El Día del Animal: las mascotas, según sus pequeños dueños
Los chicos hablan de sus mejores amigos

Perros, gatos y hamsters son una parte importantísima de la vida de pequeños y no tan chicos; una convivencia a puro amor

Niños y adolescentes confiaron a LA NACION las más destacadas anécdotas de sus compañeritos
Travesuras, mimos y sustos se cruzan por igual en sus historias

Gatos, perros, tortugas, sapos, tarántulas, iguanas, hamsters y otras especies forman parte del mundo lúdico de los niños, para quienes las mascotas suelen ocupar el espacio de juguetes vivos capaces de acompañarlos en sus aventuras infantiles.

Con motivo del Día del Animal, LA NACION consultó a un grupo de chicos para conocer las anécdotas de una vida compartida: la del ser humano y el animal.

Laura Larrondo tiene 9 años y desde que empezó a hablar sus ruegos por tener un animalito fueron inagotables. Hace un año, sus padres la sorprendieron con Pelusa, un gatito que había sido abandonado en la Plaza de los Periodistas, en el barrio de Flores.

Con la ayuda de los papás, del veterinario y de Laura, Pelusa, un gatito atigrado gris verdoso, se recuperó.

Pelusa era el gran compinche de Laura hasta que apareció un compañero inesperado: Panchito, un robusto hamster de cabeza color tabaco y lomo blanco. Y aunque se sospechó que Panchito podía convertirse en el plato preferido de Pelusa, nada malo ocurrió. Aun así, el ratón se cura en salud y pasa largas horas en su jaulita, a salvo de Pelusa.

Sobre las travesuras de sus mascotas, Laura cuenta: "Una vez, Pelusa se subió a mi hombro y apoyó su cabecita en mi cuello. Con las patitas comenzó a jugar con mi pelo, como si lo amasara. A Panchito le gusta correr, pero también quedarse quieto para los mimos".

Entre los disgustos de Pelusa, Laurita recuerda un día que el gato "hizo pis en la cama y mamá lo retó mucho. Me parece que se dio cuenta del lío que hizo porque estuvo todo el día escondido, como si estuviera en penitencia, y ni salió para comer".

La familia Cañete, de La Plata, adoptó de cachorrito a Camilo, un pastor inglés de hermoso pelo blanco, alto, robusto y que hoy tiene tres años. El flequillo cubre a Camilo los ojos casi por completo. Cuando el perro entra en la casa, hay que ponerse a buen resguardo.

Por culpa de sus patas grandes se mueve con cierta torpeza y la familia quita todos los objetos de su alcance para que no los destruya a su paso.

"Durante algún tiempo tuvimos una perrita de la calle, pero no funcionó. Cuando ya no estaba, queríamos otro perro", dice Mariana Cañete, de 19 años.

Sus cuatro hermanos -Simón, de 8; Ana Clara, de 11; Florencia, de 14, y Juan, de 17- insistieron en la idea. Finalmente, los padres aceptaron y Camilo se integró.

¿Quién se ocupa de la alimentación de Camilo? Los cinco hermanos se atribuyen el heroico acto, pero al final queda claro que es Juan quien se ocupa de la primera comida y sus hermanos, del resto del día.

Claro que en el patio, la vida de Camilo no tiene menos aventuras. "Se cayó dos veces a la pileta de natación", cuenta Ana Clara. Y Florencia agrega: "La primera, nos avisó el vecino, que lo escuchó llorar".

Sacar a Camilo del agua no fue fácil, porque con el pelo mojado pesaba mucho."Lo hicimos entre todos", recuerda Juan.

"La más linda del mundo"

Karen Byk, de 8 años, no se anda con vueltas al presentar a Cindy, su perra labradora, color beige, de un año y medio: "Es la perra más hermosa del mundo. Es muy buenita. Me gustaría dormir con ella, pero mamá no la deja que suba a mi cuarto", dice.

