EL ÁGORA
Árboles contra el cambio climático

CARLOS DE ZAYAS

Los meses de mayo, junio y julio transcurrieron sin una gota de agua sobre las Islas, que sin embargo se beneficiaron de un invierno históricamente lluvioso. Estos hechos manifiestan de forma impactante el cambio climático que estamos sufriendo, y según el último informe del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC), va a tener en todo el área mediterránea unas consecuencias especialmente serias e inmediatas: disminución e irregularidad de las precipitaciones con grandes temporadas de sequía absoluta; aumento del nivel del mar que conducirá a una retracción significativa de las playas; degradación de la cubierta vegetal con la consiguiente desertificación del paisaje; olas de calor con impactos sobre la salud y la llegada de nuevas enfermedades. Ni que decir tiene que tanto el turismo tradicional como el residencial se resentirán gravemente, máxime cuando el clima en los países de procedencia va a ser más benigno.

La Unión Europea que lleva asumiendo el liderazgo a escala planetaria de la lucha contra el cambio climático, se propone reducir en un 50% sus emisiones de gases de efecto invernadero para el 2050 para que las consecuencias de dicho cambio no se conviertan en un desastre de difícil reversión. En estas circunstancias es ya archisabido que tenemos que reorganizar completamente nuestro modo de vida para consumir menos energía tanto en el hogar como en el transporte y en el lugar de trabajo. Nuestro segundo gran esfuerzo debe centrarse no sólo en conservar sino en ampliar las masas forestales, sumideros de ingentes cantidades de CO2. En esta línea es prioritario organizar convenientemente a escala de toda España la lucha contra los incendios forestales cuya frecuencia y gravedad se incrementarán por la sequedad del ambiente, debido a que hoy están casi abandonadas las tareas de gestión y limpieza de los bosques. Para tratar estas cuestiones, el pasado 23 de junio tuvo lugar en Barcelona el Primer Encuentro Internacional de Amigos de los Árboles, organizado por Maderas Nobles de la Serra de Segura (www.maderasnobles.net) una empresa agroforestal que ofrece inversiones en lotes de árboles. A dicho Encuentro asistieron, entre otros, representantes de las organizaciones ecologistas: López Uralde de Greenpeace insistió en el incremento de la presión para arrasar bosques tropicales que se está produciendo para generar agrocombustibles; Theo Oberhuber de Ecologistas en Acción enfatizó la destrucción de la cubierta forestal que tiene lugar en todas nuestras costas mediterráneas por la fiebre de construcción de urbanizaciones e infraestructuras; el que esto escribe, representando a Amigos de la Tierra, planteó la creciente dificultad para llevar a cabo las reforestaciones en las áreas mediterráneas como consecuencia del cambio climático. No basta con afirmar como hizo el último Govern balear, que planta 200.000 árboles anualmente, si no lleva a cabo las laboriosas y complejas tareas de asegurar durante los primeros años la supervivencia de los frágiles plantones, cosa que lamentablemente no ha ocurrido.

Al citado Encuentro asistió el mismísimo Al Gore, quien en plan estrella removió otra vez nuestras conciencias en línea con su libro y su documental Una Verdad Incómoda . Cuando uno, en una breve charla, le puntualizó a Al Gore que el mundo sería otra cosa si él fuera el presidente de Estados Unidos en lugar de Bush, me contestó que quizás él hubiera cometido «otros errores». Y al preguntarle si sería otra vez candidato, dijo que él «no hacia política», pero yo le indiqué si no era política pura su cruzada a escala planetaria contra el cambio climático.

Este fenómeno es sin duda la cuestión clave a la que se enfrenta la humanidad, que para mayor desgracia está en explosivo crecimiento demográfico y sufriendo la creciente brecha de riqueza entre los países desarrollados y los del hemisferio Sur, cuyas gentes sufren todavía más que nosotros los efectos del cambio climático y la deforestación. Los más capaces deciden arriesgar sus vidas en un dramático esfuerzo para arribar a nuestras costas, como está ocurriendo últimamente.

Fuente: El pais
Agosto11, 2007