

En algunas partes del mundo, particularmente Australia, el mercado para combustibles alternativos ya está cayendo en picada. Los medios locales hablan de una "carnicería" en el sector, luego que compañías que solían ser atractivas cancelaran su salida a bolsa o vieran caer el precio de su acción. En segundo lugar, es cada vez más claro que aumentar la producción de combustibles provenientes de la agricultura, como el etanol, tensionará aún más los recursos de agua y tierra en todo el mundo. Esto podría elevar a niveles demasiado altos el precio de algunos alimentos básicos, golpeando a los consumidores más pobres.

Pese a que el horizonte de los combustibles alternativos se está nublando, algunos analistas ven el lado bueno de estas turbulencias: forzarán a reorientar los recursos hacia combustibles alternativos que sean más eficientes y sustentables que los actuales.

Estos analistas ven una analogía con el estallido de la burbuja tecnológica en 2000. El derrumbe del sector enterró a algunas de las peores ideas y compañías menos eficientes, permitiendo que los inversionistas con más capital consolidaran operaciones y salieran mejor preparados para hacer de Internet una fuerza aún más poderosa en la economía mundial. Ellos creen que en el mercado de combustibles alternativos sucederá algo similar.

"Espero la llegada de un período de precios del petróleo entre US$ 45 a US$ 50. Creo que impondrá una buena disciplina en el mercado de la energía alternativa", afirma Michael Liebreich, presidente ejecutivo de la firma de investigación New Energy Finance, que se especializa en energías nuevas.

La alternativa a la alternativa

Ya hay señales de que el viraje hacia inversiones más sostenibles está en plena marcha. Algunos grandes inversionistas han canalizado su dinero hacia energías con un menor impacto ambiental, como la solar o eólica, o a cultivos que no requieren tanta agua o que no compiten con los cultivos tradicionales.

En India, por ejemplo, algunos agricultores se están cambiando rápidamente al cultivo de jatropha, un aceite vegetal poco conocido que sirve para fabricar combustible. La jatropha no es comestible y se puede cultivar incluso en terrenos áridos, por lo que es vista como una opción favorable al medioambiente.

Los inversionistas también han dirigido sus recursos hacia combustibles "de celulosa", opciones que usan materiales que no se comen, como el pasto o los desechos agrícolas, para fabricar etanol.

Una pocas empresas, como la española Abengoa SA, ya están ensayando proyectos para usar la energía proveniente de estas biomasas.

Sin embargo, las nuevas fuentes de energía alternativa tienen sus problemas.

Probablemente pasarán años antes de que estas opciones sean económicamente viables y es posible que una buena parte de esta ola de inversión genere pérdidas.

Los analistas dicen que parte de esta avalancha de inversiones en la energía alternativa se debe al auge de los fondos de cobertura y otros vehículos de inversión, los que están desesperados por encontrar industrias de alto crecimiento.

Además, los subsidios para la industria son cada vez más comunes. China, Brasil y varios países europeos, entre otros, han adoptado o contemplan nuevos incentivos para los biocombustibles. Liebreich calcula que las inversiones en el sector ascendieron a US$ 70.000 millones el año pasado, más que el doble de 2005.

Una parte de este dinero proviene de compañías establecidas que podrían estar en posición de comprar los activos de empresas en problemas si el mercado continúa con sus dificultades.

Una de estas compañías es Noble Group Ltd. de Hong Kong. Aunque buena parte de sus negocios está en los commodities tradicionales, como mineral de hierro y el carbón, Noble compró participaciones minoritarias en varias plantas de etanol en EE.UU. y ha invertido en etanol brasileño, que se fabrica con caña de azúcar.

"Muchos se expandirán demasiado y tendrán dificultades financieras", dice Ricardo Leiman, director de operaciones de Noble. Pero si estas plantas fracasan, agrega, podrían crear oportunidades para que inversionistas más grandes entren en escena.

Por supuesto, no se sabe que pueda pasar si el precio del crudo sigue cayendo. Si eso sucede, las energías alternativas podrían marchitarse, tal como sucedió después de la caída que siguió al auge petrolero de fines de los años 70.

Por Patrick Barta
Fuente: The Wall Street Journal
Enero 30, 2007