Ecologistas denuncian la contaminación transgénica de los cultivos tradicionales en España
Greenpeace y Amigos de la Tierra recalcan los peligros ciertos que las semillas "gm" representan para riesgos para la biodiversidad y las variedades tradicionales. La empresa distribuidora de las semillas no ha presentado un plan de prevención para impedir cruces.

COLPISA. Madrid | En plena batalla entre EEUU y Europa por la comercialización de alimentos transgénicos, España es "territorio conquistado" por las grandes multinacionales de la biotecnología, que la han convertido en el único país de la UE que permite el cultivo a gran escala de maíz "gm", genéticamente modificado. Esta "rareza" en medio de una UE que resiste las presiones estadounidenses y mantiene el veto a las nuevas variedades de semillas, empieza a tener consecuencias indeseadas para los cultivos tradicionales, el medio ambiente y los hábitos de consumo. En su informe "Al Grano: Impacto del maíz transgénico en España", Greenpeace y Amigos de la Tierra denuncian la creciente contaminación de cultivos tradicionales con organismos genéticamente modificados (ogm"s).
Imagen de un campo de maíz transgénico
Fotógrafo: GOBANTES

En 2001 se conocieron casos de sembrados de maíz ecológico en Navarra en el que, tras unos análisis, se detectaron trazas de transgénicos de procedencia desconocida.

Según ambas organizaciones ecologistas, este caso es sólo una muestra de lo que ya ha empezado a ocurrir en España en medio del ocultismo de las grandes compañías de biotecnología agraria, el "miedo" de algunos agricultores a las presiones de éstas, la falta de resortes legales y el silencio o la ignorancia del Gobierno.
Riesgos

"El Ministerio de Agricultura no facilita datos oficiales de cuánta superficie ni dónde están los campos" que producen maíz de laboratorio, señaló en rueda de prensa Juan Felipe Carrasco, responsable de la campaña sobre transgénicos de Greenpeace. Los cálculos aproximados hablan de una producción de 300.000 toneladas y entre 25 y 30.000 hectáreas de terreno dedicados a tal fin.

Desde 1998 se cosecha comercialmente en España una variante de maíz "gm", el Bt 176, de la multinacional Syngenta (resultado de la fusión de Astra Zéneca y Novartis), una de las autorizadas por la UE antes de que entrara en vigor la moratoria vigente desde 1999 que veta nuevos permisos. En este lustro, ni Syngenta ha presentado el preceptivo plan de prevención que se le exigía en el 2000 para evitar cruces genéticos indeseados con cultivos no transgénicos -la polinización accidental está más que demostrada por factores como el viento, pájaros, insectos, etc- ni el Ejecutivo "ha sido capaz de evaluar los impactos de estas variedades en el medio ambiente, sus resultados y los riesgos de contaminación, subrayó Carrasco. Más aún, en febrero de este año autorizó cinco nuevas variedades de maíz "gm" fabricadas por Syngenta, Monsanto y otras corporaciones.

En su estudio, Greenpeace y Amigos de la Tierra recalcan los peligros ciertos que las semillas "gm" representan para riesgos para la biodiversidad y las variedades tradicionales. Los transgénicos, diseñados para resistir el ataque de herbicidas y de plagas, acaban por generar además resistencias en insectos y parásitos, que se hacen inmunes y exigen un mayor uso de insecticidas cada vez más potentes.

A la cadena alimentaria

El Bt 176 supuestamente resiste la plaga del taladro del maíz, que en España "no es un problema", insiste Greenpeace . Tampoco produce más que las variedades tradicionales. "Incluso un 10% menos de media", recalcó Carrasco.

Además de producir maíz modificado, España importa millones de toneladas de soja y maíz transgénicos, destinado a piensos ganaderos sobre todo, pero también a usos alimentarios, cosméticos, y otros. En este contexto, la falta de información y transparencia oficial, y el secretismo de las empresas convierte en papel mojado la libertad de elección del consumidor español.

Los transgénicos "llegan a la cadena alimentaria", aseguró Liliane Spendeler, coordinadora del área de biotecnología de Amigos de la Tierra, y si no se establecen medidas de precaución, su infiltración será casi total. En medio de una intensa polémica científica y comercial, los efectos de los "ogm"s" en el organismo humano están aún por evaluar y debe primar -sostienen los ecologistas- debe primar el principio de precaución.

Fuente: Heraldo (España)
Agosto 27, 2003