El axolote, en serio peligro en México
La contaminación redujo el número de
ejemplares de la especie.
El suburbio de Xochimilco, en el sureste de la Ciudad de México,
es conocido por los mexicanos principalmente como lugar de excursión.
Lejos del ruido y del smog de la metrópoli, lo que queda de un antiguo
lago y un amplio sistema de canales invitan a realizar paseos en bote.
Los canales
de Xochimilco son también el ecosistema del axolotl o ajolote (ambystoma
mexicanum), una especie de salamandra que vive en el fondo del agua, cuyas
características han fascinado durante generaciones a científicos
de todo el mundo. Pero mientras que en varias universidades extranjeras
se lo cría con fines de investigación, la creciente urbanización
y la contaminación del agua están poniendo en peligro a este
pequeño animal en su hábitat natural.
Los ambientalistas mexicanos han dado la señal de alarma. Según
el biólogo Esteban Prado, coordinador del proyecto para el rescate
del axolotl, el número de estos anfibios de 30 centímetros
de largo se ha reducido drásticamente.
El axolotl es todavía un misterio para los científicos que
estudian cómo renueva las partes de su cuerpo.
Si hace cinco
años los pescadores todavía recogían en sus redes unos
20 axolotl por día, ahora a lo sumo capturan uno o dos.
En una isla situada entre los canales de Xochimilco, la organización
"Umbral Axochiatl" dirigida por Prado ha puesto en marcha una
pequeña estación de investigación donde tienen axolotl
de distintos tamaños y edades en acuarios.
A diferencia de la mayoría de los demás anfibios, el axolotl,
que sólo se desarrolla en Xochimilco, no atraviesa por ningún
tipo de metamorfosis y permanece toda su vida en estado larval.
El fenómeno es conocido bajo el nombre de neotenia y se debe a una
insuficiencia de la tiroides. Pero no sólo esa es la razón
por la cual el axolotl interesa a la ciencia, sino también por su
capacidad de renovar partes de su cuerpo y órganos internos.
El nombre axolotl proviene del náhuatl -la lengua azteca- y está
formado por la conjunción de las palabras atl (agua) y xolotl, nombre
de un dios. Pero aun con nombre sagrado, este animalito no se salvaba en
tiempos prehispánicos de ir a parar a la olla. Y además de
servir de alimento, se le atribuían propiedades curativas.
En 1864 investigadores franceses que llegaron a México como parte
de una invasión militar se llevaron Europa por primera vez un axolotl
vivo y no pudieron salir de su asombro cuando empezaron a ver su metamorfosis.
Sacado de su hábitat pobre en yodo en las tierras altas de México,
empezaron encogérsele las branquias, las piernas le crecieron y comenzó
a caminar en la tierra.
Como la neotenia no necesariamente es algo definitivo en la estructura genética
del axolotl, la metamorfosis también puede provocarse dándole
alimento a base de glándula tiroidea. En su forma terrestre, el axolotl
se parece a las salamandras.
La idea es impedir que al axolotl le vaya tan mal como a una especie emparentada
del lago de Pátzcuaro, unos 300 kilómetros al oeste de Ciudad
de México: se dice que en un convento de monjas dominicas la utilizan
para elaborar un jarabe para la tos con una receta secreta.