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Opinión: el ozono y los CFCs
Un agujero en el Protocolo de Montreal
En 1975 un investigador del Instituto Tecnológico
de Massachusetts (MIT), el científico mexicano-estadounidense Mario
Molina publicó en la Revista Nature una premonición catastrófica
que conmovió a la comunidad científica internacional.
La tesis de Molina expresaba que ciertos productos industriales
adelgazaban peligrosamente la capa de ozono y dejaban el camino libre a
las radiaciones solares ultravioletas, que producen enfermedades como el
cáncer o la ceguera, debilitan el sistema inmunológico y
afectan gravemente la flora y la fauna.
El mayor factor de riesgo lo constituían productos
químicos como algunos gases clorofluorocarbonos (CFCs) con vastas
aplicaciones industriales y también los extintores de incendio de
la familia de los gases halones.
No sólo la comunidad científica se hizo
eco del trabajo del profesor Molina, sino que el asunto trascendió
al ámbito industrial e impactó en la ONU.
En 1987 se suscribió el Protocolo de Montreal,
que obligó legalmente a los países firmantes a abandonar
progresivamente la fabricación y el uso de esas y otras sustancias
que fueron agrupadas bajo la calificación SAOs (sustancias agotadoras
del ozono).
Los tiempos otorgados por el Protocolo de Montreal se
fueron acortando y venciendo, y la obligatoria reconversión industrial
en la que hizo punta la industria aerosolista encontró en la mezcla
de gases hidrocarburos un sucedáneo de mucho menor precio que los
CFCs.
Lamentablemente, la misma actitud no fue asumida tan
rápidamente por otras industrias usuarias de los CFCs, como la refrigeración,
la climatización y de las espumas de poliuretano. Veinte años
después de su investigación, Mario Molina fue galardonado
en 1995 con el Premio Nobel de Química.
Los usuarios de los CFCs que aún no lo habían
hecho comenzaron a reconvertirse y los fabricantes de CFCs fueron cerrando
sus plantas elaboradoras (hubo prohibiciones en la UE, en los Estados Unidos
de América y cierres voluntarios en el cono sur).
Hoy la vulnerable capa de ozono ha comenzado a recomponerse.
Si aún se detecta el agujero sobre los casquetes polares,
es porque continúan llegando a la estratosfera los gases emitidos
10 años atrás.
Mercado negro
Ahora que está cercano el vencimiento de las fechas
de tolerancia que fijó el Protocolo de Montreal, los diferentes
calendarios estipulados para los países industriales y los emergentes
generan confusión y dejan margen para maniobras ilegales.
Algunos países se ampararon bajo el paraguas de
emergentes (China, Rusia e India) y aumentaron la producción
de CFCs, tornando difícil el control de sus exportaciones.
Es verdad que en algunos casos es realmente difícil
para los usuarios disponer de sustitutos, pero, a la inversa, también
sucede que por razones económicas persiste la resistencia a efectuar
inversiones para incorporar innovaciones técnicas en los equipos,
a pesar de que es factible hacerlo.
Una investigación de Julián Newman (miembro
de una ONG británica que vigila el tráfico ilegal de especies
en extinción, maderas y SAOs), que reprodujo una publicación
de la Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP) denuncia
que a sólo 10 años del Protocolo de Montreal los CFCs ingresados
ilegalmente por el puerto de Miami ocupaban el segundo lugar, en términos
de valor, entre las mercaderías contrabandeadas.
Los países que compran CFCs en el mercado negro
se hacen de sustanciales diferencias porque suelen pagarlos a precio de
saldo: un contenedor de soló 20 toneladas puede dejar un beneficio
de más de un cuarto millón de dólares. No es exagerado
el calificativo de mafioso si se toma en cuenta que el contrabandista que
le vendió a Alemania SAOs de origen chino fue acusado de venderle
a ese mismo país piezas de misiles.
En otros casos fueron detenidos camellos
del narcotráfico contrabandeando CFCs en la frontera mexicano-estadounidense.
Otro mecanismo para burlar las prohibiciones del Protocolo de Montreal
es simular procesos de reciclado cuando en verdad se trata de producciones
nuevas, ocultándolas a la sombra de la disposición de la
ONU que creó un fondo multilateral para aquellas empresas nacionales
que acepten reconvertirse o para las que se dediquen a reciclar los CFCs.
La trampa por la vía de la autorización
del reciclado permitió que en sólo dos meses de 1997 ingresaran
a los Estados Unidos 350 toneladas de halon que teóricamente habían
sido recicladas en China.
Para tener una idea de lo que significan esas 340 toneladas
ha de tenerse presente que la planta más moderna de reciclado no
superaba las 70 toneladas anuales.
El cambio de destino es otra de las maniobras. A mediados
de los 90 algunos intermediarios (particularmente del Reino Unido) importaron
grandes cargamentos de Rusia con el objetivo declarado de enviarlos a los
países emergentes favorecidos por los plazos mayores de tolerancia
en el calendario, pero lo cierto es que esos cargamentos terminaron en
el mercado negro europeo y estadounidense.
Cuando los estadounidenses descubrieron las maniobras
de contrabando y lanzaron la Operación Brisa Fresca, en 1995 por
la Florida ya habían ingresado 9000 toneladas de CFCs en sólo
dos años. Empresas fantasma del Reino Unido y de Alemania contrabandearon
800 toneladas de CFCs que terminaron en el Reino Unido, Italia, Bélgica,
Grecia, Francia, Alemania, Hungría y los Estados Unidos.
India, Pakistán, Malasia, Indonesia y Vietnam
han crecido como centros de contrabando en la medida en que al resto de
los países se les hace más difícil conseguir los CFCs
producidos legalmente.
Con todo, el futuro de los contrabandistas verá
achicarse sus márgenes de maniobra en la medida en que las plantas
de China, Irán e India, entre otras, acaben cerrándose para
cumplir los compromisos internacionales que esos países suscribieron.
Hasta que se logre un consenso internacional efectivo
para evitar las producciones ilegales, el contrabando no sólo sobrevivirá
sino que se hará más redituable (a menor oferta mayor valor).
Países como el nuestro tendrán que cubrir
el vacío legal existente y sancionar las normas complementarias
que demandan los compromisos suscriptos recordar que tras la reforma
constitucional de 1994 el Protocolo de Montreal es ley de leyes y
capacitar a los aduaneros que seguramente tienen más experiencia
para detectar un contrabando de cigarrillos que para pesquisar el ingreso
fraudulento de sustancias agotadoras de la capa de ozono.
Por Súlim Granovsky: Coordinador de programas
escolares de esclarecimiento sobre la problemática atmosférica
y ex presidente de la Cámara Argentina del Aerosol (CADEA)..
Fuente: Página 12
Abril 27, 2002
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