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Bali firma la hipoteca verde
Tras el acuerdo alcanzado en la Cumbre del Clima
para negociar un Kioto II, se abre el gran interrogante competitivo: ¿Es posible firmar
un pacto de lucha contra la contaminación realista y equitativo
para todas las empresas del mundo?
Madrid, 17 dic (Expansión).- Un funcionario de
Naciones Unidas, que trabaja en el área medioambiental de la ONU desde hace dos
décadas, contaba una anécdota a finales de noviembre, antes
de marcharse a la Conferencia de Bali: “Casi todos los acuerdos
históricos para luchar contra la contaminación se alcanzan
de madrugada. Al menos, ésa es la percepción que le queda
a buena parte de la humanidad, independientemente de la hora que sea
en el lugar donde se clausura una cumbre del clima. Parece como si las
fuerzas diplomáticas sólo fueran capaces de alumbrar pactos
a altas horas de la noche”.
El acuerdo suscrito en Nusa Dua (Indonesia) también llegó de
madrugada al mundo occidental. La Conferencia Internacional de la ONU
se cerró el pasado sábado con un documento, ya bautizado
como Hoja de Ruta de Bali, algo así como una agenda imprescindible
para los 187 países que se han comprometido a diseñar un
nuevo pacto de lucha contra el cambio climático aplicable a partir
de 2012. En ese año, caduca el Protocolo de Kioto, un acuerdo
internacional que impone un recorte mundial del 5,2% de las emisiones
de gases de efecto invernadero en 2012, frente a los niveles de 1990.
En teoría, gracias a Bali, un nuevo tratado tendrá que
ver la luz dentro de dos años.
La Hoja de Bali es histórica porque ha logrado dos socios de
lujo para llevar adelante las negociaciones en torno a Kioto II: Estados
Unidos, la única potencia mundial que se negó a suscribir
el Protocolo de Kioto; y un grupo de países en vías de
desarrollo, que se antojan actores principales de la nueva película
económica internacional, entre ellos, China, India, Indonesia,
Brasil y Pakistán (hasta ahora, todos ellos vivían al margen
del universo Kioto).
Efecto político
El pacto alcanzado en Nusa Dua tiene derivadas diplomáticas, económicas
y empresariales. Desde el punto de vista de las relaciones políticas,
Estados Unidos, que inauguró la Cumbre de Bali exigiendo la exclusión
de cualquier negociación en torno a un objetivo cuantificado de
recorte de las emisiones, ha admitido entrar en el futuro Kioto II. A
priori, parece una buena noticia, al menos, para garantizar una reglas
de mercado comunes para las industrias de todo el mundo y para eliminar
las desigualdades competitivas que las empresas sufren en la actualidad.
Con el marco actual, por ejemplo, las cementeras españolas tienen
que competir con rivales asiáticos que producen con costes menores
y sin tener que ajustarse a ninguna exigencia de reducción de
emisiones. Mientras, las refinerías de petróleo europeas
se ven las caras en los contratos internacionales con competidores estadounidenses
no sujetos a los mismos topes contaminantes.
Sin embargo, la entrada de EEUU en el futuro acuerdo verde internacional
también puede hipotecar el alumbramiento de un Kioto II que resulte
realmente útil para luchar contra los gases de efecto invernadero.
Por ahora, la Unión Europea, convertida en líder ecológico
de la diplomacia internacional y que proponía un recorte de entre
el 25% y el 40% de las emisiones frente a 1990, tuvo que realizar en
Bali su primera concesión: admitir que la hoja de ruta que saliera
de esa reunión no incluyera ningún objetivo cuantificado
de reducción de los gases. Si no, hubiese sido inviable el apoyo
de EEUU, China e India.
Bolsa de CO2
¿
Es posible llegar a un protocolo internacional que contente a la vez
a George W. Bush, la UE y los variopintos países en desarrollo? “Parece
complicado y, si para convencer a EEUU o China hay que aligerar tanto
el acuerdo internacional que el recorte de la contaminación se
centre en un objetivo irrisorio, puede ser un poco inútil la negociación”,
señala un bróker del mercado europeo de dióxido
de carbono (CO2).
A este parqué, instaurado por Bruselas en 2005 para que las industrias
europeas intercambien derechos de emisión para ajustarse a unas
cuotas de CO2 asignadas por sus gobiernos, también le afecta la
Hoja de Ruta de Bali. El acuerdo del pasado sábado puede resultar
en la práctica su seguro de vida. Sujeto a una fuerte volatilidad
y repleto de incertidumbres, este mercado está a punto de inaugurar
su segundo periodo el próximo 1 de enero. De momento, tiene asegurada
su existencia hasta 2012; después, todo depende de Kioto.
El derecho de emisión cerró el pasado viernes a 22,65
euros por tonelada. Es el precio al que las eléctricas (en España,
inmersas en una batalla legal con el Gobierno por el reciente decretazo
del CO2 que les exige descontarse de sus cuentas la asignación
gratuita de emisiones recibida) y las industrias europeas pueden hacerse
con créditos de este gas, a través de contratos que tienen
como fecha de entrega diciembre de 2008. Sin embargo, la tonelada de
CO2 ha conocido precios dispares en su andadura por el parqué:
desde los casi cero euros hasta los 30.
No sólo esta bolsa estaba pendiente de Bali estos días.
Muchos otros negocios miraban hacia Indonesia para realizar sus previsiones
estratégicas: desde los consultores y bróker especializados
en la bolsa europea a las empresas emisoras de CO2 y los grupos energéticos
de energías renovables, con actores españoles como Iberdrola
y Acciona a la cabeza.
Para estos últimos, la lucha contra el cambio climático
es uno de sus ejes estratégicos. En un contexto de elevados precios
del petróleo, el viento, el sol y los residuos forestales se convierten
en unos curiosos combustibles. Las renovables son posiblemente, imprescindibles,
pero también incapaces de atender a una demanda energética
que sigue creciendo al calor del progreso económico y del avance
del uso de las telecomunicaciones. La semana pasada, los dos principales
sindicatos españoles UGT y CCOO) se mostraron dispuestos a abrir
el debate nuclear, esa energía que sigue causando recelos entre
la población y continúa pendiente de encontrar la solución
perfecta para los residuos radiactivos (su principal problema ambiental),
pero que es el mejor aliado para Kioto y sus sucesores, por no emitir
gases de efecto invernadero.
Mientras, con Al Gore como el mejor instrumento de márketing
mundial, el debate sobre el cambio climático se multiplica en
la calle. Porque para la sociedad, que cada vez habla con mayor soltura
sobre el CO2, también está dedicada la Hoja de Ruta de
Bali. Sólo falta saber si los gobiernos, con sus diplomáticos
y la ONU como instrumento negociador, sabrán imaginar un futuro
realista para la lucha contra el cambio climático.
Fuente: Expansión
Dic 17, 2007
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