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Crisis energética en el Cono Sur: los
temas ausentes
Por Gerardo Honty*
La crisis energética que vive el Cono Sur ha vuelto a poner en
el tapete los temas de la integración regional, la dependencia
energética, la falta de inversiones, la capacidad del estado de
regular, etc. Pero poco se ha hablado acerca de algunas otras causas
y consecuencias que esta crisis tiene. Por lo pronto parece como si la
falta de lluvias y las bajantes de las represas tuvieran que ver con
una maldición divina. Asumimos esta catástrofe climática
como una desgracia más que la mala fortuna nos pone en el camino
tan ansiado de desarrollo. Lo mismo pasó en la crisis energética
chilena de 1998 o la brasileña de 2001. También en aquellas
oportunidades las culpas fueron compartidas con la falta de inversión
de los capitales privados, vale la pena apuntar.
Una razón de cuenca
Sin embargo esta crisis actual tiene algunas otras razones. La represa
de Salto Grande, compartida por Argentina y Uruguay se quedó sin
agua y nadie parece asociar esto con las nuevas represas construidas
sobre el Río Uruguay. Allí existe una larga cadena de
represas: Passo Fundo, Itá y Machadinho, son las más
importantes. Las últimas dos fueron construidas en los últimos
5 años y el tema de su impacto aguas abajo fue ventilado en
su momento. En tanto la situación hidrológica sea más
o menos normal, los reservorios se mantienen en un nivel más
o menos constante y el agua fluye río abajo sin mayores inconvenientes.
El agua pasa por las turbinas, genera la electricidad y vuelve a correr
por el río hasta la próxima represa. Esto tiene unos
impactos ambientales significativos en la vida del río, como
las dificultades para la migración de peces, que no vienen al
caso en este artículo.
Sin embargo, cuando la situación hidrológica no es buena – como
es el caso en la actualidad - los operadores de las represas brasileñas
y argentino / brasileñas retienen el agua lo más posible
para tener reservas ante las eventuales crisis inmediatas. Pero como
están aguas arriba, la acumulación de agua en las sus represas
impide el natural ciclo del río Uruguay y el agua entonces ya
no llega más abajo, afectando especialmente a Uruguay.
Este problema se puede agravar pues en distintas etapas de concreción
están esperando turno para ser construidas las represas: San Pedro,
Garabí, Roncador, Itapiranga y Foz de Chapecó, todas sobre
el río Uruguay o sus tributarios. Y estas son solo las hidroeléctricas,
hay otras varias en la cuenca previstas con fines de riego. ¿Cuánta
agua quedará disponible en el río Uruguay a la altura de
Salto Grande en las sequías de los próximos años?
Una razón global
Muchos aún se ríen con sorna y la mayoría cree que
es un problema para el futuro, pero el cambio climático ya llegó.
Sumado a los problemas de la "peridiocidad" de las sequías
y del aumento de las represas en la cuenca, el fenómeno del cambio
climático ya está acá. Catorce años atrás
el Panel Intergubernamental de Cambio Climático –órgano
científico de Naciones Unidas- anunció que los regímenes
de sequía e inundaciones iban a variar aumentando la cantidad
y frecuencia de los "eventos extremos". En muchas partes del
mundo esto fue tomado en serio y aparecieron el Protocolo de Kioto, en
el ámbito internacional, y varias medidas de "adaptación
al cambio climático" en el ámbito nacional.
Tal como sucede en algunos países, en Uruguay se elaboraron durante
el año 2002 una serie de medidas de adaptación para diferentes
sectores de la economía nacional. La única medida de adaptación
propuesta para el sector energía dice: "Profundizar los estudios
sobre disponibilidad de agua y régimen de aportes de las centrales
hidroeléctricas y actualización de las series históricas
de aportes utilizados en los modelos de planificación y operación
del sistema eléctrico". Quiere decir que los técnicos
y jerarcas uruguayos que elaboraron este informe están reconociendo
que el cambio climático existe, que la generación de electricidad
va a ser afectada y que hay que adaptarse a la nueva realidad.
Quiere decir también que la desgracia que la mala fortuna interpuso
en nuestro paso es en parte responsabilidad de unos países que
utilizaron la energía de manera abusiva y que aún no se
han dignado a pagar la cuenta. Y que los gobiernos del Cono Sur no se
tomaron en serio las negociaciones del Protocolo de Kioto y anduvieron
más preocupados de ver como sacaban algunos pesos vendiendo créditos
de carbono secuestrado en los árboles que en obligar a los países
industrializados a detener la quema de petróleo.
