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La UE levanta hoy la moratoria de transgénicos
sin el consentimiento de la mayoría de los países
Este maíz, denominado Bt-11, fue sometido a un proceso de evaluación
de riesgos bajo una normativa obsoleta y anterior a la moratoria, el Reglamento
(EC) 258/97. Este proceso estuvo rodeado de polémica y, desde entonces,
la Agencia de Seguridad Alimentaria francesa, la Agencia Federal Medioambiental
austriaca y organismos públicos de Bélgica han planteado
serias dudas sobre la validez del proceso y la seguridad de este maíz
que ponen en entredicho tanto la veracidad de los datos ofrecidos por la
empresa multinacional dueña de esta variedad, Syngenta, como de
la evaluación del Comité científico de alimentos de
la UE (hoy, agencia Europea de Seguridad Alimentaria).
"Greenpeace se pregunta por qué la Comisión Europea
pretende aprobar el maíz Bt-11 cuando no se dan las condiciones
para garantizar la inocuidad de este tipo de cultivo para el medio ambiente
y para la salud y cuando la mayoría del público europeo no
quiere comida transgénica en sus platos, ni organismos modificados
geneticamente en el campo" -ha declarado Juan Felipe Carrasco, responsable
de la campaña de transgénicos de Greenpeace. "Es vergonzoso
que la UE apueste por defender los intereses de las corporaciones a costa
de lo consumidores y del medio ambiente".
El Bt 11 es precisamente el maíz que transportaba el buque Winner
procedente de Argentina en el que, el pasado 28 de abril, activistas de
Greenpeace protagonizaron una acción de protesta. La compañía
Nidera, propietaria del cargamento de soja y maíz, se negó
entonces a identificar el tipo de mercancía y no permitió
a Greenpeace analizar la documentación de la carga. Sin embargo,
los resultados de los análisis practicados a las muestras tomadas
en el transcurso de la acción confirman las sospechas de la organización:
tanto la soja como el maíz contenían transgénicos.
En el caso del maíz, además de la presencia de Bt 176 -el
maíz que España lleva cultivando en solitario en la UE desde
1998 y que está directamente vinculado a graves impactos ambientales,
sanitarios y económicos-, el barco transportaba un maíz ilegal
para consumo humano: el Bt 11.
La nueva legislación sobre etiquetado y trazabilidad, vigente
desde el 18 de abril de este año, obliga a etiquetar todos aquellos
alimentos o piensos que contengan derivados de cultivos transgénicos
autorizados por la UE. Sin embargo, en lo que se considera un serio ataque
a la seguridad alimentaria y al medio ambiente, existe una medida transitoria
que permitirá, durante los próximos 3 años, la presencia
en nuestros alimentos, sin obligatoriedad de etiquetar, de hasta un 0,5%
de determinadas variedades que aún no hayan sido autorizadas, como
el maíz Bt 11.
Greenpeace exige al Gobierno español que, mientras los transgénicos
no estén prohibidos, al menos se aplique la legislación en
vigor, se inspeccione inmediatamente la documentación, se investiguen
los usos que Nidera haga de este maíz y se hagan públicos
los resultados. Este tipo de inspecciones deben realizarse en cualquier
barco que pudiera contener transgénicos. "Ante la duda de si
será utilizado para consumo animal o humano y en qué porcentajes,
ante la falta de información sobre la naturaleza del conjunto de
este cargamento y sobre si cumple o no con las nuevas normas de etiquetado,
que las autoridades aduaneras y sanitarias no controlen la entrada de transgénicos
es una absoluta falta de responsabilidad", ha declarado Carrasco.
Greenpeace espera que el Gobierno de Zapatero ponga en marcha los mecanismos
de inspección y control que exige la legislación europea
e internacional y que el anterior gobierno pasó por alto. La organización
ecologista defiende el derecho de los ciudadanos a elegir su alimentación,
sobre todo teniendo en cuenta los cuatro millones de toneladas de soja
y el más de medio millón de de maíz transgénicos
que entran en los alimentos de los españoles sin su conocimiento.
Fuente: Greenpeace (España)
Mayo 19, 2004
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