|
Año Polar. La fiebre
de los hielos
POR M. A. BARROSO INFOGRAFÍA J. AGUILERA
/ C. AGUILERA
El Año Polar Internacional, cuyo pistoletazo de salida acaba de
darse, cubre en realidad dos cursos —concluirá en marzo
de 2009— y ha sido promovido por el Consejo Internacional de la
Ciencia (ICSU) y la Organización Meteorológica Mundial
(OMM). Su celebración coincide con el 125 aniversario del primer
Año Polar (1887-1888), el 75 del segundo (1932-1933) y el 50 del
Año Geofísico (1957-1958), que dio el empujón al
Tratado Antártico, pero más que la coincidencia de las
fechas ha sido la urgencia lo que ha animado a los científicos
a posar sus ojos en los restos de la «edad de hielo» sobre
la Tierra.
En las anteriores citas no se tenía constancia de la
aportación del hombre en el calentamiento global. Hoy se sabe
que este fenómeno está contribuyendo a la rápida
fusión de los hielos polares. En el último medio siglo,
la banquisa que rodea la península Antártica ha perdido
cerca de 8.000 kilómetros cuadrados; la temperatura en la región
ha aumentado 2 grados centígrados en ese periodo de tiempo.
Y
al norte las cosas pintan peor: el Ártico se calienta a un ritmo
de 0,4 grados centígrados por década, dos veces más
rápido que el resto del planeta. Un estudio del Departamento de
Interior de Estados Unidos alerta de que cada vez más osos polares
mueren ahogados al no hallar plataforma donde asentarse.
Ya no se trata de mensajes apocalípticos formulados por grupos
ecologistas. El último informe del Panel Intergubernamental del
cambio Climático (IPCC) advertía, atendiendo a una perspectiva
paleoclimática, que la última vez que las regiones polares
fueron significativamente más cálidas durante un periodo
extenso (hace 125.000 años), las reducciones en el volumen del
hielo llevaron a una subida del nivel del mar de 4 a 6 metros. Para eso
fue necesario que el mercurio subiera entre 3 y 5 grados más que
la temperatura actual del planeta. Entonces el «factor humano» simplemente
no existía. Ahora, aceptada esa influencia por los científicos,
se prevé un aumento de entre 1,8 y 6,4 grados centígrados
para la última década del siglo.
De modo que geólogos, climatólogos y naturalistas de más
de 60 países se han puesto manos a la obra para participar en
las 220 campañas polares que determinarán el daño
que los gases de invernadero provocan en estas zonas. No sólo
se centrarán en el estudio de la atmósfera y el océano,
sino de las poblaciones del Ártico. Por vez primera, un sistema único
de datos proporcionará un diagnóstico sobre lo que le espera
a la Tierra y sus habitantes en los próximos años. La Agencia
Espacial Europea pondrá en órbita tres satélites
polares que, a una altitud de 837 kilómetros —42 veces más
cerca que los satélites geoestacionarios de la familia Meteosat—,
podrán observar áreas más pequeñas con mayor
detalle. España participará con 19 proyectos de investigación
financiados por el Ministerio de Educación y Ciencia.
Infografía en páginas siguientes.
Más información
en www.ipy.org, www.api-spain.es y www.fundacionregionespolares.org
Fuente: ABC
Abril 12, 2007
|