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Contaminación y medio ambiente: una
deuda social
Sobre el futuro de la provincia del Neuquén hay mucho para discutir;
pero lo que ya constituye cosa juzgada es que cualquier desarrollo
tendrá en el adecuado aprovechamiento de los recursos naturales
renovables, agua dulce, tierra y aire.
Con esta certeza, lo que corresponde es trabajar con criterio sano y rígido
en la preservación de esos elementos que asumen características
de vitales. En consecuencia, resulta casi elemental que los administradores
del Estado lideren agresivas políticas de adecuado aprovechamiento
y cuidado de estos factores.
Pero la realidad es otra, bastante alejada de aquellos criterios de racionalidad
que el imperativo del futuro está marcando. En esta provincia no
solamente contaminan las empresas petroleras que -justo es reconocerlo-
han mejorado mucho su histórica agresividad con la naturaleza, pero
lejos están de llevar adelante actividades inocuas, sino que organismos
del propio Estado, por acción u omisión, generan casos emblemáticos
de alteración del orden natural.
En la provincia del Neuquén la protección del medio ambiente
se regula por medio de la ley N° 1.875 y en forma más específica
por la ley N° 899, el Código de Aguas, en cuanto a la calidad
de los vertidos a los cuerpos receptores hídricos, tanto superficiales
como subterráneos. En nuestra opinión, esta última
necesita una actualización teniendo en cuenta la revalorización
que en el mundo se ha hecho en los últimos años del recurso
agua, conceptos que en forma rápida hay que adoptarlos en esta región,
poseedora de acuíferos de extraordinaria importancia tanto en cantidad
como en calidad. Se trata de uno de los grandes desafíos que se
deben cumplir con rapidez, para que esta cuestión privilegiada no
se transforme en un motivo de acechanza para intereses ajenos a la región
y el país.
Si bien el discurso oficial dice otra cosa, la realidad demuestra que los
órganos de contralor no cumplen con las funciones que son de su
competencia; en otras palabras, el Estado provincial no ejerce en plenitud
el poder de policía que le confiere y exige la ley.
Los monitoreos sobre los cursos de agua no se realizan con la periodicidad
adecuada, a pesar del celo y buena voluntad expresados por los técnicos,
quienes no cuentan con los elementos necesarios para llevar a cabo su labor
(medios de movilidad, viáticos, instrumentos, etc). En esta materia,
como en tantas otras, no alcanza con la buena voluntad de una de las partes.
La eficacia tiene directa relación con decisiones desde los niveles
de conducción.
El río Limay -históricamente caracterizado por la calidad
de sus aguas- no solamente ha sido alterado en su natural conformación
por las grandes obras de embalse y generación eléctrica,
sino que desde los distintos asentamientos humanos levantados en sus márgenes
se vuelcan elementos contaminantes con total impunidad.
Desde Piedra del Aguila, Picún Leufú, Senillosa, Plottier
y Neuquén Capital se vierten efluentes cloacales sin el tratamiento
correspondiente. La ciudad capital, si bien cuenta con la planta de Tratamiento
Tronador, derrama sobre el Limay el 70% de los caudales que trasladan las
cañerías troncales del sistema de cloacas, ya que la planta
sólo tiene capacidad para tratar el 30% de los mismos.
Otros vertidos contaminantes son los que se originan en las industrias
jugueras y algunos aserraderos en la zona de Plottier. El arroyo Durán,
ya en la ciudad de Neuquén, también suma sus aportes, que
a la vez es tributario de conexiones cloacales clandestinas y de aportes
de desagotes de los canales de riego que generalmente transportan restos
de plaguicidas. El arroyo Villa María también hace aportes
contaminantes.
Sobre el río Neuquén la situación es de idénticas
características, ya que recibe efluentes desde Añelo, San
Patricio del Chañar, Vista Alegre, Centenario y el parque industrial
de Neuquén que, aun disponiendo de una planta de tratamiento, vierte
al río efluentes contaminantes debido al mal funcionamiento de la
misma.
Una especial consideración merecen los casos de Cutral Co y Plaza
Huincul, donde hay actividad industrial importante (metanol, destilería
Repsol, etc.); pero los vertidos sin tratamiento provienen de las comunidades
arriba mencionadas, que descargan sus efluentes en un cañadón
conocido como Cañadón Zapala y a simple vista,
por el desarrollo vegetativo en el cañadón mencionado, se
puede determinar que transporta una alta carga orgánica. Este proceso
trae aparejada la contaminación de las napas freáticas.
Aquí estamos ante otro caso emblemático de responsabilidad
del Estado, ya que el sistema de tratamiento existente en esas localidades
tampoco funciona.
En el interior de la provincia la situación es parecida, con la
agravante de que no se realizan los monitoreos correspondientes, pues existen
plantas de tratamiento, pero a raíz de la falta de mantenimiento
la calidad del efluente supera ampliamente los parámetros establecidos
por reglamento. Como casos particulares se pueden citar los de Copahue
y Caviahue, en donde los desechos cloacales se vuelcan sin ningún
tipo de tratamiento, bajo la creencia de que la calidad de las aguas que
los reciben rechaza cualquier tipo de contaminación.
Este panorama, que seguramente podrá ampliarse con un estudio más
en profundidad de caso por caso, debe constituir un llamado de atención
para los gobernantes en particular, pero fundamentalmente para la sociedad,
que debe promover y exigir rápidas correcciones de estas políticas
formales en el cuidado de los recursos naturales.
Para comprender el valor de lo que se está dañando hay que
volver al concepto planteado en el primer párrafo de esta nota.
Porque nadie discute hoy que en la abundancia, diversidad y calidad de
nuestros recursos renovables se encuentra el reaseguro de un futuro digno
para los neuquinos y habitantes de la región en general. Claro que
si hoy depredamos o no somos cuidadosos en su utilización, seguramente
las generaciones futuras sólo podrán vivir del recuerdo de
lo que pudo ser y que la imprevisión y falta de solidaridad dilapidaron.
Por Ricardo Villar - Diputado provincial bloque Alianza Neuquén
y Eduardo Angel Ferreyra Ingeniero asesor
Fuente: Río Negro (Río Negro - Argentina)
Agosto 26, 2003
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