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El Protocolo de Kioto se convierte en el acicate
de la investigación en transporte
La UE destinará a la movilidad
el 20% de los 17.500 millones de euros del VI Programa
La UE destinará hasta 2006 unos 17.500
millones de euros, casi tres billones de pesetas, a la investigación.
El imparable crecimiento del tráfico de mercancías
y viajeros y la ratificación del Protocolo de Kioto harán
que un 20% de ese dinero se destine a potenciar trenes y barcos,
aumentar la seguridad o reducir las emisiones.
La Conferencia Europea sobre Tecnologías
del Transporte Marítimo y Terrestre, que reunió la
semana pasada en el Palacio de Congresos de Valencia a 800 expertos
de empresas punteras, centros de investigación y administraciones
de todo el continente, dejó claro que la ratificación
del Protocolo de Kioto forzará a la UE a hacer un mayor esfuerzo
científico en materia de transportes. Según explicó
el comisario europeo de Investigación, Philippe Busquin,
el 20% de los fondos del VI Programa Marco de Investigación
2003-2006, que suponen 17.500 millones de euros (casi tres billones
de pesetas), se destinará a proyectos en esa materia. Los
epígrafes más generosos serán los de Desarrollo
sostenible, cambio global y ecosistemas, que tiene 2.120 millones
de euros, Tecnologías para la Sociedad de la información,
con 3.600 millones, y Aeronáutica y espacio, con 1.075.
Habrá para todos los gustos: trenes punteros,
novedosas plataformas intermodales, sistemas logísticos y
de seguridad en carretera... Pero el protagonismo se lo llevará,
cómo no, todo sistema que suponga una alternativa al uso
de combustibles fósiles. 'La empresa española fuerte
o el grupo de investigación puntero podrán hacer cosas
importantes', explica Serafín de la Concha, jefe del departamento
de Programas de I+D de la UE del Centro para el Desarrollo Tecnológico
Industrial (CDTI). El problema es que, según dijo, Brusela
apuesta en el VI Programa por menos consorcios de investigación
y más fuertes (se pasa de 5 a 15 socios a entre 30 y 100).
A juicio de los científicos, esto hará muy difícil
que desde España se vaya a dirigir un consorcio.
Entre los expertos en ferrocarril hubo cierta euforia,
sabedores de que 170 millones de vehículos ponen a las carreteras,
por lo menos en el centro de Europa, próximas al colapso.
El Libro Blanco del Transporte prevé que de aquí a
2010 el tráfico de mercancías en Europa aumente un
38%, y el de viajeros, un 25%.
El margen de avance en el tren, que ahora sólo
soporta el 10% del transporte, es por tanto grande. Lo suficiente
para no necesitar revoluciones. Así, los trabajos expuestos
en Valencia, lejos de presentar futuristas trenes de suspensión
magnética, se basaban en simuladores en tres dimensiones,
nuevos prototipos de tranvías, sistemas de seguridad para
evitar choques o conocer el estado de salud de la vía. Sin
embargo, el tema estrella del encuentro fue la compatibilidad electromagnética
de trenes y líneas. Dejando de lado el ancho de vía,
Europa cuenta con numerosos sistemas de alimentación, señalización
y seguridad basados en distintas tensiones (de los 25 kilovatios
en corriente alterna a los 1,5 kilovatios en continua) lo que provoca
mercados cautivos. El gran reto para facilitar la competencia y
la movilidad de los europeos estriba en cómo hacer circular,
por ejemplo, una locomotora eléctrica española a través
de distintos países. El futuro European Rail Traffic Management
System, el que permita la interoperabilidad de todos los ferrocarriles
de la UE, será el que marque el camino.
En la reunión también se habló
de transporte marítimo. Allí se presentaron nuevas
hélices y sistemas de control de barcos; simuladores para
analizar la eficacia de las primeras o para hacer diseños
más hidrodinámicos de los segundos; programas de salvamento
en buques; sistemas de descarga en puertos que reduzcan el tiempo
de estiba... Y como proyecto puntero, el pentamarán de Astilleros
de San Fernando. Se trata de un proyecto de barco de alta velocidad,
ejemplo de buque flexible, con capacidad para 1.000 pasajeros y
200 vehículos (34 de ellos camiones) que podría alcanzar
los 70 kilómetros por hora, lo que le permitiría competir
con la carretera en muchos trayectos.
El tercer gran sector de la Conferencia Europea,
el dedicado a sistemas intermodales, presentó intercambiadores
de transportes, expuso sistemas informáticos complejos de
gestión de tráficos y mercancías, y propuso
terminales de transporte, como la estación ferroviaria que
permite situar remolques de camiones enteros (no sólo el
contenedor) en vagones de tren y, en sólo unos minutos, elevándolos,
girándolos unos grados y enganchándolos a las cabezas
tractoras de los camiones, descargar todo un tren de una tacada.
Los temas de seguridad también abundaron,
con estructuras deformables y dummies (los muñecos para experimentar
accidentes) que cada vez proporcionan más información.
Pero quedaron eclipsados por Kioto, que sólo deja una vía
a las políticas europeas de transporte: reducir decididamente
las emisiones de gases de efecto invernadero.
Como representación española allí
estuvo el Grupo de Motores de la Universidad Politécnica
de Valencia, comandado por Francisco Payri e integrado por expertos
en la reducción de emisiones de gases en los sistemas de
combustión.
'Quitar coches de la carretera y promover
la intermodalidad'. Así lo resumió Gregorio Martín,
director del Instituto de Robótica de la Universidad de Valencia
y por tanto otro de los anfitriones del encuentro, que integra el
grupo de investigación europeo que busca implicar a empresas,
científicos y ciudadanos en la solución de los problemas
del transporte.
Fuente: El País (España)
Junio 12, 2002
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