En el mundo se intenta eliminar la incineración
Regulada por un tratado de la ONU

En mayo del año 2001, la comunidad internacional adoptó a través de las Naciones Unidas el Convenio de Estocolmo sobre Compuestos Orgánicos Persistentes (COP). Tras haber sido ratificado por cincuenta países, el convenio entró en vigor en mayo de 2004 con 91 firmas; entre ellas, la de la Argentina.

Este convenio intenta eliminar o minimizar la descarga de doce de las sustancias más tóxicas emanadas; identifica a los incineradores de residuos entre las principales fuentes de emisión de COP al ambiente y requiere que se reduzcan o eviten nuevas fuentes, se las controle eficientemente y se utilicen "mejores prácticas ambientales".

Ante la falta de espacio para construir nuevos basureros y las deficiencias de los rellenos existentes, se ha promovido la idea de que quemar los residuos es una solución viable. La aparente solución se torna un problema, ya que las emisiones y los remanentes del quemado pueden producir efectos nocivos para la salud y el ambiente. La incineración, además, desincentiva la minimización de la generación de residuos, la separación y clasificación, la recuperación, el reciclado y el compostaje (uso como abono de materiales orgánicos).

Según la Coalición Antiincineración de la Argentina, estas prácticas comenzaron en EE.UU. y en Europa entre 1950 y 1960, pero pronto las evidencias científicas sobre el impacto de esta tecnología despertaron la oposición de ciudadanos y organizaciones que se movilizaron para evitar su instalación, lo que se logró en América del Norte y Europa. Favorecida por las normativas existentes o la falta de ellas, la industria creció en América latina, Europa del Este y Asia.

Qué se libera

La incineración de residuos libera al ambiente sustancias tóxicas; en forma gaseosa, por la chimenea; líquida, por efluentes de los dispositivos de lavado de gases, y sólida, por cenizas y filtros. Entre los contaminantes emitidos hay dioxinas (compuestos orgánicos persistentes, COP) producidos involuntariamente en los procesos de combustión y que incluyen el cloro) y furanos; metales pesados como plomo, cadmio y mercurio; gases de efecto invernadero, gases ácidos y partículas ultrafinas, según lo ha determinado el convenio de la ONU.

Pueden ser transportados por agua como por aire, a puntos muy alejados. Las dioxinas, sumamente tóxicas aun en bajas concentraciones, persisten en el ambiente por períodos prolongados sin degradarse y se concentran en los tejidos grasos. La Agencia de Protección del Medio Ambiente de EE.UU. ha concluido que la fuente más importante de exposición a las dioxinas es la alimentación.

Fuente: La Nación (Argentina)
Noviembre 19, 2004