Sin embargo, Cindy se las ingenia, como todo perro que quiere estar con sus amigos: "Un día de semana entró en mi pieza, me despertó y me lamió. A mí me gusta mucho jugar con ella. Me cuida y cuando mi hermana la saca a pasear, yo salgo con ella".

Cuenta Karen que hace un tiempo se preocupó porque a Cindy tuvieron que operarle una pata: "Me hice mucho problema", recuerda.

La labradora rompe tan poco como puede, pero igual ya le comió a su amiga Karen "una lapicera y un cuaderno. Mamá dijo que a lo mejor era porque quería aprender a escribir".

La casa de la familia Sanmartino, en San Isidro, tenía jardín, plantas y algún pequeño árbol hasta que Max llegó, para Navidad, y empezó a hacer la vida imposible a la gata Juana y a todo lo verde que encuentra a su paso.

Manuela, de 7 años, dice: "Es el mejor regalo de Navidad que me hicieron". Y disfruta con las travesuras de Max, que su madre padece.

"Rompió un arbolito, las plantas, le hizo un agujero a la pelota y a veces tira los almohadones del sillón al suelo y se acuesta", cuenta la tímida Manuela.

Su hermanito, Pedro, de 8 años, carga las tintas sobre la pobre Juana: "Rompió la alfombra y los sillones de tanto rascarlos". Aunque el que parece tener intenciones deportivas es Max, que frecuentemente revolea por los aires el recipiente de la comida.

Por ahora, la tirante relación entre Max y Juana no pasó a mayores porque mientras uno duerme adentro, el otro pernocta afuera de la casa.

Ejercer una tenencia con responsabilidad
Es creciente el abandono de mascotas

  • Profesionales sostienen que adoptar animales implica un compromiso de responsabilidad
  • Una veterinaria afirma que las actuales condiciones de vida influyen decididamente en ellos

La crisis no sólo se ha cobrado como víctimas a los ciudadanos. Muchas mascotas, de rebote y sin culpa, terminan pagando los platos rotos. El abandono de los animales aumentó en Buenos Aires. Proteccionistas y asociaciones en defensa de la vida animal coinciden en que cada día son más las mascotas que aparecen, asustadas y con hambre, sin rumbo por la ciudad.

Según el veterinario Leonardo Fusaro, conductor del programa radial "El espacio de los animales" por FM Sol (107.5 Mhz.), los sábados de 11 a 12, el observado aumento del abandono animal obliga a hablar de tenencia responsable.

" Cuando adopta una mascota, la gente tiene que actuar con responsabilidad y no por impulso. Ser responsable implica, por ejemplo, no tener un ovejero alemán en un departamento de un ambiente, sacar a la mascota a hacer sus necesidades y darle cariño en forma incondicional. Porque así son ellos con nosotros", dice el profesional.

Fusaro sostiene: "Hay mujeres que se divorcian, se compran un perro y después lo tienen como una especie de títere. Eso es inhumano. No olvidemos que nuestras mascotas comen y hacen sus necesidades cuando nosotros decidimos".

Y cuenta, a modo de ejemplo: "Me consultó ayer una mujer que pesa 42 kilos y que tiene un perro de seis meses que pesa 43 y al que quiere regalar. Dice que no lo puede manejar. El pobre animal tiene las patas torcidas, le falta calcio. Y la mujer asegura que por falta de dinero tampoco puede llevarlo al veterinario. Eso no es una tenencia responsable".

La veterinaria y homeópata Mónica Perinot agrega otra perspectiva al asunto: las condiciones de la vida actual influyen negativamente sobre las mascotas.

Falta de atención

"Hoy, la gente tiene menos tiempo para ocuparse de sus animales y ellos lo sufren. Así comienzan a aparecer en las mascotas trastornos de la ansiedad, enfermedades autoinmunes y otras vinculadas con el cautiverio, como la obesidad o la artrosis", explica.

