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Ecologistas hacen un llamamiento a
la ONU para que actúe contra
la pesca de arrastre
Esta advertencia coincide con el inicio esta semana de las negociaciones
que determinarán el futuro de las aguas internacionales, que se
desarrollan en las Naciones Unidas.
Las resoluciones que van a ser objeto de negociación llevan camino
de quedarse muy cortas respecto de la protección urgente que requieren
los sistemas marinos amenazados. La Coalición para la Conservación
de los Fondos Marinos (Deep Sea Conservation Coalition, DSCC) ha elevado
a la ONU una petición de una moratoria para la pesca de arrastre
en los fondos marinos en aguas internacionales. Esta actividad aniquila
ecosistemas enteros únicos e irremplazables, y la DSCC argumenta
que sólo la adopción de dicha medida preservará este último
reducto de ecosistemas intocados en la Tierra.
Kelly Rigg, coordinadora de la DSCC, ha manifestado que “quince
minutos de pesca de arrastre pueden arruinar completamente el hábitat
del lecho marino abisal y destruir los corales de agua fría que
han tardado milenios en crecer. Podríamos abocar a la extinción
a especies que la ciencia ni siquiera ha descubierto aún. Tanto
los gobiernos como los científicos han reclamado, durante estos
dos últimos años, que se conserven estos tesoros biológicos
mediante la adopción de medidas urgentes. Pero parece que los
gobiernos piensen que el problema se va a resolver simplemente por repetir
el llamamiento. Es como si a usted le despertara una serpiente de cascabel
que hubiera entrado en su cama y se limitara a decir “mmm... creo
que alguien debería hacer algo...”
Apenas un puñado de países posee flotas de pesca de arrastre.
Los que destacan como más activos son España, Rusia y Nueva
Zelanda, pero entre ellos también figuran Portugal, Noruega, Estonia,
Dinamarca/Islas Feroe, Japón, Lituania, Islandia y Letonia. En
2001, estos 11 países acapararon aproximadamente el 95 % de las
capturas en aguas abisales con redes de arrastre, aunque para realizar
su actividad se ven forzados a recorrer grandes distancias.
Las flotas tienen como objetivo un reducido número de especies
comercialmente rentables, como el pez reloj anaranjado. Por ello concentran
deliberadamente su actividad en las montañas submarinas, porque
allí es donde se producen las agregaciones de estas especies.
Son estos mismos montes marinos los que proporcionan hábitats
muy ricos a los corales de aguas frías. Se ha descubierto que
estos ecosistemas poseen un número muy elevado de especies endémicas:
especies que sólo existen en torno a un único monte marino
o una determinada cadena montañosa.
Además de causar daños irreversibles al propio hábitat
del monte marino, la pesca con redes de arrastre también pone
al borde del colapso a las especies objetivo de la pesquería.
Todas las formas de vida abisales crecen y se reproducen con gran lentitud;
el pez reloj anaranjado, por ejemplo, vive hasta 130 años. Ese
ritmo vital tan lento no le permite recuperarse de la sobrepesca, lo
que provoca que muchas pesquerías de aguas profundas hayan llegado
a una situación de sobreexplotación en menos de 10 años.
Fuente: Oceana
Octubre 05, 2004
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