La Gran Barrera se enfrenta a un posible “El Niño” catastrófico.

Los científicos temen que un posible evento meteorológico de efectos devastadores conocido como “El Niño” haga estragos en la Gran Barrera de Arrecifes de Coral australiana, una de las maravillas naturales del mundo.

El calentamiento de las aguas del Pacífico, inundaciones en Ecuador y Perú y otros indicios señalaron la llegada del primer “El Niño” en 1997, según alertaba el Programa Mundial de Investigación Climática, con sede en Ginebra, el mes pasado.

La amenaza es muy grave ahora que los arrecifes se están recuperando de la arremetida de El Niño de 1997 y 1998 y la Gran Barrera está siendo erosionada por los millones de toneladas de sedimentos y productos químicos de las actividades agropecuarias —la ganadería y el cultivo de caña— que se vierten en la laguna del arrecife cada año.

Al respecto, Hugo Sweatman, científico del Instituto Australiano de Ciencias del Mar (AIMS), señalaba que la decoloración de 1998 provocó una grave destrucción. "A las formaciones coralinas les cuesta por lo menos una década recuperarse". La decoloración, provocada por una inhabitual subida de las temperaturas del mar, provocó que el coral perdiera el alga que le proporciona energía, con lo que se emblanqueció y, en algunos casos, murió. El coral decolorado suele recuperarse con la próxima estación fría, pero si se pierde toda el alga, se muere y los arrecifes se desmoronan.

Esta amenaza debe sumarse a las actuales, como el arrastre de fondo, que está permitido en el 50% de la Gran Barrera, y que ha sido condenado por ser una actividad altamente destructiva, comparada con la apertura de tierras ejercida bajo el agua. El arrastre de fondo de langostino implica el dragado de formaciones que se enganchan a las redes cuando se arrastran por todo el fondo marino. Este arte de pesca puede desnudar todo el fondo marino, matando formaciones coralinas, esponjas, peces y otras formas de vida marina. "Esto daña el fondo marino y destruye la vida marina vital para la supervivencia del arrecife", denunciaba Simon Cripps, de WWF.

Otras pesquerías de langostino de otros lugares del mundo se basan en la pesca con trampas, que es mucho más respetuosa con el medio ambiente. En este sentido, los resultados de un experimento con redes del arrastre llevados a cabo por la Organización de Investigaciones Industriales y Científicas de la Commonwealth, financiada por el Gobierno federal, y el Ministerio del Sector Primario de Queensland demostró que, de promedio, una única pasada de una red del arrastre puede extraer entre el 5% y el 25% de los seres epibentaicos o animales que habitan en el fondo marino. Siete pasadas de una red de arrastre en una misma zona acaban con el 90% de la vida marina. El estudio mostró que, durante los últimos veinte años, el arrastre de fondo ha reducido dramáticamente la población de esponjas, corales y otras especies vulnerables del fondo marino.

Vanessa Atkinson, de la organización ecologista Wilderness Society, comentaba: "El arrastre es un arte pesquero no selectivo que cosecha y mata miles de toneladas de vida marina cada año, incluyendo peces, mantas, tiburones y tortugas que se descartan como capturas incidentales". Proseguía señalando que por cada kilo de langostino pescado que se destina a la venta, se capturan entre 9 y 12 kilos de fauna marina que se clasifica y echa por la borda del pesquero. La mayoría de animales no sobreviven.

Esta falta de consideración por la vida marina hace que los científicos se preocupen por el hecho de si la Gran Barrera, debilitada por el egoísmo de la humanidad, sobrevivirá o no a otro “El Niño”. La Gran Barrera de Arrecifes de Coral, el organismo vivo más grande del mundo que se calcula que tiene veinte millones de años de edad, se extiende unos 2.000 kilómetros (1.200 millas) desde Papúa Nueva-Guinea hasta el sur del Trópico de Capricornio.

Fuente: Agencias, Ayaba
Abril 29, 2002