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Científicos argentinos y brasileños
Mal de Chagas: prueban un método para
detectar vinchucas
Usan las mismas sustancias que liberan los insectos cuando son perturbados
* La investigación está financiada por la OMS
* Reemplazaría a los insecticidas
* Utiliza la misma señal biológica de alarma que emiten
ante el peligro
Un proyecto financiado por la Organización Mundial de la Salud
(OMS) pondrá a prueba un sistema para localizar vinchucas, los
vectores del mal de Chagas, enfermedad que afecta a más de 16
millones de personas en América latina.
"
Es un método menos tóxico y más específico
que los actuales en uso", precisa el biólogo Gabriel Manrique,
desde el Laboratorio de Fisiología de Insectos de la Facultad
de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA.
El equipo de este investigador del Conicet, junto con especialistas del
Instituto René Rachou, dependiente de la Fundación Oswaldo
Cruz de Belo Horizonte, Brasil, tiene un año para comprobar la
eficacia de su diseño, basado en sustancias liberadas en situación
de peligro por esta "chinche gaucha", como se la conoce popularmente.
Tras ella desde hace años, los científicos intentan descifrar
su lenguaje y conocer sus hábitos para mejorar los métodos
de control y desarrollar sistemas preventivos que eviten el contacto
con el ser humano. Es que no existe una vacuna contra el parásito
Trypanosoma cruzi, transmitido a través de las heces por este
pequeño insecto de 3 centímetros de largo.
Con la mirada puesta en este pequeño animal que se alimenta de
sangre, Manrique y sus colaboradores buscaron llevarlo a situaciones
límite para evaluar su reacción. "Cuando se la perturba,
la vinchuca libera una serie de compuestos que informarían sobre
la presencia de un peligro potencial al resto de la población
para que escape. Sería una feromona de alarma", describe.
¿
Qué es una feromona? "Es una sustancia o complejo de sustancias
secretadas al exterior capaz de modificar comportamientos de organismos
de la misma especie", explica Manrique, doctor en biología
y apasionado por interpretar el código de estas diminutas "benchucas" o
gran chinche negra de las pampas, como las llamó Charles Darwin
hacia mediados del siglo XIX.
La feromona emanada por las vinchucas en riesgo "no sólo
les advierte la conveniencia de huir, sino que el escape lo realizan
en la dirección contraria de la fuente de agresión",
observa el científico.
Además de indicarles hacia dónde está la salida,
les facilita la fuga. "El producto liberado promueve un aumento
en la actividad locomotora: caminan más rápido", añade.
Una vez identificada la forma de actuar y qué la incentivaba,
el paso siguiente consistió en reproducir artificialmente la señal. "Caracterizamos
químicamente a estos compuestos volátiles -puntualiza Manrique-.
La idea es poner a prueba reactivos que intenten provocar el comportamiento
de escape." A estos compuestos químicos los sigue el test
de fuego: determinar si sirven como método desalojante en las
viviendas, es decir, si una vez diseminadas estas sustancias en una casa
en zona de riesgo obligan a los insectos a escapar de sus habituales
escondites y así ser detectados.
Normalmente, la vinchuca busca abrigo en grietas y rajaduras, condiciones
ideales que halla en construcciones rurales con paredes de adobe y techos
de paja. De día permanece inmóvil en su escondrijo, porque
le escapa a la luz, y sólo de noche sale a nutrirse de sangre
humana o de otro animal de sangre caliente. "La vinchuca usa, entre
otras claves, el calor de los cuerpos para aproximarse a su hospedador",
especifica.
Después de alimentarse, regresan a su refugio. Allí es
precisamente donde se las busca. "Actualmente los operadores sanitarios
que tratan de determinar si un rancho está infestado lo hacen
con linternas y grandes pinzas que introducen en las grietas para obligarlas
a salir, como también mediante la utilización de sensores
y la búsqueda de excrementos u otros restos que indiquen la presencia
de estos insectos. También se emplean insecticidas como desalojantes",
señala.
Ahora, Manrique y su equipo pondrán a prueba esta otra alternativa. "Buscamos
probar si los volátiles liberados que funcionarían como
feromona de alarma pueden servir como un desalojante para detectar presencia
o ausencia de vinchucas en las viviendas. Sería un método
ecológico, menos tóxico y más específico
que los insecticidas actualmente utilizados", concluye.
Por Cecilia Draghi
Centro de Divulgación Científica de la Facultad de Ciencias
Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires.
Fuente: La Nación (Argentina)
Mayo 21, 2004
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