En 2001 se
conocieron casos de sembrados de maíz ecológico en Navarra en el
que, tras unos análisis, se detectaron trazas de transgénicos
de procedencia desconocida.
Según ambas organizaciones ecologistas, este caso es sólo
una muestra de lo que ya ha empezado a ocurrir en España en
medio del ocultismo de las grandes compañías de biotecnología
agraria, el "miedo" de algunos agricultores a las presiones
de éstas, la falta de resortes legales y el silencio o la ignorancia
del Gobierno.
Riesgos
"El Ministerio de Agricultura no facilita datos oficiales de
cuánta superficie ni dónde están los campos" que
producen maíz de laboratorio, señaló en rueda
de prensa Juan Felipe Carrasco, responsable de la campaña sobre
transgénicos de Greenpeace. Los cálculos aproximados
hablan de una producción de 300.000 toneladas y entre 25 y 30.000
hectáreas de terreno dedicados a tal fin.
Desde 1998 se cosecha comercialmente en España una variante
de maíz "gm", el Bt 176, de la multinacional Syngenta
(resultado de la fusión de Astra Zéneca y Novartis),
una de las autorizadas por la UE antes de que entrara en vigor la moratoria
vigente desde 1999 que veta nuevos permisos. En este lustro, ni Syngenta
ha presentado el preceptivo plan de prevención que se le exigía
en el 2000 para evitar cruces genéticos indeseados con cultivos
no transgénicos -la polinización accidental está más
que demostrada por factores como el viento, pájaros, insectos,
etc- ni el Ejecutivo "ha sido capaz de evaluar los impactos de
estas variedades en el medio ambiente, sus resultados y los riesgos
de contaminación, subrayó Carrasco. Más aún,
en febrero de este año autorizó cinco nuevas variedades
de maíz "gm" fabricadas por Syngenta, Monsanto y otras
corporaciones.
En su estudio, Greenpeace y Amigos de la Tierra recalcan los peligros
ciertos que las semillas "gm" representan para riesgos para
la biodiversidad y las variedades tradicionales. Los transgénicos,
diseñados para resistir el ataque de herbicidas y de plagas,
acaban por generar además resistencias en insectos y parásitos,
que se hacen inmunes y exigen un mayor uso de insecticidas cada vez
más potentes.
A la cadena alimentaria
El Bt 176 supuestamente resiste la plaga del taladro del maíz,
que en España "no es un problema", insiste Greenpeace
. Tampoco produce más que las variedades tradicionales. "Incluso
un 10% menos de media", recalcó Carrasco.
Además de producir maíz modificado, España importa
millones de toneladas de soja y maíz transgénicos, destinado
a piensos ganaderos sobre todo, pero también a usos alimentarios,
cosméticos, y otros. En este contexto, la falta de información
y transparencia oficial, y el secretismo de las empresas convierte
en papel mojado la libertad de elección del consumidor español.
Los transgénicos "llegan a la cadena alimentaria",
aseguró Liliane Spendeler, coordinadora del área de biotecnología
de Amigos de la Tierra, y si no se establecen medidas de precaución,
su infiltración será casi total. En medio de una intensa
polémica científica y comercial, los efectos de los "ogm"s" en
el organismo humano están aún por evaluar y debe primar
-sostienen los ecologistas- debe primar el principio de precaución.
Fuente: Heraldo (España)
Agosto 27, 2003 |