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Medio ambiente y política
El excelente editorial de LA NACION del 19 de julio de este año
advierte sobre el peligro ambiental que acecha a la Reserva Ecológica.
A su acertada apreciación de los factores que confluyen al daño,
añadiríamos una reflexión sobre el riesgoso potencial
de las promesas electorales en zonas aledañas.
Generalizando, el cuidado de las estructuras naturales y culturales de
la ciudad debería ocupar un rango en que las circunstanciales ideas
proselitistas de los políticos no configuren promesas de dudosa
factibilidad o beneficio.
Hemos leído, por ejemplo, declaraciones que tienen trascendencia
al ser formuladas en campaña para la jefatura del Gobierno de la
Ciudad.
Se propone convertir a la costanera en un "corredor verde" (sic)
rellenando la costa con los escombros de las demoliciones. Sobre ellos
se montaría un espacio verde (LA NACION, 27 de junio último,
página 21). No nos queda claro cómo se materializaría
la unión de las costaneras Sur y Norte o si éstas seguirían
siendo independientes. No obstante, nos permitimos formular algunas reflexiones:
a) La principal degradación existente del sentido del paseo costanero
actual se debe a los conjuntos edilicios montados sobre rellenos en el
río.
b) Es al menos poco prudente, en las circunstancias actuales, el anuncio
de un proyecto semejante sin tener un estudio previo de impacto ambiental,
que es posible que lo desaconsejara.
c) La totalidad de las demoliciones de los últimos cinco años
no alcanzaría para rellenar ni una cuadra de un proyecto de tal
envergadura, con lo cual la estrategia planteada sería nula.
d) La gran vulnerabilidad de Buenos Aires a las inundaciones es, en gran
medida, debida precisamente a la enorme superficie de terrenos históricamente
ganados al río.
e) Se está proponiendo el "reciclaje" (sic, misma fuente)
de un hito cultural existente y vigente, cuyo valor histórico y
patrimonial conviene puntualizar:
El paseo costanero tuvo también, como el aludido proyecto, la intención
de acercar a los pobladores de la urbe al río, ya que las instalaciones
portuarias y anexas, las zonas anegadizas y los accesos rudimentarios de
ese período impedían su contacto, cosa que no sucedía
en otras ciudades establecidas sobre la costa. Se pretendía también,
igual que en este caso, "hermosear la visión de Buenos Aires
para quien arribara de ultramar". (Memoria Intendencia Martín
Noel - 1926.)
Este paseo, inspirado en la Costanera de Niza, tuvo un enorme éxito
durante treinta años (aproximadamente, de 1925 a 1955) hasta que
comenzó su progresiva degradación posterior.
El conjunto se instaló a partir del balneario ideado por Benito
Carrasco en 1916 y para su diseño el intendente Martín Noel
convocó, en 1922, al ya reputadísimo urbanista-paisajista
Forestier, quien vino de Francia especialmente para esta obra.
La realización de la parte más relevante de ambos sectores
de la Costanera fue ejecutada por una de las empresas mejor consideradas
del mundo, la alemana Siemens Bauunion, mientras que las magníficas
construcciones complementarias de su sector sur -los restaurantes, los
quioscos, la cervecería Munich- fueron proyectadas por Andrés
Kalnay, uno de los más interesantes arquitectos que actuaron en
el país en ese período.
La costanera sur culminaba con el magnífico edificio de Le Monnier
para el Yacht Club Argentino, rodeado hoy, lamentablemente, por un contexto
que lo desnaturaliza.
La parquización fue diseñada por Carlos Thays, respetando
la original de Benito Carrasco y sabiamente sobria para no competir con
el tema principal: el río. Y, finalmente, presidieron la inauguración
de sus primeros tramos el heredero de la corona de Italia, príncipe
de Piamonte -luego Humberto I de Saboya- y el presidente Marcelo Torcuato
de Alvear.
Entendemos que la carga patrimonial que otorga la suma de personalidades
(Carrasco, Noel, Forestier, Kalnay, Le Monnier, Thays, Siemens - Bauunion,
Alvear) sumada a la calidad del resultado, es demasiado fuerte como para
considerar otra cosa que el rescate y la puesta en valor de su sentido
de paseo costanero. Una función que en alguna medida, especialmente
en su sector norte, todavía mantiene a pesar de las nocivas intervenciones
que la degradan.
En el sector sur sólo la laguna de los coipos -lindante con el paseo
y a pesar de su enorme desnivel con el Río de la Plata, pero siendo
finalmente un curso de agua- le sigue confiriendo a ese sector el sentido
de costanero.
El paseante así lo advierte. Cualquier domingo la costanera que
bordea el agua es un tumulto de gente deambulando animadamente. En cuanto
el agua de la laguna es reemplazada por los pajonales del siguiente tramo
de la reserva, se vuelve muy escasa la concurrencia.
En los últimos años una interesante iniciativa de la dirección
de la Reserva Ecológica, consistente en prolongar esta laguna a
lo largo del murallón costanero, fue lamentablemente desoída.
La Costanera Norte se desarrolló más tarde que la Sur, pero
el interesante edificio-espigón del Club de Pescadores, diseñado
por el ingeniero Julio Quartino en 1932, le añadió interés.
Y en la década del 40 se integraron al conjunto las inmensas piletas
que acentuaban su connotación recreativa. Posteriormente también
su sentido se degradó, no sólo por los rellenos sino por
la transformación del aeroparque, que se edificó profusamente
cuando había estado destinado, en su diseño original, a ser
un parque (de allí su nombre) en donde sólo pudieran aterrizar
pequeños aviones, que agregarían amenidad al paseo, así
como los hidroaviones que acuatizarían en las inmediaciones, sobre
el río.
Muchas otras operaciones edilicias y la profusa circulación vehicular
contribuyeron también a la dilución de su sentido que, sin
embargo, y de alguna manera, todavía mantiene.
Por tales razones, es nuestra opinión que el rescate y puesta en
valor de la concepción primigenia es ambientalmente más relevante
que cualquier otro proyecto que pueda aumentar la desnaturalización
de su esencia y destino original, obrando en detrimento de la memoria ciudadana
y añadiendo nuevos rellenos a nuestro río.
En ese sentido, entendemos que resultan hoy poco comprensibles los proyectos
que pretenden ganar más tierra sobre el Río de la Plata,
al tiempo que no se vislumbran soluciones eficientes al avance de otros
ríos que inundan lo que hasta no hace mucho fueron tierras productivas
y habitables.
Por Carlos Libedinsky - El autor es profesor titular de Ecología
de la Arquitectura y de la maestría de Diseño Avanzado en
la FADU UBA.
Fuente: La Nación (Argentina)
Agosto 6, 2003
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