Japón anuncia que aumentará su caza de ballenas y que la ampliará a otra especie, el rorcual boreal

A tres semanas de que se reúna la Comisión Ballenera Internacional en la ciudad japonesa de Shimonoseki, la maquinaria se ha puesto en marcha para intentar que Japón no aumente su programa de caza «científica» o bloquee la creación de dos nuevos santuarios. Sin embargo, Japón pretende introducir el voto secreto para ganar más adeptos.

El peligro de que se retome la caza comercial de ballenas -tras la moratoria que se adoptó en 1986- acecha en torno a la reunión de la Comisión Ballenera Internacional (CBI) que se celebra a partir del 20 de mayo en la ciudad japonesa de Shimonoseki. Una paradoja, la de elegir esta sede, teniendo en cuenta que Japón -junto a Noruega- es el país ballenero por excelencia, y que la Comisión se creó precisamente con el propósito de garantizar la conservación adecuada de las poblaciones de estos cetáceos, amenazadas por la presión de las flotas balleneras.

Sin embargo, y a pesar de esta moratoria, las flotas japonesa y noruega continuán cazando con total impunidad en aguas antárticas y del Pacífico Norte, en el caso de Japón, y en aguas árticas los noruegos.


Más de 5.000 ballenas han sido aniquiladas con la excusa de la caza científica.

Noruega se basa para ello en una objeción formal a la moratoria y Japón aprovecha un artículo de la Convención Internacional para la regulación de la caza de ballenas que permite la captura de ejemplares con fines científicos. Sin embargo, el propio Comité Científico de la Comisión Ballenera Internacional concluyó unánimemente en 1997 que dicho programa no sirve a ningún propósito que pueda justificar la muerte de más de 5.000 ballenas desde que comenzó el programa, según explica el responsable de la campaña de ballenas de Greenpeace, Sebastián Losada.

El rorcual boreal, en peligro

Así las cosas, Japón ya ha desvelado su intención de ampliar su programa de caza «científica» en el Pacífico Norte -donde se autoasignó una cuota de 100 rorcuales aliblancos, 10 cachalotes y 50 rorcuales tropicales- a otra especie, el rorcual boreal, que además de estar protegida por la CBI desde 1976, su explotación llevó a que fuera incluida en el libro rojo de especies amenazadas. Además, la flota ballenera japonesa captura cada año 440 rorcuales aliblancos en la Antártida, en aguas del Santuario Ballenero Antártico.

Precisamente, Japón ha pedido en varias ocasiones que se revise la existencia de este santuario. Esta resolución formará parte de la agenda de la reunión del año que viene, y sólo necesita de una mayoría simple para ser aprobada. Sin embargo, para la creación de dos nuevos santuarios, el del Atlántico Sur que proponen Brasil y Argentina, y el del Pacífico Sur, propuesto por Australia y Nueva Zelanda, se necesita una mayoría de tres cuartos. Estas propuestas sí serán debatidas en la reunión de Shimonoseki, y aunque Japón -que rechaza abiertamente los santuarios- no cuenta, por lo menos de forma abierta, con tantos países aliados, la novedad de esta reunión es que el país anfitrión pide que se introduzca el voto secreto, para lo que hace falta sólo mayoría simple.

Muy cerca de la mayoría

Actualmente, dice Losada, la Agencia Pesquera de Japón cuenta con el apoyo de 10 países, a saber: Antigua y Barbuda, Dominica, Guinea, Granada, San Vicente y Granadinas, Santa Lucía, San Kitts y Nevis, Islas Salomón, Panamá y Marruecos. Los votos de estos países junto con los de China, Corea, Noruega y Rusia, que votan a favor de las tesis japonesas por interés propio, sitúan a Japón a sólo 3 ó 4 votos de tener la mayoría en la CBI. Asimismo, si en esta reunión se le devuelve a Islandia su derecho a votar -que le fue revocado en la reunión anterior tras rehusar reconocer la moratoria- Japón estaría más cerca de la mayoría, y podría superarla si otros seis países (Islas de Cabo Verde, Gabón, Togo, Gambia, Mauritania y Namibia) ceden a sus presiones, denunciadas por distintos grupos ecologistas.

No en vano, desde hace años los ecologistas vienen denunciando que Japón emplea fondos de su programa de Cooperación Internacional al Desarrollo para comprar los votos de terceros países, y así conseguir que se alineen con las tesis niponas en la CBI. Desde Greenpeace se asegura que desde 1987, Japón ha gastado al menos 360 millones de euros en tratar de acabar con la moratoria.

Si Japón y sus socios consiguen alcanzar la mayoría simple, se podrían, entre otras cosas, modificar las reglas de procedimiento o que el país nipón consolide y aumente su programa de caza científica, pero también se podría introducir el voto secreto dejando la puerta abierta al bloqueo de la creación de los dos nuevos santuarios en el Atlántico y Pacífico sur, pues aunque hagan falta los votos de tres cuartas partes de los miembros de la CBI -explica Losada- «muchos países votan en contra de Japón por la fuerte presión internacional, pero si el voto fuera secreto esta situación podría cambiar».

Lo cierto es que, futuribles aparte, esta reunión se celebra «en un momento muy díficil, pues la estrategia de Japón está dando sus frutos y hay un equilibrio de países muy ajustado», asegura Losada.

A. ACOSTAMADRID

Fuente: ABC
Abril 29, 2002