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Roberto Bubas, que nació al pie de la Cordillera
de los Andes, en Esquel, sintió sin embargo siempre una particular
fascinación por el mar. Así, muy joven, viajó a Puerto
Madryn para estudiar biología marina. Pero la naturaleza en vivo
y el espectáculo de la fauna marina lo sedujeron irremediablemente
y se convirtió en guardafauna voluntario de las Reservas de Fauna
del Chubut.
Hoy, designado guardafauna-investigador, Bubas trabaja
desde hace 10 años en un proyecto de investigación en las
Areas Protegidas Caleta Valdés y Punta Norte. Su mirada se dirige
hacia el monitoreo de la población y las estrategias de caza de
las orcas de la Patagonia Norte de la Argentina.
Para compartir sus más de 1200 horas de observaciones
de campo de las orcas de esa zona y las 200 que pasó frente a los
mismos mamíferos marinos de regiones de los Estados Unidos, Canadá
y la Antártida, Roberto Bubas ofrecerá una conferencia esta
tarde organizada por el Instituto de Conservación de Ballenas (ICB),
filial argentina de la institución creada y dirigida por el biólogo
norteamericano Roger Payne
Una forma única de cazar
En 10 años de trabajo, Bubas identificó
la mayor parte de los ejemplares que se acercan a la costa. "Son 26
-dijo-. Hay ocho machos, ocho hembras, siete juveniles de sexo no determinado
y tres de sexo y edad sin determinar."
Si bien existen otras poblaciones de orcas en nuestras
costas (norte de la provincia de Buenos Aires, Santa Cruz e islas Malvinas),
todas ellas son más oceánicas que las de la península
Valdés y menos conocidas.
El investigador explicó que gran parte de la dieta
de las orcas de la Patagonia Norte se compone de lobos y elefantes marinos,
que se explotaron comercialmente de manera incontrolada entre 1917 y 1953
en las loberías de la península Valdés. "En una
sola temporada de faenamiento en Punta Norte llegaron a matarse más
de 17 mil lobos marinos, que es la población total actual en toda
la Patagonia Norte -comentó Roberto Bubas-. Si bien no sabemos cuántas
orcas había antes de estas matanzas, es lógico suponer que
eran muchas más que hoy", agregó.
No solo el pequeño tamaño de la población
-que indica un ecosistema frágil- importa a la hora de evaluar la
importancia de las orcas patagónicas. "Estos animales son considerados
por muchos especialistas expertos mundiales en el varamiento intencional
como estrategia de alimentación -enfatizó Bubas-. Se trata
de una estrategia de caza muy rara, que consiste en varar en forma intencional
en las playas para capturar crías de lobo marino de un pelo ( Otaria
flavescens ) y elefanta marina ( Mirounga leonina ). El varamiento intencional
se observó únicamente en dos regiones del mundo: las islas
Crozet, en el océano Indico, remotas y virtualmente inaccesibles,
y la península Valdés."
Es este comportamiento especialísimo el que está
amenazado de extinción. "Las evidencias sugieren -agregó
el investigador- que menos de la mitad de la población identificada
adoptó esta estrategia como principal técnica de caza y sólo
unos pocos individuos participan de su enseñanza a la progenie,
y es una técnica que parece requerir un largo período de
entrenamiento. Es imprescindible garantizar el paso intergeneracional de
esta habilidad única en el planeta, que podría depender de
no más de diez individuos."
Máximos predadores
Bubas indicó que las orcas ( Orcinus orca ) son
los miembros más grandes de la familia de los delfines y los máximos
predadores del mar: animales poderosos, inteligentes y sociables. "El
mito de su agresividad -dijo- proviene de observaciones interpretadas erróneamente:
cuando las orcas cazan lo hacen para alimentarse, no con otro fin."
El investigador trabaja con el método desarrollado
por el biólogo canadiense Michael Bigg, que en 1972 desarrolló
la técnica de fotoidentificación, que permite reconocerlas
por sus marcas particulares y la forma de sus aletas dorsales. "A
partir de esos datos -afirmó Bubas-, se pudo hacer un inventario
que actualizamos en forma permanente y es el pilar del método fotoidentificatorio.
Claro que la fotografía y el equipamiento que requiere son costosos
y me resulta difícil llevar adelante en el proyecto a nivel económico:
no tengo más recursos que mi sueldo de guardafauna. Son 900 pesos..."
Por Gabriela Navarra
Hoy, en el Museo Renault
A pesar de que reconoce que el estar el contacto
con la naturaleza es una experiencia insustituible, Roberto Bubas admite
que vivir sin electricidad, televisión, teléfono, Internet
y cuidando el agua potable es a veces duro, especialmente cuando azotan
el frío y el viento. El guardafauna dictó conferencias en
Alaska, Canadá, Inglaterra, EE.UU, Italia y la ex Yugoslavia. Hoy,
a las 19, disertará sobre "Monitoreo de la población
de orcas de la Patagonia norte" en el Museo Renault, Figueroa Alcorta
3399, Capital Federal. Informes e inscripción: Instituto de Conservación
de Ballenas, (011) 4717-5458.
Fuente: La Nación
Mayo 6, 2002
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