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Un juego muy poco limpio
En Rosario se producen casi 900 toneladas diarias
de deshechos, la cuestión
no se resuelve y preocupa a las grandes ciudades.
La basura generada por las grandes ciudades es
uno de los mayores problemas que urbanistas y políticos tienen por delante. Pero además,
puede ser un negocio interesante para quienes participan de la larga
cadena que va desde los productores hasta los reducidores pasando por
recolectores y transportistas.
En Rosario,
donde se producen entre 800 y 900 toneladas diarias de residuos, la nueva
legislación que
impulsa el municipio reabre un debate con dos capítulos centrales:
se trata de saber de qué forma controlar a los grandes productores
de basura del macrocentro –que desoyen las recomendaciones oficiales
atiborrando con desechos de todo tipo, color y olor los contenedores
dispuestos para uso exclusivamente domiciliario– y conocer el destino
final de los residuos, cuya responsabilidad se reparten la provincia
y el propio municipio a través de los rellenos sanitarios en el
primer caso y de los centros de reciclado en el segundo. El tema es que,
aunque parezca paradójico a primera vista, algunos residuos como
el cartón, el plástico, el vidrio y el metal se convirtieron
en un bien de reventa con alto valor agregado cuya propiedad se disputan
los entes oficiales, algunas empresas privadas de recolección
y el ejército de cartoneros que caminan las calles rosarinas. La basura no cae del cielo
Hace una semana el Concejo Municipal retocó una ordenanza del
año 2003 donde se establece de qué manera se hace la recolección
de residuos en la trama urbana. En esa ordenanza está claramente
establecido que cualquier comercio o empresa que genere más de
100 kilos diarios de basura pasa a ser considerado un “gran generador”,
y debe por lo tanto asumir el costo de un servicio privado de recolección.
Sin embargo, según la propia Municipalidad una cantidad importante
de establecimientos que deberían estar en esta categoría
declaran mucho menos de lo que realmente generan, con el obvio resultado
de no pagar dinero extra a una firma privada. “Hicimos un relevamiento
detallado de comercios a los que consideramos grandes generadores de
residuos, y entre los casi 5.000 que encontramos hicimos un filtrado
que nos dejó cerca de 1.000 con ese perfil. Sin embargo, sólo
200 tienen un servicio contratado”, explicó Miguel Siryi,
director de Política Ambiental de la Municipalidad. “El
problema no radica tanto en la falta de legislación, sino en la
dificultad para fiscalizar lo que se declara.
Con la nueva ordenanza
invertimos la carga de la prueba: nosotros vamos a decirles a quienes
consideramos que son grandes generadores que, si no lo son, lo demuestren
con datos técnicos”, agregó el funcionario. “Parece
que en el centro la basura cae del cielo”, concluyó Siryi,
quien espera que la norma pueda provocar un mayor sentido de la responsabilidad
en las empresas a la hora de pensar qué hacer con sus residuos
de todo tipo.
Un destino final incierto
La otra parte del problema de la basura se parece en realidad más
a un misterio, ya que el destino final de las toneladas de residuos que
cada día recolectan estas mismas firmas que hacen el servicio
privado nunca termina de establecerse del todo. En principio, y según
los términos de las licitaciones, al menos un porcentaje de la
parte reciclable de estos desechos debería ir a parar a los centros
de reciclado que la Municipalidad posee en el extremo sur de la ciudad.
Allí trabajan de forma coordinada junto con cinco cooperativas
de cirujas, a quienes se les intenta dar cierta formalización
de sus condiciones de trabajo.
Una parte del problema es que, según
deslizaron fuentes del gobierno local cercanas al tema, algunas de estas
empresas se quedan con una parte del botín en el camino para poder
revenderlo luego. En este punto vale aclarar que los residuos reciclables
se convirtieron en un bien codiciado sobre todo después de la
devaluación del peso, a principios de 2002. Según explicó Claudio
Rizzo, coordinador del programa de reciclado de la Municipalidad, antes
de esa fecha un kilo de plástico virgen costaba 1,20 dólar,
igual que la misma cantidad de material reciclado. Con la depreciación
de la moneda local el reciclado pasó a costar tres veces menos,
lo que provocó una verdadera explosión de la demanda. Otra
dificultad que aparece a la hora de controlar el destino final de la
basura es definir de quien es el material desechado una vez que es recogido
por las empresas privadas, ya que en muchos casos los grandes generadores
tampoco exigen documentación sobre el destino final de los que
producen.
Por Jorgelina Hiba
Fuente: notiexpress
Dic 1, 2006 |