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La plaga del tráfico de fauna y flora
Según los expertos, la complicidad de políticos, funcionarios,
guardas forestales y aduaneros, contribuye a la crisis de maltrato y
pérdida de animales y plantas que son llevadas a Europa o Estados
Unidos.
No está lejano el día en que los parsimoniosos elefantes
de los cuentos de Rudyard Kipling y los rugientes leones africanos de
Tarzán, los más raros y coloridos papagayos y las más
exóticas serpientes desaparezcan y terminen siendo apenas una
mención en un cuento de abuelos para asustar a sus nietos en las
noches de lluvia.
Para evitar que esta temible época se convierta en realidad,
se encuentra reunida en Bangkok, Tailandia, la Conferencia de los 166
países miembros de la Convención sobre el Comercio Internacional
de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres, Cites, que está discutiendo
las medidas para prevenir el tráfico internacional de especies
animales y vegetales amenazadas de extinción.
El marfil de elefante, la madera de finos árboles, exquisitos
peces que cuestan cien dólares en el plato de un exclusivo restaurante
de Hong Kong, águilas cabeciblancas, grandes tiburones blancos
como el de la película, tortugas, rinocerontes y plantas medicinales,
son objeto de medidas para intentar protegerlos del temerario tráfico
que los amenaza.
Un problema grande si se tiene en cuenta que el comercio ilegal de especies
animales y vegetales es, en volumen, el tercero del mundo después
del tráfico de armas y drogas, y con frecuencia los acompaña.
Según un informe de la Interpol, el tráfico de especies
alcanza US$17.000 millones por año: US$10.000 millones por fauna,
y US$7.000 millones por flora y madera.
Se trata de una estructura delictiva compleja, con enormes ramificaciones,
vinculada con el comercio de armas y drogas, asociada a múltiples
delitos como falsedad, soborno, evasión impositiva, sin hablar
de los métodos violentos utilizados para hacerse de sus botines,
que terminan con la muerte de valiosas especies.
El daño a la naturaleza es flagrante: cada año millones
de hectáreas de bosques desaparecen ante el avance criminal del
hombre, como sucede en el Amazonas o en el Chaco paraguayo-argentino-brasileño,
para hablar sólo del continente americano.
En los aeropuertos se recuperan aves, mamíferos y reptiles que
muchas veces son trasladados dentro de bolsas plásticas, ocultos
en pequeñas cajas o alguna otra alternativa que en muchos casos
provoca la muerte del animal.
Según algunos informes, sólo sobrevive el 30% del contrabando,
y aún así, es un comercio exitoso.
Actualmente, en el mundo hay más de 13.000 especies conocidas
de mamíferos y aves, así como miles de reptiles, anfibios
y peces, millones de invertebrados y alrededor de 250.000 plantas con
flores.
En 1973, los principales países tomaron conciencia de la magnitud
del problema y eso los llevó a redactar el primer tratado internacional
para proteger la fauna y flora silvestre.
Fue así como se firmó la Convención sobre el Comercio
Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres, Cites,
que entró en vigor en 1975.
La conferencia de Bangkok concluirá tomando decisiones sobre
unas 50 propuestas para mejorar la conservación y el uso sostenible
de distintas especies, como el napoleón, un pez de arrecife de
los Océanos Índico y Pacífico, el elefante africano
y el gran tiburón blanco.
Así como también sobre la madera de ramin, el tejo chino
y otras plantas medicinales, la cacatúa de cresta amarilla y el
loro corona lila, cinco tortugas asiáticas, los rinocerontes blancos,
los cocodrilos del Nilo y americanos, el dátil de mar y muchas
otras especies.
Hay algunas propuestas muy cuestionadas por las sociedades ecologistas,
como la de Namibia, que consiste en aliviar las normas sobre el comercio
de marfil y la de los que piden aumentar la cuota de leones africanos
que pueden ser cazados como trofeo.
Otro de los graves problemas que afecta el ecosistema es la tala y la
venta ilegal de árboles y madera.
La Cites ha introducido normas para abordar el comercio mundial insostenible
de productos madereros y arbóreos y para todos los envíos
de caoba de América Latina se necesitan permisos de exportación
emitidos por la entidad desde noviembre de 2003.
Y ahora Indonesia propone controles más estrictos del comercio
de ramin, una de las maderas de exportación que genera mayores
ingresos de Asia sur oriental y que se usa para hacer palos de billar,
y de la madera de agar, que contiene el valioso aceite utilizado para
producir incienso, perfumes y medicinas.
Pero el gran dilema es que los Estados no logran luchar contra este
tráfico o hacer cesar la corrupción que impide aplicar
las legislaciones vigentes, dejando operar redes muy bien organizadas.
"Es un verdadero problema al cual acordamos ponerle una atención
suficiente", declaró John Webb, procurador principal adjunto
en el Departamento estadounidense de Justicia para los crímenes
contra el entorno, durante la conferencia de la Cites.
"Este comercio ilegal es la más grande amenaza para las
especies en peligro, con la pérdida de su ecosistema", declaró por
su parte John Sellar, funcionario de la Cites.
Según los expertos, la complicidad de políticos, funcionarios,
guardas forestales y aduaneros, contribuye a la crisis.
"La corrupción es, a no dudarlo, un problema enorme. Numerosos
lugares afectados, que tienen la más bella biodiversidad del mundo,
se encuentran en los países más pobres", concluyó Sellar.
El dato clave
Según la Cites, el contrabando de animales y plantas es, después
de la destrucción de su hábitat natural, la segunda mayor
amenaza para las especies protegidas.
Internet para contrabando
Según lo expertos de la Cites, el negocio del contrabando de animales
raros y plantas exóticas recurre a técnicas más
modernas como el internet para formalizar los pedidos y las ventas.
“Hoy se puede encontrar un foro de chateo en Internet para cualquier
animal o planta. Este es lugar en el que la gente se cita y habla acerca
de lograr una u otra especie”, manifestó el fiscal del departamento
estadounidense de Justicia, John Webb.
La red de Internet es el principal vehículo para la venta de
marfil de elefante en todo el mundo y, sobre todo, en Estados Unidos,
uno de los principales países receptores de este material, cuya
comercialización fue prohibida por la Cites.
El león lucha por sobrevivir
El león es el símbolo del África, pero en la actualidad
quedan sólo 16.500 luchando por su supervivencia.
En sólo tres años, por lo menos 1.797 leones han sido
asesinados como trofeos de caza. Y 600 leones, la mayoría machos,
son victimados anualmente a sangre fría para adornar las casas
de New Hampshire o París.
El caso paradigmático de tráfico ilegal es el del marfil
de los cuernos de elefante.
A pesar de la prohibición mundial de comercio de marfil impuesta
en 1990, 90.000 kilos han sido interceptados en los últimos seis
años, y por lo menos 7.400 kilos en los últimos dos años.
En julio de 2004, 2.900 kilos fueron retenidos por autoridades españolas.
Los elefantes del Parque Nacional de Garamba, en la República
Democrática de Congo, RDC, han pasado de 11.000 ejemplares en
1995 a 1.453 en 2003, debido a la caza ilegal.
Este año, en esa reserva natural, el número de rinocerontes
blancos se redujo un 50% y sólo quedan quince ejemplares vivos.
Fuente: El País (Colombia)
Octubre 13, 2004
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