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Noruega se basa para ello en una objeción formal
a la moratoria y Japón aprovecha un artículo de la Convención
Internacional para la regulación de la caza de ballenas que permite
la captura de ejemplares con fines científicos. Sin embargo, el
propio Comité Científico de la Comisión Ballenera
Internacional concluyó unánimemente en 1997 que dicho programa
no sirve a ningún propósito que pueda justificar la muerte
de más de 5.000 ballenas desde que comenzó el programa, según
explica el responsable de la campaña de ballenas de Greenpeace,
Sebastián Losada.
El rorcual boreal, en peligro
Así las cosas, Japón ya ha desvelado su
intención de ampliar su programa de caza «científica»
en el Pacífico Norte -donde se autoasignó una cuota de 100
rorcuales aliblancos, 10 cachalotes y 50 rorcuales tropicales- a otra especie,
el rorcual boreal, que además de estar protegida por la CBI desde
1976, su explotación llevó a que fuera incluida en el libro
rojo de especies amenazadas. Además, la flota ballenera japonesa
captura cada año 440 rorcuales aliblancos en la Antártida,
en aguas del Santuario Ballenero Antártico.
Precisamente, Japón ha pedido en varias
ocasiones que se revise la existencia de este santuario. Esta resolución
formará parte de la agenda de la reunión del año que
viene, y sólo necesita de una mayoría simple para ser aprobada.
Sin embargo, para la creación de dos nuevos santuarios, el del Atlántico
Sur que proponen Brasil y Argentina, y el del Pacífico Sur, propuesto
por Australia y Nueva Zelanda, se necesita una mayoría de tres cuartos.
Estas propuestas sí serán debatidas en la reunión
de Shimonoseki, y aunque Japón -que rechaza abiertamente los santuarios-
no cuenta, por lo menos de forma abierta, con tantos países aliados,
la novedad de esta reunión es que el país anfitrión
pide que se introduzca el voto secreto, para lo que hace falta sólo
mayoría simple.
Muy cerca de la mayoría
Actualmente, dice Losada, la Agencia Pesquera de Japón
cuenta con el apoyo de 10 países, a saber: Antigua y Barbuda, Dominica,
Guinea, Granada, San Vicente y Granadinas, Santa Lucía, San Kitts
y Nevis, Islas Salomón, Panamá y Marruecos. Los votos de
estos países junto con los de China, Corea, Noruega y Rusia, que
votan a favor de las tesis japonesas por interés propio, sitúan
a Japón a sólo 3 ó 4 votos de tener la mayoría
en la CBI. Asimismo, si en esta reunión se le devuelve a Islandia
su derecho a votar -que le fue revocado en la reunión anterior tras
rehusar reconocer la moratoria- Japón estaría más
cerca de la mayoría, y podría superarla si otros seis países
(Islas de Cabo Verde, Gabón, Togo, Gambia, Mauritania y Namibia)
ceden a sus presiones, denunciadas por distintos grupos ecologistas.
No en vano, desde hace años los ecologistas vienen
denunciando que Japón emplea fondos de su programa de Cooperación
Internacional al Desarrollo para comprar los votos de terceros países,
y así conseguir que se alineen con las tesis niponas en la CBI.
Desde Greenpeace se asegura que desde 1987, Japón ha gastado al
menos 360 millones de euros en tratar de acabar con la moratoria.
Si Japón y sus socios consiguen alcanzar la mayoría
simple, se podrían, entre otras cosas, modificar las reglas de procedimiento
o que el país nipón consolide y aumente su programa de caza
científica, pero también se podría introducir el voto
secreto dejando la puerta abierta al bloqueo de la creación de los
dos nuevos santuarios en el Atlántico y Pacífico sur, pues
aunque hagan falta los votos de tres cuartas partes de los miembros de
la CBI -explica Losada- «muchos países votan en contra de
Japón por la fuerte presión internacional, pero si el voto
fuera secreto esta situación podría cambiar».
Lo cierto es que, futuribles aparte, esta reunión
se celebra «en un momento muy díficil, pues la estrategia
de Japón está dando sus frutos y hay un equilibrio de países
muy ajustado», asegura Losada.
A. ACOSTAMADRID
Fuente: ABC
Abril 29, 2002
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