La profesional dice que "tenencia responsable es ser consciente de que nuestras mascotas son seres con derechos. Si uno tiene un animal en la casa debe hacerse cargo en las buenas y en las malas. Ellos pertenecen a una especie diferente, son eminentemente sensoriales y perciben el malestar general. Ser un tenedor responsable es, además de darle de comer, no tenerlo 20 horas sin orinar. Hay que tratar de ser más flexibles con ellos".

La actriz China Zorrilla suele lamentarse por haber tenido su primera perrita -un regalo de la diva de la televisión Susana Giménez- sólo a los 60 años. "Flor es la tercera perrita que tengo. El día que Bernardo Neustadt me la regaló, la miré y caí rendida. La experiencia de tener un animal es intransferible", confiesa.

Para la artista, "el que abandona una mascota no tiene conciencia. Hay que comprender que, luego de estar en un hogar, abrigadito y alimentado, un animal abandonado sufre muchísimo. Debe ser terrible para ellos, luego de las vacaciones de verano, ser abandonados en las rutas y pasar de un hogar a la soledad. Es muy cruel. Yo creo en la memoria y en el agradecimiento de los animales".

Susana Reinoso

Especies que "humanizan"
Curiosas historias de los que viven tras las rejas del Zoo

Un chimpancé huyó y cruzó una avenida tras esperar que cambiara el semáforo

  • La elefanta Mara ayudó a su cuidador a superar la muerte de su padre
  • Un tucán hace escándalos si le dan de comer después que a sus vecinos
  • El parto en vivo de la vicuñita

Hace unos años, un chimpancé salió del zoológico y se escapó a la carrera por la calle República de la India. En la Avenida del Libertador lo detuvo el intenso tránsito, de modo que, como cualquier peatón de la especie considerada racional, tuvo que esperar el cambio del semáforo. Llegó al otro lado, pero después desanduvo el camino y se dirigió a la embajada de los Estados Unidos. Allí fue atrapado, finalmente. "Tal vez quería pedir asilo político", bromeó un veterano empleado del paseo.

Los cuidadores del Zoo, sobre todo los más antiguos, son también quienes atesoran anécdotas o pueden describir comportamientos curiosos protagonizados por animales. Gabriel Luna es responsable de los ejemplares de mayor altura del reservorio, o sea las tres jirafas: Pocho; su pareja Joarí, y la beba de ambos, Jackie.

Luna se entusiasma cuando describe cómo el trío lo reconoce apenas llega, por la mañana. "Ultimamente, he advertido el grado de humanización que les genera el contacto". No podemos evitar la pregunta por el status inverso. "Sí, a la vez yo me animalizo un poco. Pero en el sentido más noble", aclara de inmediato.

Recuerda el día en que llegó Joarí, procedente de México. "Se había calculado todo, menos justamente su altura respecto de los árboles y el cableado que hay en la entrada. "Era imposible que pasara. Incluso, podía lastimarse. Así que, después de mucho estudio, optamos por desinflar completamente las ruedas del camión, con lo que ganamos más de un metro".

Mudo para el sapucay

El correntino Carlos Alegre está a cargo del pabellón Rain Forest, que reproduce un hábitat selvático para el alojamiento de anfibios, reptiles, insectos y arácnidos.

Pero elige relatar algo ocurrido cuando, hace unos años, cuidaba animales más grandes. Entre ellos, tenía al aguará guazú, un mamífero de nuestro Nordeste en extinción. Su nombre, en guaraní, significa "zorro grande" y alcanza el tamaño de un perro de gran porte.

Explica que el aguará -diezmado por lugareños movidos por la creencia de que se trata de una especie de lobizón- es temible por la fuerza de sus dientes, alojados en una gran mandíbula. "Es capaz de destrozar en segundos un bidón de 10 litros", ejemplifica. "O dejar muy malherido a un adulto."

