|
El agua, un bien que debe ser cuidado
El informe anual del Fondo de las Naciones Unidas para la Población
(Fnuap) prevé que, de mantenerse los ritmos actuales de crecimiento
poblacional y de consumo, 4200 millones de personas que pueblan
48 países en vías de desarrollo no podrán satisfacer
la demanda cotidiana de agua por habitante a mitad del siglo. Consiguientemente,
las políticas de conservación y cuidado del recurso
se tornan cada vez más imperiosas.
Algunos datos cuantitativos precisan una realidad que se anticipa
como grave. En primer término, el aumento demográfico
ha significado en un lapso de 40 años que la población
mundial se ha duplicado para llegar en la actualidad a 6100 millones
de habitantes. Para el 2050 alcanzará los 9300 millones y
de ellos el 45% padecerá de insuficiencia hídrica.
A esto hay que agregar que el mayor crecimiento de habitantes se
produce en los países en vías de desarrollo, en tanto
que el mayor consumo de agua se registra en los países más
avanzados. Las necesidades básicas reclaman 50 litros por
persona.
Se ha calculado, también, que hoy se usa el 54% de los recursos
que anualmente se renuevan de agua dulce, pero ese porcentaje aumentará
al 70% en el 2025 y será el 90% en el 2050.
Estas predicciones se fundan en el comportamiento de ciertas variables.
Entre ellas, el citado crecimiento demográfico y los fenómenos
de urbanización que incrementan el consumo y, además,
contribuyen a la contaminación del recurso. A esto debe sumarse
el empleo cada vez más intenso del riego en las actividades
agrícolas y el uso industrial del agua. No tiene que omitirse
el hecho de que el gran perturbador de los procesos naturales y,
a la vez, responsable en gran escala de la contaminación
del recurso, es el hombre que ha demorado -y lo sigue haciendo-
en tomar conciencia y modificar conductas que atentan directamente
contra la supervivencia en el planeta.
¿Qué es dable hacer ante perspectivas tan dramáticas?
Seguramente una de las principales metas se relaciona con la educación
del público, a fin de que valore el recurso, sepa administrarlo
con prudencia, no lo despilfarre y lo cuide. Por otra parte, las
políticas de conservación han de extenderse con una
percepción estratégica mundial. Sólo a través
de acciones de protección encaradas con sentido de cooperación
internacional se pueden lograr resultados significativos, tal como
ocurre en toda campaña de cuidado ambiental.
Asimismo, los métodos de purificación, que pueden
resultar onerosos en regiones pobres, deben contar al menos con
medios para aplicar la cloración y asegurar de ese modo la
salud de los países más vulnerables, donde se observa
con frecuencia la transmisión parasitaria a través
del agua, entre otros problemas que afectan la salud.
Tiene que considerarse como una de las reservas más importantes
por ser preservada la que representa el agua subterránea.
Su valor crece a medida que las aguas superficiales se van agotando
o se cargan de productos de desecho allí donde éstos
se vierten sin pasar por una planta depuradora.
Hay otro grave mal por evitar con políticas y acciones adecuadas.
La escasez de agua anticipa conflictos crecientes entre naciones
que se disputen el escaso bien. Esto no es sólo una hipótesis,
pues ya ha habido manifestaciones litigiosas entre algunas naciones
de Africa y de Asia. En fin, desde la Antigüedad se apreció
al agua como el principio que hacía viable la vida. Esa creencia,
reforzada por tantos conocimientos probados, tiene que movilizar
a la sociedad para proteger un bien tan valioso.
Fuente: La Nación
Enero 29, 2002
|