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Preocupa la introducción de especies exóticas
La introducción de especies exóticas en el país,
que provoca el desplazamiento y destrucción de fauna y flora autóctonas,
además de riesgos sanitarios para los humanos, se tornó "preocupante" para
las autoridades nacionales. Consideran que puede ocasionar "catástrofes".
Las truchas, carpas, ciervos colorados y visones en la Patagonia, y los
castores en Tierra del Fuego son cinco de las 402 especies introducidas
en el país con fines deportivos, comerciales o decorativos que
ahora causan graves daños en el ecosistema de las zonas que habitan.
Según los informes de 2004, recopilados en la Base de datos sobre
Información Biológica en la Argentina (Inbiar), 79 de las
402 especies invasoras impactaron en la biodiversidad.
Los enormes caracoles africanos que avanzan hacia la selva misionera,
el pez esturión en el litoral, las algas asiáticas que
podrían obstruir las tomas de agua de la ciudad de Buenos Aires
y las aves, como el estornino pinto, amenazan no sólo los cultivos
y otras especies, sino que también pueden ser peligrosos para
la salud humana si no se los controla.
El jefe de Fiscalización de la Dirección de Fauna Silvestre
(DFS), el biólogo Marcelo Silva Croome, señaló que
la problemática de la introducción de especies exóticas "es
preocupante" para el organismo que depende de la Secretaría
de Ambiente y Desarrollo Sustentable nacional.
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Los animales invasores causan problemas directos" en el ecosistema,
dijo el biólogo y aseguró que desde DFS están "atentos
a la introducción de especies" exóticas, una problemática
para la que ya se dictó "legislación especifica".
El artículo 6 de la ley 22421, de Conservación de la Fauna,
prohíbe la liberación de animales y hace pasible de sanciones
a quienes infrinjan esta norma.
Además, el artículo 8 de la ley 24375, que adhiere al Convenio
de Diversidad Biológica de Río de Janeiro de 1992, establece
la necesidad de prevenir, erradicar o controlar las invasiones.
El especialista de la Fundación Vida Silvestre de la Argentina
(FVSA), Claudio Bertonatti, explicó que el término "exótico" en
ecología significa "no autóctono" y no "extraño
o raro" como piensa la gente en general.
Bertonatti afirmó que el daño producido por las invasiones
biológicas es un problema mundial: "En Islandia, por ejemplo,
85% de la flora está conformada por especies exóticas",
estimó.
Estas nuevas especies usurpan los hábitat de las autóctonas,
desplazándolas de sus refugios y abasteciéndose de sus
alimentos, lo que causa su expulsión, exclusión o extinción.
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Pueden edificar sus nidos en muchos lugares, tienen un rango muy amplio
de alimentación y también una amplia tolerancia a temperaturas,
por lo que comienzan a competir con especies autóctonas",
explicó el biólogo de DFS.
Silva Croome señaló que en diversos lagos de la Patagonia
las truchas marrón, arco iris y fontinalis afectaron la reproducción
de otros peces autóctonos, la perca, el puyén y el pejerrey
patagónico, al devorarse sus alevinos o crías.
También la introducción del ciervo colorado en bosques
patagónicos afectó a otras especies como el huemul y el
pudú, que es el ciervo enano más chico del mundo, provocando
una alteración total del ambiente al devorarse el follaje, la
corteza de los árboles y sus retoños.
En Tierra del Fuego, los castores también dañaron gravemente
el ecosistema, talando árboles y generando diques que alteran
el curso de los ríos y crean zonas inundables.
El visón en el sur argentino es un caso de invasión por
motivos comerciales, ya que los introdujeron para la producción
peletera, pero fueron liberados en los bosques patagónicos al
quebrar la industria y ahora devoran aves de la zona.
El problema se extiende al centro del país, donde, en un radio
de 50 kilómetros en las ciudades bonaerenses de Luján y
Moreno, la ardilla de panza roja, de origen asiático, ataca huertas,
nidos de aves silvestres y hasta mastica cables coaxil.
