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AMBIENTE-BRASIL: La propia vida en defensa de la vida
RÍO DE JANEIRO, 15 nov (IPS) - La autoinmolación del activista
Francisco Anselmo de Barros "para salvar el Pantanal", un ecosistema
húmedo del centro-oeste de Brasil que se extiende a Bolivia y
Paraguay, marcó un trágico giro en la lucha ambientalista
en este país.
La ministra de Medio Ambiente, Marina Silva, llevó este martes
su solidaridad a la familia de Barros y afirmó su disposición
de impedir, incluso por acciones judiciales, la implantación de
la agroindustria cañera dentro o en áreas limítrofes
del Pantanal.
El activista, de 65 años, se prendió fuego al estilo de
los bonzos asiáticos (monjes budistas) el sábado pasado,
al final de un acto de protesta de centenares de personas en Campo Grande,
la capital del estado de Mato Grosso do Sul, contra la instalación
de destilerías de alcohol y centrales azucareras en esa vasta área
que piden sea protegida.
Con quemaduras en todo su cuerpo, Barros murió el domingo dejando
atrás tres décadas de militancia como creador de la Fundación
para la Conservación de la Naturaleza de Mato Grosso do Sul, una
de las primeras organizaciones ambientalistas brasileñas.
Hay normas ambientales que prohíbe tal actividad económica
en las cuencas hidrográficas que componen el Pantanal, también
protegido por la Constitución brasileña que lo reconoce
como un Patrimonio Natural Nacional, recordó la ministra Silva.
La reacción al sacrificio de Barros fue de "incredulidad",
porque nadie, ni su mujer, observó ningún indicio anterior
de la decisión premeditada de suicidarse a lo bonzo, dijo a IPS
Alcides Faria, director ejecutivo de Ecología y Acción
(ECOA), con sede en Campo Grande y que ejerce la secretaría ejecutiva
de la coalición Ríos Vivos, una red mundial de 300 organizaciones.
Barros dejó más de una docena de cartas a familiares, amigos
y a la prensa, llamando a los ambientalistas a "continuar la lucha" y
explicando que se inmolaba "como única forma de despertar
el pueblo".
" Como no tenemos votos para salvar el Pantanal, daremos la vida
para salvarlo",
concluye una de sus cartas, refiriéndose al proyecto de ley que
tramita en la Asamblea Legislativa estadual y podrá autorizar
la agroindustria de la caña de azúcar en el ecosistema.
Dueño de la tradicional revista local Ejecutiva, este empresario
era conocido por su sensatez, nada que haría prever un gesto tan
extremado, señaló Faria. "Es el primer caso de inmolación
por razones ambientales que conozco", acotó.
Su actitud sorprendió, pero puede estar indicando una tendencia
a gestos cada vez más extremados en defensa de ecosistemas amenazados,
ante la impotencia de los movimientos ambientalistas que frustra la aguda
convicción de que la vida futura está en riesgo.
Un mes y medio atrás, el obispo católico Luiz Flavio Cappio
cumplió 11 días de huelga de hambre, lapso en el cual amenazó con
seguir en esa actitud hasta la muerte, con el fin de obligar al gobierno
de Luiz Inácio Lula da Silva a interrumpir el proyecto de transposición
de las aguas del río San Francisco a zonas semiáridas del
nordeste del país.
La promesa del presidente Lula de reabrir el debate público sobre
el proyecto disuadió el prelado, pero igual anunció que
volvería al ayuno si el gobierno inicia las obras de transposición
sin asegurar las medidas que evitarían la "muerte" del
río que cruza la parte centro-oriental de Brasil.
En una de sus cartas de despedida, Barros recuerda precisamente la transposición
del río San Francisco, la penetración de las siembras con
semillas genéticamente modificadas y la deforestación de
la Amazonia frente a un "gobierno impasible", como otras agresiones
ambientales que amenazan "hundir el barco".
Los mártires ambientales en Brasil habían sido hasta ahora
producto de ataques de terratenientes. Los casos más notorios
son los de Francisco "Chico" Mendes, creador de las reservas
extractivas amazónicas y muerto en 1988 en el estado de Acre,
y la misionera estadounidense Dorothy Stang, asesinada en febrero de
este año en Pará, otro estado amazónico.
Ambos eran también líderes de luchas sociales en favor
de "pueblos forestales" y campesinos sin tierra.
Pero otros casos locales, de escasa repercusión nacional y menos
internacional, se multiplicaron en los últimos años. Sólo
en el estado de Río de Janeiro, por lo menos cuatro ambientalistas
fueron asesinados desde 1992.
El último, Dionisio Ribeiro Filho, murió por defender la
Reserva Ecológica de Tinguá, cerca de la ciudad de Rúo
de Janeiro.
Los conflictos por la tierra, que involucran cuestiones ambientales,
también provocaron muchas muertes violentas, especialmente de
indígenas y líderes campesinos.
El Pantanal matogrossense, que ocupa un área de 210.000 kilómetros
cuadrados (cuatro veces la extensión de Costa Rica), enfrenta
otras amenazas, como la implantación de un polo siderúrgico
en su corazón y la construcción de la llamada hidrovía
Paraguay-Paraná, que exigiría dragados y alteraciones en
el río Paraguay, eje del ecosistema, señaló Faria.
El gobernador de Mato Grosso do Sul, José Orcirio Miranda, defiende
su proyecto diciendo que las destilerías y las centrales azucareras
se instalarían fuera del Pantanal, con nuevas tecnologías
que evitan escape de contaminantes.
Pero industrias instaladas, aunque pequeñas, instaladas cerca
de las nacientes representarían "cortar las venas del cuerpo" de
una área donde "el agua es su esencia", contrarrestó Faria.
Además, el proyecto liberaría el cultivo de caña
dentro del Pantanal, acotó.
La industria que abastece millones de automóviles que usan el
alcohol como combustible en Brasil se desarrolló principalmente
en el estado de Sao Paulo, después de la crisis mundial del petróleo
de 1973, y responde por buena parte de la contaminación o muerte
de muchos ríos, derramando vinasa y otros subproductos.
Por Mario Osava
Fuente: IPS
Noviembre 18, 2005
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