Una tarde, Alegre estuvo a punto de tener que cambiar de apellido. "Jamás sentí miedo ante ningún animal. Pero ese día hacía rato que buscaba al aguará, cuando de repente se levanta de entre unas plantas. Era una hembra y yo había olvidado que acababa de tener dos crías. Mi presencia la enfureció. Se paró en dos patas y abrió la boca, con clara intención de atacarme".

Estaba a menos de un metro y el susto lo paralizó. Escuchó a unos compañeros que le decían que no se moviera, "aunque era claro que no hubiera podido. Se me ocurrió llamarla por su nombre, despacito. Como permaneció inmóvil aproveché para ir retrocediendo, hasta que el animal se calmó y se tendió junto a sus crías. Después, nos amigamos. Uno de los muchachos me preguntó por qué no le había lanzado un sapucay. Pero el correntinaje se me había ido al diablo", dijo.

El último nacimiento de una vicuña ocurrió el 22 de febrero último. El jefe de veterinarios, Miguel Rivolta, explica que se puso un vallado para que el público no perturbase a la madre, pero para que pudiera ver.

Este se prolongó durante casi una hora, lo que permitió escuchar todo lo que los padres explicaban a sus hijos. Se valían de una increíble variedad de argumentos para explicarles lo que estaba pasando, pero ajustados a la verdad, desechando aquello de la cigüeña o el repollito.

Más insólitas fueron las preguntas hechas por chicos. Uno, de 5 años, recuerda Rivolta, preguntó: "¿Y dónde estaba antes el vicuñita ?", mientras su hermano, un par de años mayor, se escandalizaba: "¿Yo nací así, sobre la tierra?"

El público tuvo una participación muy curiosa: las mujeres pujaron junto con la parturienta y, en el momento del nacimiento, los hombres gritaron a coro: "¿Gooool!"

Rodolfo Berardi es el especialista en osos. Entre los polares, el celo ocurre una sola vez al año y dura de 10 a 12 días. Predomina el interés del macho, pero llega un momento en que la hembra se muestra muy exhausta dados los 500 kilos del macho, de modo que se los separa con una reja de hierro. "Entonces -dice Berardi- él apela a un último recurso: trata de ganarla regalándole su plato de comida. Lo coloca a centímetros de la reja, creyendo que ella va a poder saltarla. Por supuesto, nunca lo consiguió, pero todos los años hace lo mismo."

Roberto Tedesco, que ahora atiende a los tigres de Bengala -entre ellos el blanco, la superestrella-, tuvo a su cargo a la elefanta Mara, muerta hace siete años y recordada como uno de los animales más queridos del Zoo.

"Son muy sensibles. Cuando falleció mi padre estuve sin venir cuatro días. Al volver, la llamé, se acercó y le ofrecí una canasta con pan, su alimento diario. Pero ella percibió que yo estaba mal y eso la hizo negarse a comer durante todo el día. Nunca voy a olvidar esa actitud. Cuando Mara murió, acá hubo luto general."

En cuanto al tigre blanco, destaca la actitud que tuvo cuando frente a su reducto se instaló una gran pantalla, con la publicidad de Kellog´s, cuya figura era un tigre. Pasaba horas mirándolo fijamente, entre sorprendido y hostil, como si hubiese deducido que se trataba de un enemigo virtual.

Show plumífero

Pablo Giménez cuida casi 200 aves. Se divierte particularmente con el show que le presenta diariamente una urraca europea, flanqueda por otras dos aves.

"Si primero le doy de comer a los otros, hace un lío bárbaro, saltando de un lado a otro o arrojándose contra el enrejado. Pero si empiezo por ella, parece casi como si aplaudiera con las alas y se acerca a cada uno de sus vecinos para gastarlos ", dice.

También Luis Bonada tiene una historia con un ave más exótica, el calao, una especie de tucán más grande. El calao regurgita su comida de frutas y lleva hasta el extremo de su pico una uva, por ejemplo, que ofrece al cuidador en forma insistente.

