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En el borde del Sector Antártico Argentino
Un sismo de gran magnitud conmovió la
Base Orcadas
* Provocó una gran ola que quebró la barrera de hielo
que rodea la zona
* El epicentro se ubicó a 70 kilómetros del asentamiento
y a 10 kilómetros bajo la superficie
* No hay daños mayores en la estructura de las instalaciones
Los trece hombres -nueve de la Armada, dos de la Fuerza Aérea
y dos guardaparques- que dormían en la casa colonial de la Base
Orcadas, asentada sobre pilotes telescópicos de plástico
y hierro de dos metros de altura, se despertaron sobresaltados: el ambiente
se había llenado de ruidos extraños, los estantes se sacudían,
libros, vasos y platos caían al suelo, los vidrios se hacían
trizas...
"En mi caso, éramos cuatro compañeros y nos sorprendimos
por la intensidad del movimiento -cuenta, a través de una comunicación
por radio, el capitán de fragata Ricardo Gardé, jefe de la
base-. Durante todo el día habíamos estado soportando un
temporal con vientos de hasta 15 km por hora y pensamos que esto era una
ráfaga más fuerte, pero por la duración y magnitud
del temblor nos dimos cuenta de que era algo más..."
Era la 1.37 de la madrugada del lunes último y la Base Orcadas
se agitaba. El primer movimiento duró algo más de 40 segundos
y alcanzó una magnitud de 7,5 grados en la escala de Richter. Gardé
lo confirmó con el operador de la estación sismológica,
el guardaparques Gerardo Carreras. Alrededor de 30 minutos después
se sintió la primera réplica.
Gardé -que es mendocino y está familiarizado con los ataques
de mal humor repentino que pueden hacer bramar la corteza terrestre- se
dio cuenta rápidamente de que estaban en medio de un terremoto de
singulares proporciones. A algunos de sus colegas, la ira del planeta "les
hizo subir un poquito la presión o les dio algo de taquicardia -cuenta-.
Pero se los trató rápidamente, aunque la enfermería
era un caos: se habían caído instrumentos, frascos y tubos
de oxígeno. Por suerte no hubo heridos". Tampoco se dañó
el resto de las construcciones, veinte en total, que es de madera y, por
lo tanto, antisísmica.
La Base Orcadas es la más antigua estación científica
de la Antártida: se apresta a cumplir cien años el próximo
22 de febrero. "Parece que empezaron los festejos antes de tiempo",
bromea el geólogo Sergio Marenzi, del Instituto Antártico
Argentino. Y agrega: "La Argentina es el país que más
bases permanentes mantiene en la Antártida, son seis".
Episodio mayor
Según los científicos, para hacerse una idea de la dimensión
del movimiento que se percibió en Orcadas, cabe mencionar que los
sismos de magnitud superior a 7 grados se consideran mayores. Se producen
unos 18 por año.
"Una magnitud 6,3 grados involucra una liberación de energía
similar a la explosión de la bomba atómica de Hiroshima -explica
el geofísico José Miguel Febrer, sismólogo del instituto-.
El que afectó a la Base Orcadas alcanzó los 7,5 grados; fue
equivalente a más de sesenta veces la que liberó aquella
explosión. Fue mayor que el que destruyó Caucete en 1977."
El epicentro del terremoto se ubicó a 70 km de la base y a 10
km de profundidad, y los investigadores estiman que puede haber producido
una fractura de decenas de kilómetros.
Según afirma Febrer, en el último siglo no había
antecedentes de percepción directa de actividad sísmica en
Orcadas, si bien los registros de la estación sismológica
documentan actividad frecuente de bajo nivel, además de sismos relacionados
con el arco de las islas Sandwich, ubicado a 1100 km al este .
En la Placa Scotia ( ver infografía ) se registraron desde 1929
ocho sismos de magnitud mayor que 7, cuatro de ellos vinculados con el
arco de las Sandwich, uno en Tierra del Fuego (que cambió la geografía,
alteró los cursos de los ríos y cuyas réplicas duraron
un año), en 1949; uno al este de la isla de los Estados, en 1970;
uno en 1983, al este del extremo de la península antártica,
y el de este último lunes, en Orcadas.
"La actividad sísmica se ubica recurrentemente sobre los
bordes de la Placa Scotia. Desde el punto de vista geológico, se
trata de una zona particular de la Tierra que presenta mucho interés
para los investigadores", explica Febrer.
También geólogo del instituto, Rodolfo Del Valle detalla
que el planeta tiene un enorme potencial energético. Las placas
litosféricas tienen tres tipos de límites entre sí:
aquellos en los que se crea fondo oceánico y se separan (por ejemplo,
la dorsal centroatlántica), aquellos en los que se juntan (como
ocurre en el Pacífico, a la altura de San Juan, Mendoza y Santa
Cruz, y cuya consecuencia es una arruga en la corteza, como la cordillera
de los Andes), y aquellos en que el movimiento es tangencial o paralelo,
llamado conservativo .
"En este caso, el sismo produjo también grandes olas -dice
Febrer-. Lo más notable fue la ruptura de la banquina de hielo:
en esta parte del año, el mar que rodea las islas está congelado
y eso amortiguó la onda marina, pero se quebraron partes del pack
, que alcanza tres o cuatro metros de profundidad y más de 17 km
de ancho. Allí se abrió un camino que se pierde en el horizonte.
Incluso hubo desmoronamientos y caída de rocas en las montañas."
Pasadas las primeras horas, la base retoma sus tareas normales. "En
este momento tenemos unas cinco horas diarias de luz -cuenta Gardé-.
Las temperaturas rondan los treinta grados bajo cero, con sensaciones térmicas
de alrededor de 60 bajo cero, aunque en este momento estamos en un "veranito",
con uno o dos grados bajo cero. Sin viento, se puede circular. Desde el
lunes, hubo cinco réplicas, algunas de 5 puntos, pero de a poco
nos vamos acostumbrando."
Los investigadores, por su parte, reanudan sus estudios: analizarán
desde el punto de vista geológico y geodésico el abundante
e inusual material que ofreció el sismo.
Por Nora Bär
Fuente: La Nación (Argentina)
Agosto 8, 2003
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