Economía: la razón del artillero
Pero las consecuencias de esta crisis energéticas no solo van
a ser económicas, ni van a ser económicas sólo porque
se pierda producción o aumenten los costos de generación.
En Uruguay, la empresa estatal de electricidad UTE, está proponiendo
una "tarifa térmica" para compensar el aumento de costos
que le ocasiona generar electricidad a partir de fuel y gas oil como
lo está haciendo ahora. Pero esta tarifa térmica debería
venir acompañada de una "tarifa bronquial" que tendrían
que cobrar los hospitales y sanatorios para equilibrar sus propios costos.
Es que el aumento de emisiones contaminantes que están produciendo
las centrales térmicas (Batlle y La Tablada) tendrá su
correlato en un aumento de las enfermedades asociadas con los gases que
salen de las chimeneas de las usinas.
El volumen final de emisiones dependerá de la cantidad de días
y horas que estas usinas deban estar encendidas para paliar la crisis.
Para tener un punto de partida para el análisis supongamos que
ambas centrales estén encendidas las 24 horas del día durante
un mes. En un mes de funcionamiento las centrales térmicas arrojarán
sobre la ciudad de Montevideo –entre otros gases- 333 mil kilos
de CO2 (dióxido de carbono) y 5.162 kilos de SO2 (dióxido
de azufre). Para tener una idea de lo que esto significa puede decirse
que esto equivale al volumen del dióxido de azufre emitido por
todo el sector transporte (más de un millón de vehículos)
en 56 días y de CO2 en 240 días[1].
Para tener una idea de los impactos en la salud pueden citarse estudios
hechos en 11 ciudades de Canadá que mostraron que un aumento de
entre 10 y 60 microgramos de SO2 por metro cúbico producen un
aumento de 3% en el índice de mortalidad general y 4% en el índice
de mortalidad por afecciones respiratorias.[2] El dióxido de azufre
además de afectar el sistema respiratorio, al asociarse con el
agua de la atmósfera provoca lluvia ácida, lo cual tiene
impactos diversos en el ambiente pero también –una vez más-
sobre la salud. No hay estudios a nivel nacional de la relación
entre el nivel de emisiones derivados de la quema de combustibles fósiles
y las enfermedades, pero a juzgar por la evidencia internacional –como
el caso del estudio anterior- la correlación es evidente.
De la misma manera pueden establecerse los costos por los daños
ocasionados por estos gases. Por seguir con el ejemplo del dióxido
de azufre, un estudio hecho para el Reino Unido[3] estima que una emisión
de 2:697.000 toneladas de SO2 ocasiona un daño por 16.000 millones
de euros. Llevado esto a nuestro ejemplo de un mes de emisiones de SO2
de La Tablada y Batlle resulta en un costo por daños de 30 millones
euros por mes, la mayoría ocurridos en el sector salud. Téngase
en cuenta que faltan contabilizar los impactos de los demás gases:
monóxido de carbono, óxidos de nitrógeno, material
particulado, etc.
¿A cuánto ascendería la "tarifa bronquial" de
los hospitales?
En resumen: crisis
La economía de nuestros países sufre de diversas maneras
por la crisis energética. Pero l a crisis no nos vino del cielo.
Entre otras cosas se ha basado en una dependencia excesiva de los combustibles
fósiles (más del 60% de la matriz energética de
la región), muy poca inversión en fuentes alternativas
y escasos programas de eficiencia y ahorro energético. Además
no se consideran las externalidades negativas del sector y las privatizaciones
y los programas de ajuste estructural han dejado sin herramientas a los
gobiernos de la región. Muchos de estos temas se ventilan pero
otros –como los planteados en este artículo- no están
en el debate. Como siempre se dice, la crisis es una oportunidad. ¿Se
la tomarán en serio en el Cono Sur?
(* Investigador asociado de D3E (Desarrollo, Economía, Ecología
y Equidad América Latina) y director del Centro Uruguayo en Tecnologías
Apropiadas (Ceuta)).
Fuente: http://www.adital.org.br/
Mayo 07, 2004
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