Bonada le agradece con una expresión cariñosa y simula que come el alimento, ante la ansiosa mirada del ave, que sólo en ese momento da por cumplida la ceremonia mediante sostenidos cabeceos.

El cuidador se despide de él imitando a la perfección el sonido que ha dado nombre a su plumífero amigo: "¡Calao, calao!"

Willy G. Bouillon

Reflexiones

De Martha Gutiérrez, Ivana Redrado y Yolanda Quinteros, presidentas de asociaciones de defensa de los derechos del animal:

Máxima: "Como dijo el filósofo Jeremy Benthan, no importa si un animal puede pensar o razonar, lo que importa es que puede sufrir y eso es más que suficiente para respetar sus derechos elementales".

Petición: "No pedimos para los animales derechos iguales a los nuestros, sino derechos elementales: a no sufrir, a no ser aterrorizados, a no ser asesinados".

Advertencia: "Los problemas socioeconómicos no deben impedirnos respetar a los animales. Ellos padecen por las decisiones y ejecuciones de los humanos".

Los perros festejaron con juegos y payasos
Más de 300 mascotas en la plaza Las Heras

  • Fue organizado por la Asociación Protectora de Animales
  • Se aplicaron vacunas antirrábicas
  • Además, se creó un registro para adoptar especímenes callejeros

Perros de todas las razas, tamaños y colores podían encontrarse ayer en el parque Las Heras dispuestos a festejar por adelantado el Día del Animal.

No faltó nadie. Estaban los coquetos caniches toys, abrigados con pequeñas camisetas; había collies, pastores ingleses y, por supuesto, no faltaron los juguetones perros de la calle. La cuestión fue pasar una tarde agradable junto con las mascotas.

Para ello, la Asociación Protectora de Animales y Medio Ambiente organizó una jornada para la que no se obvió ningún detalle.

Desde las nueve, veterinarios del Instituto Pasteur aplicaron vacunas antirrábicas -alrededor de 300-, se repartieron huesos de plástico, hubo juegos para las mascotas -que consistieron en pruebas con aros y vallas-, payasos, se continuó con el programa de toma de conciencia sobre la higiene ambiental y se abrió un registro de adopción para perros y gatos.

"La gente se mostró muy contenta con la recreación y se acercaron con sus mascotas", contó la presidenta de la Asociación Protectora de Animales, Dora Hartz. Y siguió: "También hubo una exhibición con perros recogidos de la calle, repartimos huesos y se registró a aquellas personas que pedían adoptar a una mascota".

El plan continuará en los próximos días con visitas de los inspectores de la asociación a las familias anotadas y se verificará si éstas cuentan con los requisitos necesarios para adoptar una mascota.

Por otro lado, Hartz puso énfasis en la zooterapia y en la relación de los animales con los chicos que poseen capacidades diferentes. "Es importante que los perros ayuden con su cariño a las personas a superar sus discapacidades", dijo.

Novena jornada

Se trata del noveno año que la Asociación organiza esta jornada recreativa. En esta oportunidad contó con la colaboración del Hospital Veterinario Central. "Es una suerte que haya prestado su colaboración esta entidad, así como lo hizo la gente del Pasteur", sostuvo Hartz.

Gerardo Rodríguez era una de las tantas personas que ayer hacía la fila para vacunar a su mascota en el parque. Vive en Rosario y aprovechó el fin de semana para pasear por Buenos Aires y aplicarle la antirrábica a su collie.

"Llegué el viernes para descansar y vine con mi perro, que todavía no lo vacuné. El sábado (por anteayer) me enteré de que podía traerlo acá y no dudé en venir", dijo el rosarino, mientras se acomodaba el bolso para preparar el regreso a su ciudad junto, claro está, con su mascota.

Martín Farcuh

Fuente: La Nación
Abril 29, 2002