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El problema del ruido ahora se trasladó también
a los barrios
Los niveles crecieron en zonas como Palermo y Caballito,
mientras que en el Centro siguen altos pero estables. La Comuna estudiará cómo
reducir el tránsito, principal causa de la contaminación
sonora.
A qué suena Buenos Aires? Muchas veces, a bocinazos y frenadas.
Varios días de la semana, a marchas piqueteras. Bastante menos,
a pajaritos cantando. El Gobierno porteño acaba de terminar el
primer mapa oficial del ruido y las conclusiones iniciales están
mostrando una ciudad bastante diferente a la de los últimos relevamientos.
Las mediciones se tomaron en esquinas clave de todos los barrios, desde
principios de año hasta setiembre. Es la primera vez que la Ciudad
encara una medición integral, ya que lo que antes existía
eran estudios aislados realizados por distintos organismos y concentrados
sobre todo en el micro y macrocentro. La última fue en 1999, en
el marco del Plan Urbano Ambiental.
"
En principio recopilamos todos los datos anteriores, unificamos criterios
y determinamos más de 150 puntos donde medir el ruido ambiente",
explicó Diego Martínez, director de Control de la Calidad
Ambiental porteña. En cada punto, controlaron las variaciones
sonoras en períodos de cinco minutos durante una hora a la mañana.
Desde setiembre lo están haciendo de noche.
Los primeros resultados, que fueron adelantados a Clarín, muestran
cambios. Ahora, afirman los técnicos, hay ruido en más
partes, lo que no significa que el promedio de toda la Capital haya subido. "No
registramos aumentos significativos en el Centro, el lugar históricamente
más ruidoso. Pero sí verificamos que esos niveles altos
de contaminación sonora se repiten en otros barrios", aseguró Martínez.
Algunas de las zonas donde crecieron los niveles fueron Palermo, Belgrano,
Caballito y Flores.
Y las esquinas ruidosas "de barrio" pueden competirles a las
del Centro. El promedio de Acoyte y Rivadavia, por ejemplo, da 78,2 decibeles
(dBA), un decibel y medio más que Corrientes y Uruguay. También
algunas del Centro bajaron. En los últimos cinco años,
Corrientes y Carlos Pellegrini pasó de 80,1 dBA a 78,5. Corrientes
y Uruguay descendió 2,5 dBA de 1999 a 2004.
Las causas son múltiples. Para Martínez, el ruido está relacionado
con la actividad económica: "Eso explica cómo determinados
puntos en centros comerciales barriales copian los números del
Centro. Y el aumento de frecuencias de los trenes vuelve ruidosos lugares
que antes no lo eran". ¿Hasta cuánto puede aguantar
la gente sin sufrir consecuencias? La Organización Mundial de
la Salud determina que el máximo tolerable está entre 75
y 80 dBA.
Los técnicos de la Ciudad salieron a medir los lugares de mayor
actividad y dividieron al mapa en diferentes rangos de ruido. Comparando
con el último mapa acústico de 1999, aparecen más
esquinas en rojo fuera del Centro. Sobre todo, en lugares donde al tránsito
automotor se le suma el ferrocarril.
La esquina de General Paz y Rivadavia es una de las más ruidosas
y mide 89,6 dBA. La situación se repite en las otras entradas
a la Capital: las avenidas San Martín, Constituyentes y Cabildo
van al tope del ranking.
Es que el tránsito es el mayor factor de contaminación
sonora. Y en el nivel de ruido que produce influyen distintos factores,
como el estado de la carrocería, del caño de escape, el
peso que transporten y el estado de las calles. También es el
más difícil de erradicar. Según aseguraron en Control
Ambiental, una fábrica o un boliche que pasa los límites
de sonido permitido se clausura, pero controlar el 1,6 millón
vehículos patentados en Capital es mucho más complicado.
Al paso de autos, colectivos y camiones se les sumaron en los últimos
tiempos varias fuentes de ruido extra, como la expansión del delivery
(la mayoría de los ciclomotores circula sin silenciador), la mayor
cantidad de lomos de burro y la multiplicación de protestas callejeras.
A fin de año, cuando se termine la segunda parte de las mediciones
nocturnas, las conclusiones se usarán para el Pacto de Movilidad,
un acuerdo entre la Ciudad y los principales actores del tránsito. "Este
es un punto de partida —aseguró el secretario de Infraestructura,
Roberto Feletti—. La reasignación de recorridos de colectivos
es el principio ordenador de este nuevo esquema del tránsito.
La idea es transferirlos de las calles angostas a avenidas con carriles
exclusivos". En la Ciudad afirman que para bajar el ruido los porteños
deberán cambiar algunas conductas, un camino quizás más
difícil que hacer cumplir las leyes de tránsito.
Una agresión que puede provocar severos trastornos de salud
No es sólo una molestia, algo incómodo que nos hace perder
el hilo de una conversación o una frase de algo que se dice en
la televisión o la radio. Según explican los especialistas,
el ruido resulta una agresión para el cuerpo humano, que produce
un daño lento y acumulativo. Por encima de los 90 decibeles, la
intensidad que provoca el tránsito intenso, genera dolor y desplazamiento
del umbral auditivo (es decir, se corre el nivel de tolerancia). Con
el paso del tiempo, directamente puede llevar a la pérdida de
la audición. Pero además, el ruido produce muchos trastornos
orgánicos a otros niveles. Estar sometido ocho horas diarias a
más de 90 decibeles es riesgoso para la salud porque actúa
como encrespador del sistema nervioso. El ruido contante puede causar
estrés, cefaleas, aumento de la intolerancia y la agresividad
social, disminución del rendimiento laboral o intelectual, afecciones
cardiovasculares como aumento del ritmo cardíaco e hipertensión,
trastornos digestivos y hasta impotencia. Las señales de alarma
a las que hay que prestar atención para prevenir estos problemas
son zumbidos, disminución de la sensibilidad auditiva, fatiga,
alteración del sueño y pérdida de la memoria.
Por
todas estas razones de salud, la Constitución de la Ciudad Autónoma
de Buenos Aires contempla expresamente la limitación de ruidos
molestos que producen contaminación sonora. Y la ley 451 establece
sanciones que incluyen multas y hasta la suspensión por dos años
de la licencia de conducir, en el caso de las fuentes móviles.
A su vez, también hay ordenanzas y leyes contravencionales para
el exceso de ruidos provocados por comercios o por vecinos. Sobran normas,
pero faltan controles.
Fuente:
Clarín (Buenos Aires, Argentina)
Octubre 28, 2004
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