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La sustentabilidad, el capital agrícola
Rosario - Rotación, biodiversidad, fertilización, biotecnología
y balance nutricional del suelo son los elementos esenciales que integran
el paquete productivo de la siembra directa.
Desde esta visión, la concepción del suelo como el principal
capital para lograr una agricultura sustentable, tanto desde el punto
de vista agronómico como económico, el es punto de partida
para incrementar la productividad del suelo.
“Es preciso comprender que la siembra directa no es sembrar directamente,
sino que involucra un cambio de paradigmas en los sistemas productivos”,
señaló el presidente de la Asociación Argentina
de Productores de Siembra Directa (Aapresid), en el marco del 11° Congreso
internacional de la entidad, que se desarrolla en esta ciudad desde el
martes último y que culmina hoy.
Bajo el lema “Darse cuenta”, el encuentro tiene este año
por objetivo concientizar a los productores sobre las ventajas ecológicas,
económicas y productivas de una agricultura sustentable.
Contó con la participación de más de 1.800 asistentes
de todo el país; un número más que significativo,
si se tiene en cuenta que Aapresid aglutina a 1.200 empresarios agropecuarios.
Tendencia en aumento
En la actualidad, la penetración de la siembra directa en el
país alcanza las 14 millones de hectáreas, según
las proyecciones de la entidad anfitriona. Se trata de alrededor del
50 por ciento de la superficie total del país dedicada a la agricultura.
“La siembra directa llegó para quedarse, estamos en la
curva exponencial de crecimiento y creemos que, en el mediano plazo,
este sistema productivo abarcará el 75 por ciento de la superficie
cultivable del país”, anticipó a La Voz del Campo
Jorge Romagnoli, vicepresidente de Aapresid.
El directivo se refirió a los inconvenientes de producir un solo
cultivo. “Las variedades de ciclo corto, los barbechos largos y
limpios en planteos de monocultivo resultarán agravantes en el
deterioro del suelo”, advirtió. “Hacer sólo
soja, implica que el suelo está cubierto sólo tres o cuatro
meses al año y el resto permanece desnudo, lo que facilita su
deterioro”, agregó.
Remarcó que, en lo inmediato, los suelos no se valorarán
por su ubicación ni por su clasificación (uno o dos, en
la escala de productividad), sino por la capacidad de retención
de agua, la materia orgánica acumulada y la productividad.
Por lo pronto, ya hay algunos avances en el cuidado del principal capital
del productor. Si consideramos los seis principales cultivos del país
(trigo, soja, maíz, girasol, sorgo y maní), la utilización
de la labranza cero alcanza el 65 por ciento; mientras que en Brasil,
no supera el 40 por ciento y, en el mundo, no llega a tres por ciento
del total.
“Esto demuestra que, en siembra directa, queda todo por hacerse”,
remarca José María Borleto, presidente de la Regional Córdoba
de Aapresid.
Para el productor, en toda la provincia, el uso de este modelo conservacionista
alcanza al 75 por ciento de la superficie sembrada con los principales
cultivos.
Alejandro Carrizo Enviado especial a Rosario
Fuente: La Voz del Interior (Córdoba - Argentina)
Agosto 29, 2003 |