ENFRENTA MAS DE 30 CAUSAS
Ahora María Julia asesora a empresas por temas ambientales

Mientras retoma los estudios de ruso que comenzó en la cárcel, María Julia Alsogaray vuelve —de a poco— a hojear sus expedientes judiciales. El tribunal oral que tiene a cargo sus próximos dos juicios orales acaba de recibir los expedientes que, con distintos recursos, su defensa logró mantener lejos de ahí por más de un año.

La ex funcionaria menemista prefiere ocupar los días con su nuevo trabajo como asesora de empresas privadas en temas ambientales.

Al hablar, sin embargo, parece más abogada que ingeniera: sabe al detalle en qué anda cada una de sus más de treinta causas en trámite. Como lo primero que aprendió es que los tiempos de los tribunales son siempre lentos, confía en que hasta bien entrado 2007 no volverá a sentarse en el banquillo incómodo de los acusados. La espera una denuncia por la venta supuestamente ilícita de terrenos de Radio Nacional, de cuando privatizó ENTel, y otra por posibles irregularidades en la reparación de las oficinas del Programa de Desarrollo Institucional Ambiental (ProDIA).

Lo que más lamenta —dicen sus allegados— es que vayan a juzgarla los mismos jueces que el año pasado le prohibieron ir al entierro de su padre: José Martínez Sobrino y María del Carmen Roqueta. Alsogaray los recusó por enemistad manifiesta, pero la Sala IV de la Cámara de Casación rechazó sus argumentos y la semana pasada envió los dos sumarios al tribunal para que se empiecen a preparar los juicios.

Una de las recusaciones llegó a redactarla ella misma y la presentó de su puño y letra ante el Tribunal Oral Federal 6. Su tono de voz cambia irremediablemente al mencionar el tema: María Julia parece haber soportado mejor los 21 meses detenida, en una dependencia VIP de la Policía Federal en la calle Cavia, que la prohibición de ir al cementerio de la Recoleta aquel 2 de abril de 2005.

En la causa por las tierras de Radio Nacional, está procesada por administración infiel; en el caso ProDIA, por ese mismo delito, más falsedad ideológica e incumplimiento de los deberes de funcionario. Depende de cuando empiecen las audiencias, ya habrá cumplido los tres años de prisión que otro tribunal oral le impuso por enriquecimiento ilícito.

Una de las obligaciones que le fijaron es la de presentarse cada principio de mes en el sexto piso de Comodoro Py 2002. Ya se anima a ir en taxi, sin un chofer de extrema confianza. En la calle, calcula que un 30 por ciento de la gente que se la cruza, no la reconoce; del resto, la mayoría se sorprende, algunos murmuran y unos pocos la insultaron.

"No me va a pasar nada que no le pueda pasar a cualquiera que anda por Buenos Aires", tranquiliza a los suyos. Igual que cuando era funcionaria, no va al cine, al teatro, a centros de compras ni a restoranes. Si le preguntan, aclara con picardía: "Siempre anduve poco por la calle... Yo uso zapatos con taco demasiado alto, que se enganchan en la vereda". Tampoco aprendió a manejar.

Sigue viviendo en el petit hotel de Riobamba al 1200 con uno de sus dos hijos varones; el otro continúa estudiando en los Estados Unidos. En octubre, María Julia va a cumplir 63 años.

Se mantiene informada y a distancia prudente de la política, de los políticos y de los periodistas. Admite que el presidente Néstor Kirchner tomó decisiones económicas acertadas, como la ruptura del contrato con Suez, la ex concesionaria del servicio de aguas, pero piensa que se acordó tarde de encarar el conflicto por la construcción de las papeleras frente a Gualeguaychú.

La defensora oficial que la sacó de la cárcel, Pamela Bisserier, se mudó a un cargo en San Martín; va a reemplazarla Fabiana León. Pero como Alsogaray se hizo muy amiga de su primera defensora, quiere que ella siga con sus causas. Ya envió una nota a la defensoría general para solicitarlo.

Pablo Abiad
pabiad@clarin.com



Fuente: Clarín (Argentina)
Abril 10, 2006