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BRASIL:
Superpotencia de la bioenergía
RIO DE JANEIRO, nov (Tierramérica) - El alza del precio del petróleo
y la inminente entrada en vigencia del Protocolo de Kyoto, por la ratificación
de Rusia, aceleran un proceso que conduce a Brasil a afirmarse como una
potencia de la bioenergía.
Las exportaciones de alcohol producido a partir de caña de azúcar
deben pasar de 800 millones de litros el año pasado a 2.000 millones
este año, y la expansión tiende a mantenerse con independencia
de los precios del petróleo.
Son muchos los países que, como Japón, se aprestan a mezclar
etanol con su gasolina, o aumentar el agregado de ese alcohol al combustible,
para reducir la contaminación del aire.
Se augura que las fuentes renovables tendrán un decidido impulso
global con la entrada en vigencia del Protocolo de Kyoto (1997), que
controla la emisión de gases de efecto invernadero, responsables
del cambio climático.
El Senado de Rusia anunció el 27 de este mes la ratificación
del tratado. Una vez promulgada por el Ejecutivo ruso, el protocolo de
Kyoto entrará en vigencia, pues se completa así el número
de países requerido: aquellos que emitan el 55 por ciento de los
gases invernadero.
En Brasil, el combustible de fuente renovable recupera la popularidad
que tuvo en los años 80, y no sólo por su menor precio.
Crece aceleradamente la demanda de automóviles ”bicombustible”,
que pueden usar gasolina, alcohol o cualquier mezcla de ambos, lanzados
el año pasado.
En 1985 y 1986 los vehículos impulsados a alcohol habían
alcanzado la fantástica proporción de 76 por ciento del
total producido en Brasil. Pero problemas de abastecimiento y precios
afectaron la credibilidad del programa Proalcohol, de sustitución
de combustibles, iniciado luego de la crisis petrolera de 1973.
La producción de automóviles a alcohol tocó fondo
en 1997, cuando fue 0,06 por ciento del total, según datos de
la Asociación Nacional de Fabricantes de Vehículos Automotores.
Desde entones registró una lenta recuperación, acentuada
desde el año pasado, cuando 84.173 automóviles que usan
alcohol carburante, incluyendo ”bicombustibles”, fueron 4,6
por ciento del total. Este año esa cantidad debe quintuplicarse,
ya que la producción de enero a septiembre sumó 253.817
unidades. Las de septiembre fueron 32 por ciento del total de ese mes.
La posibilidad de usar uno u otro combustible contribuye, junto con
el precio, a rescatar la confianza en el alcohol, ya que elimina el riesgo
de desabastecimiento o súbita elevación de precios.
Además, toda la gasolina en Brasil lleva de 20 a 25 por ciento
de adición de alcohol anhidro, reduciendo el consumo de petróleo
y la contaminación.. Y se empieza a fabricar en el país
aviones para fumigación que usan etanol.
El subsidiado desarrollo de Proalcohol costó unos 40.000 millones
de dólares, pero el país ”ya recuperó esos
gastos” y cosecha ahora los frutos, incluso por la tecnología
desarrollada, dijo a Tierramérica el investigador Osvaldo Stella
Martins, del Centro Nacional de Referencia sobre Biomasa.
La caña necesaria para hacer de Brasil el mayor productor mundial
de azúcar y alcohol genera gran cantidad de bagazo, fuente de
calor y electricidad, que va al mercado energético, además
de alimentar las propias centrales azucareras y destilerías.
Ahora el nuevo programa de biodiesel entusiasma a investigadores y empresarios.
El gobierno anunció que autorizará en noviembre su adición
al combustible diesel petrolero, en proporción de dos por ciento
que se elevará a cinco por ciento dentro de algunos años.
Además de reducir importaciones y mejorar el ambiente, ese programa
será de inclusión social, al generar cientos de miles de
empleos y favorecer la agricultura familiar en áreas pobres, según
el ministro de Ciencia y Tecnología, Eduardo Campos.
Por eso se piensa priorizar la producción a partir de ricino
(Ricinus communis) en el noreste, la región más pobre del
país, pero el biodiesel de ricino deberá ser fuertemente
subsidiado, ya que cuesta el triple del petrolero, señaló Stella,
ingeniero mecánico con doctorado en Ecología y Recursos
Naturales.
El aceite de ricino, materia prima de centenares de productos químicos,
medicinales y cosméticos, tiene gran demanda mundial insatisfecha,
y sería más lógico promover su producción
como insumo industrial, en vez de usarlo para biodiesel y cargar a la
sociedad con el costo de los subsidios, para ”resolver un problema
de Petrobras”, la empresa petrolera estatal, opinó.
El problema es que Petrobras debe producir combustible diesel sin azufre,
por motivos ambientales, y le conviene sustituir ese aditivo lubricante
por biodiesel, transfiriendo costos a la sociedad, explicó el
experto.
De todas formas, también se investiga para producir biodiesel
a partir de varios otros vegetales, e incluso de grasa procedente de
residuos orgánicos urbanos.
La alternativa que más entusiasma a Stella y a Laercio Couto,
presidente de la Red Nacional de Biomasa para Energía e ingeniero
forestal, es aprovechar desechos madereros y agrícolas.
La producción de madera sólo aprovecha 45 por ciento del árbol,
y deja una ”fantástica” riqueza en biomasa, dijo Couto
a Tierramérica.
Los residuos compactados en esferas o cilindros, para reducir volumen
y humedad además de facilitar el transporte, empiezan a ser exportados
a Europa. Pero se vendieron 40.000 toneladas el año pasado, y
la demanda es dos millones de toneladas, destacó.
Brasil, con su disponibilidad de tierras, sol y agua, es un inmenso
productor de biomasa, y la fotosíntesis hace del país una
potencia energética según José Bautista Vidal, el ”padre” de
Proalcohol.
Sin embargo, las largas distancias y la insuficiente infraestructura
que encarecen el transporte aún traban el negocio energético
más allá del aprovechamiento local, apuntó Couto.
Mario Osava - Corresponsal de IPS. Publicado originalmente
el 30 de octubre por la red latinoamericana de diarios de Tierramérica.
Fuente: IPS (International Press Service)
Noviembre 04, 2004
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