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Ecos del futuro
Parakrama Bahu el Grande, rey de Sri Lanka en el siglo XII, estableció
una norma prioritaria para los ingenieros hidráulicos de su época:
"No permitan que ni siguiera una cantidad mínima del agua obtenida
de la lluvia se vaya al mar sin haber beneficiado al hombre".
En el Tercer Foro Mundial del Agua, cita fijada para el 16 y el 23 de marzo
del año próximo, en Japón, seguramente reinará
un espíritu similar.
Sí, hace ya casi mil años había quienes tenían
muy en claro que las reservas de agua pura son un tesoro escaso que no
puede malgastarse. Pero a pesar del consejo de Prakrama, y del desarrollo
hídrico que hizo posible el florecimiento de las ciudades y la expansión
de la agricultura, en el siglo XXI los ríos se agotan, los niveles
de las napas freáticas descienden y los lagos se consumen.
Es más, como afirma Sandra Postel en el estudio del Instituto
Worldwatch "Un mundo sustentable", en muchas regiones la pregunta
que flota en el aire no es si la crisis va o no a producirse, sino cuándo.
Según informes de las Naciones Unidas, la mitad de la población
mundial accede a servicios de agua inferiores a los disponibles en la época
de los griegos y romanos. Una de cada seis personas carece de acceso al
agua pura; alrededor de uno cada tres no tiene adecuados servicios sanitarios
y... ¡entre 10.000 y 20.000 chicos mueren todavía diariamente
por enfermedades perfectamente prevenibles con una cañería
de agua potable!
¿Qué nos deparará el futuro? Para el profesor Antonio
Brailovsky, "habrá agua limpia para algunos y agua sospechosa
para otros".
En "La ecología y el futuro de la Argentina" (Editorial
Planeta, 1992) él asegura que las postales del país actual
anticipan lo que nos espera a la vera del camino. "El agua necesita
ser clorada por la cantidad de bacterias que trae, producto de usar los
ríos como cloacas y después sacar de allí mismo el
agua para beber -escribe-. El resultado es la formación de clorofenoles,
que van al agua de consumo y son cancerígenos. (...) Las ciudades
ubicadas junto a ríos de menor caudal se encuentran con que esos
ríos ya no pueden diluir la contaminación que reciben, ni
alcanzan a diluir los efluentes cloacales e industriales."
Más crítica aún será la situación
de las poblaciones que dependen del agua subterránea: "Un río
alguna vez puede ser limpiado, pero no hay tecnología imaginable
capaz de limpiar una napa subterránea contaminada", explica.
Es más, por ahora, todo parece indicar que no aparecerá
ninguna tecnología mágica para solucionar los problemas del
agua; está claro que habrá que incrementar la eficiencia
en el uso y el reciclaje.
Si no, llegará el día en que, como afirmaba Malthus en
un ensayo de 1798, nuestros descendientes nacerán "en un mundo
ya ocupado", y no encontrarán cubiertos "en el gran banquete
de la Naturaleza".
Fuente: La nación
Marzo 7, 2002
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