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Argentina:
Pediatras descubren el riesgo ambiental
Por Marcela Valente
México y Argentina
ya cuentan con unidades especializadas en salud infantil relacionada
con
el ambiente. Pero falta mucho por hacer en la
región.
INTER PRESS SERVICE (Estados
Unidos) 22-11-05 - ¿Cuántas afecciones respiratorias
infantiles están relacionadas
con el combustible que se usa en las casas para cocinar? ¿Cuántas
diarreas responden a la ingestión de agua contaminada? ¿Cómo
advertir la relación entre una potencial exposición
al plomo y los problemas de aprendizaje escolar?
"Todas las poblaciones están expuestas a distintos riesgos ambientales,
pero los niños son los más vulnerables, y si viven en condiciones
de pobreza esa fragilidad se exacerba enormemente", advirtió a
Tierramérica Jenny Pronczuk, del Departamento de Salud Ambiental
de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
La ciencia ya probó el vínculo entre la exposición
a ciertas sustancias y el desarrollo de enfermedades, a corto y largo
plazo. Sin embargo, la mayoría de los médicos sólo
responde a los síntomas, sin advertir muchas veces que las causas
que enferman a los niños persisten.
Aunque en América Latina hay una nueva voluntad política
para promover la salud ambiental infantil, "aún queda un
largo camino por recorrer", según Pronczuk . "Se necesita
mayor capacitación de los profesionales de la salud", dijo.
Según datos de la OMS, 40 por ciento de la carga global de enfermedades
atribuidas a factores ambientales recae en niñas y niños
menores de cinco años. El dato resulta más alarmante si
se advierte que los infantes constituyen apenas 10 por ciento de la población
mundial.
Los niños experimentan un crecimiento rápido en sus primeros
años de vida y tienen gran capacidad de absorción de agentes
tóxicos. Su respiración es más acelerada y su consumo
de agua y alimentos es mayor al del adulto en proporción con su
peso, por eso su susceptibilidad a los riesgos ambientales es más
grande.
Sin embargo, muchos pediatras no están preparados para abordar
las enfermedades desde esta perspectiva. "Es un enfoque nuevo que
requiere una gran apertura mental", explicó a Tierramérica
el médico Daniel Beltramino, presidente de la comisión
de Salud y Ambiente de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP).
Beltramino recordó que apenas tres años atrás, los
talleres de la SAP sobre salud ambiental para pediatras "daban pena". "Éramos
apenas 20 ó 30 interesados", dijo. En cambio, este mes se
realizó en Buenos Aires un seminario para profesionales del Cono
Sur de América, y se debió rechazar inscritos porque había
130 anotados para participar.
"Los profesionales de la salud estamos en la primera línea de batalla
para detectar cuándo los síntomas de un mal son producto
de la falta de acceso al agua segura, la contaminación del suelo
con heces humanas o la ausencia de viviendas en urbanizaciones planificadas",
puntualizó el experto.
Para afrontar estos problemas, especialistas en salud, ambiente y
educación
de todo el mundo se reunieron entre el 14 y 16 de este mes en Buenos
Aires en la II Conferencia Internacional sobre Salud Ambiental Infantil,
y culminaron con una exhortación a "transformar el conocimiento
en acciones".
La cita, auspiciada por la OMS, urgió a divulgar las herramientas
disponibles en la actualidad para mejorar la salud ambiental infantil.
Beltramino destacó distintas estrategias ya en marcha en la región,
por ejemplo los cursos de capacitación de grado y posgrado en
salud ambiental para pediatras, que apenas cuatro años atrás
no existían, y la creación de Unidades Pediátricas
Ambientales (UPA) en hospitales de niños.
Estas unidades ya funcionan en Canadá, Estados Unidos y México,
y desde hace cinco meses se abrieron en tres hospitales de Argentina.
Las UPA brindan asistencia, capacitación e investigación
en temas de salud ambiental infantil.
"Si hay un incendio en una fábrica de pinturas, ellos (los médicos
de la UPA) son los encargados de intervenir en la protección de
los niños", ejemplificó el médico.
El pediatra también destacó la importancia de elaborar "perfiles
nacionales en salud ambiental infantil" a fin de reconocer dónde
están las zonas nacionales de riesgo y cómo asistir mejor
a la población afectada. Dieciocho países latinoamericanos
ya pusieron en marcha la elaboración de esos perfiles.
La cooperación internacional en la materia permitirá seguimientos
de casos para constatar la relación entre riesgo ambiental y enfermedad,
que no siempre puede detectarse a corto plazo.
Los países ricos ya realizan estudios epidemiológicos de
cohortes (grupos de personas con algún factor en común)
para diversos temas de salud pública. La novedad es aplicar esos
seguimientos a largo plazo para conocer el vínculo entre ambiente
y salud.
En la infancia, por ejemplo, los expertos observan muestras de sangre
del cordón umbilical de recién nacidos, y luego siguen
analizando la evolución de esas personas en la infancia, la adolescencia
y la edad adulta.
"Los síntomas de contaminación con tóxicos pueden
aparecer 20 años después de la exposición",
explicó Beltramino. "Para saber con certeza en qué medida
un determinado tóxico puede producir cáncer, se requieren
500 mil casos", dijo.
"Ese número de casos es imposible de seguir en un solo país,
pero si nos ponemos de acuerdo en una misma metodología para trabajar
en todos los países, podemos contribuir a un estudio global del
problema con resultados parciales y de largo plazo", indicó.
Fuente:IPS
Noviembre 23, 2005
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