La introducción de enfermedades nuevas o la propagación
de las ya existentes se suma a la lista de graves consecuencias de este
tipo de invasión biológica.
Desde FVSA, Bertonatti advirtió que el caracol africano es una
especie que aunque todavía no ha ingresado en el país,
se encuentra en la puerta de la selva misionera y si no se toman medidas
de control, en breve lapso ingresará por el norte argentino, arrasando
flora y transmitiendo enfermedades.
"
Es un caracol terrestre y, a diferencia del caracol de jardín, éste
es enorme: mide más de diez centímetros de alto y hasta
15 centímetros de longitud, con una capacidad reproductiva de
400 huevos por año", explicó.
El especialista alertó que este caracol es un hospedador de un
parásito que provoca angiostrongilosis abdominal, una dolencia
de difícil diagnóstico ya que sus síntomas se parecen
a la apendicitis aguda y puede requerir cirugía.
Silva Croome, de la DFS, cree que "un gran porcentaje de invasiones
biológicas se convierten indefectiblemente en plagas, como ocurrirá,
si no se controla, con el estornino pinto", la plaga aviar más
importante del mundo.
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El costo de postergar el control superará ampliamente el costo
de lo que no invertimos porque es una crisis que puede devenir en catástrofe:
el bien comprometido es de altísimo costo", concluyó.
Las que se adaptaron al país
Unas 402 especies exóticas se han adaptado en el país,
muchas de las cuales han provocado graves daños en los ecosistemas
de las zonas que habitan, según un informe de especialistas y
organismos oficiales.
Unas 218 especies son plantas, cinco algas u hongos, 55 cordados (50
vertebrados y 5 urocordados) y 124 invertebrados, según detalla
la base de datos sobre Información Biológica en la Argentina
(InBiAr), elaborada en el marco del Proyecto I3N de la Red Interamericana
de Información sobre Biodiversidad (Iabin). Se conoce la fecha
aproximada de introducción de 79 especies y que 57 ingresaron
al país durante el siglo pasado, mientras que el resto lo hizo
con anterioridad. De las 149 especies de las que se tiene información,
28 fueron introducidas accidentalmente y el resto de manera intencional,
para cultivo, ornamento, forrajes, alimentos, cría, caza y pesca.
Unas 78 especies perjudican actividades económicas, y son depredadoras
de aves de corral o causan daño en instalaciones domiciliarias.
Unas 49 especies son perjudiciales para la salud humana, fundamentalmente
por su toxicidad o efectos alergogénicos.
Los distintos gobiernos, nacional y provinciales, han tomado medidas
con más de 30 de ellas, por ejemplo:
* Estorninos pinto y maina crestado: se encuentran en Capital Federal
y en la provincia de Buenos Aires desde fines de la década pasada
y crecen exponencialmente. El Ministerio de la Producción de la
provincia de Buenos Aires, la Dirección de Fauna Silvestre (DFS),
la Fundación Vida Silvestre Argentina y la Asociación Ornitológica
del Plata, entre otras, trabajan en la erradicación de estas dos
especies.
* Wakame: es un alga del pacífico que se estableció en
Puerto Madryn, Chubut y ya abarca una extensión de más
de diez kilómetros. Es de gran tamaño y llegó en
el agua de sentina o pegada en el casco de algún barco, que luego
estuvo anclado mucho tiempo. La DFS intenta tomar cursos de acción
para erradicar el alga ya que de expandirse por todo el golfo haría
imposible su control y se modificaría en el futuro y "para
siempre" todo el litoral marítimo.
* Castor canadiense: fue introducido en Tierra del Fuego en 1946 y los
50 ejemplares originalmente llevados para "dotar a la isla de una
especie de peletería" hoy se multiplicaron hasta 50.000,
que ya están colonizando islas vecinas.
El gran peligro reside en que si cruzó a otras islas también
puede llegar al continente, donde los bosques a ambos lados de la cordillera
de los Andes serían un lugar gigantesco y perfecto para colonizar,
modificando definitivamente el paisaje.
Fuente: La Capital (Mar del Plata, Argentina)
Noviembre 09, 2004
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