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Una estación de servicios del barrio Kilómetro
5, el edificio de la Universidad Nacional de la Patagonia, el estadio municipal
en el que se jugarán este año los partidos de la Primera
"B" Nacional a partir del ascenso del equipo de la CAI de Comodoro
y la alcaidía policial son algunos de los puntos estratégicos
que guardan debajo de su estructura pozos que ya no están en producción.
"El promedio de abandono de pozos es de casi uno
por día en la zona urbana comodorense", expresó el coordinador
del Area de Impacto Ambiental de la Municipalidad, Víctor Avila.
Estas locaciones abandonadas pueden provocar emanaciones
de "gas natural que salen a la superficie. Estas pueden provocar intoxicaciones
en el organismo o, si existe una acumulación en un espacio semiabierto,
hasta explosiones", explicó a LA NACION el subsecretario de
Medio Ambiente de la Municipalidad de Comodoro, Alejandro Simeoni.
Traslado urgente
Las autoridades de la Escuela N° 169, del barrio
Stella Maris, detectaron el problema antes del estallido: los 400 alumnos
de los tres ciclos de la EGB tuvieron que trasladarse a otro edificio situado
a casi cuatro kilómetros de las actuales instalaciones hasta que
la empresa Repsol YPF finalice los trabajos de sellado del pozo abandonado
sobre el que se levantó el establecimiento educativo.
"Siempre sentimos olores extraños que fueron
motivo de varias denuncias y pedidos a la empresa Camuzzi Gas del Sur -prestadora
del servicio de gas en la ciudad- para que revisara las cañerías.
Sin embargo, no encontraban nada anormal. Hace dos años que estoy
en esta escuela y siempre hicimos gestiones para que determinaran de dónde
salía tanto olor a gas", relató la directora de ese
centro, Claudia Alí.
En el edificio, según Alí, "pasaban
cosas raras". Y dio ejemplos: en el mismo predio funciona el Jardín
N° 438. Allí comenzó a construirse el cerco perimetral
y notaron "que los electrodos saltaban a 40 centímetros. Esto
sumado al permanente olor a gas daba la pauta de que algo no estaba bien",
dijo la docente.
Controles tardíos
Las redes de gas también se revisaron el año
pasado cuando explotó la Escuela N° 731 provocando quemaduras
en un grupo de alumnos que se encontraban en el establecimiento educativo.
Finalmente, nuevos estudios de Repsol YPF detectaron un pozo que nunca
había sido sellado debajo de la cocina de la escuela. "El 7
de mayo Camuzzi cortó el gas y desde entonces los chicos no volvieron
al mismo edificio", dijo la directora.
Los trabajos en la Escuela 169 están en marcha
y obligaron a desmontar el techo del establecimiento educativo. La directora
aseguró: "Todavía no sabemos cuándo podremos
volver a nuestro edificio. Los chicos sufren por el desarraigo. Hay que
tener en cuenta que a este barrio le costó mucho tiempo tener su
escuela".
Piden monitoreos
Otra directora preocupada es Clelia Salinas, de la Escuela
197 del barrio Divina Providencia, que elevó una nota a la petrolera
Repsol solicitando información sobre el estado en que se encuentra
el pozo abandonado que se encuentra en el predio del colegio.
"Me dijeron que teníamos que quedarnos tranquilos
porque en nuestro predio crecían arbolitos y no se sentía
olor a gas, a diferencia de lo que sucedía en el barrio Stella Maris",
dijo Salinas.
En el caso de la Escuela N° 169, por ejemplo, se
trata de pozos abandonados y que jamás fueron sellados como lo establece
la ley de hidrocarburos.
"Allí se hizo un estudio de gas en suelo,
con 15 perforaciones de un metro para realizar el análisis. Estos
pozos pueden convertirse en un riesgo. Nosotros estamos estudiando una
propuesta que nos permitiría realizar un trabajo de monitoreo para
detectar las filtraciones de gas", aseguró Simeoni.
Según explicaron técnicos, un pozo sellado
lleva tres tapones de cemento y arriba un dado de un metro cúbico
de hormigón. Un cartel debe señalizar, además, el
lugar en donde se realizó el trabajo.
La ley de hidrocarburos dispone que para dejar una locación
se debe informar con antelación a la Secretaría de Energía
de la Nación. Esta entidad es la que debe exigir los controles y
la señalización de los pozos que ya no están en producción.
Ana Tronfi
El riesgo de crecer sin planificar
COMODORO RIVADAVIA.- Esta ciudad tiene una historia ligada
a la actividad petrolera. Fue fundada a principios de siglo, pero su vida
tomó un nuevo rumbo el 13 de diciembre de 1907 cuando un grupo de
pioneros descubrió el primer pozo. Desde ese entonces, el desarrollo
social, económico y cultural pasó por la explotación
de este hidrocarburo.
Sin embargo, el improvisado crecimiento podría
jugar una mala pasada a los habitantes de esta ciudad. Las escuelas se
convirtieron en casos testigo. Los planos municipales demuestran que cientos
de edificios y viviendas se levantan sobre pozos abandonados que, a pesar
de estar inactivos, representan un peligro latente. Comodoro se expandió
bajo el ala petrolera y atravesó un proceso de urbanización
desordenado y no planificado.
El subsecretario de Medio Ambiente, Alejandro Simeoni,
aseguró que en el área central de la ciudad "existen
alrededor de 3000 pozos abandonados, de los cuales se sellan alrededor
de 300 por año". Las locaciones, según explicó,
tienen un destino marcado. Cuando dejan de ser productivas, las empresas
pueden abandonar el pozo o utilizarlo para recuperación secundaria.
Este último proceso "consiste en la inyección de agua
para recuperar el petróleo que quedó durante el proceso de
vida útil", dijo el funcionario.
Existen varios puntos de la ciudad
que preocupan a las autoridades. Según los planos también
hay pozos abandonados en la cancha del Estadio Municipal, en donde se jugarán
los partidos de equipos de todo el país tras el ascenso de la CAI
a la Primera "B". "Nosotros seguiremos trabajando para ver
qué solución le podemos dar a un problema que tiene larga
data en la ciudad", expresó Simeoni.
Fuente:LA NACION
Mayo 27, 2002
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