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¿Oferta de sexo en Palermo? y temas olvidados
en las modificaciones al Código Contravencional
Como ustedes saben, la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires está estudiando
las modificaciones al Código Contravencional, en vistas al fracaso
del Código vigente. El tema casi excluyente parece ser el de la
oferta de sexo en la vía pública, como si no existieran
otras conductas que pueden afectar la convivencia en una gran ciudad
como la nuestra.
La paradoja es que se han labrado miles de actas por contravenciones,
casi todas por cuestiones de sexo, sin que ninguna de ellas haya generado
una sanción efectiva. La única sanción aplicada
ha sido el apercibimiento, lo que equivale a decirle al infractor "Eso
que Ud. hizo está mal, no lo haga más", y repetírselo
decenas de veces, cada vez que se le vuelve a labrar un acta por la misma
infracción.
Pero, por supuesto, el sexo no es lo único que pasa en una Ciudad.
El Código Contravencional debería incluir, por ejemplo:
Sanciones para las contravenciones bromatológicas, un tema en
el cual existen proyectos presentados, que no sabemos si se van a incluir
en el texto que finalmente se apruebe. Por supuesto que esto requiere
de un sistema confiable de control bromatológico y sabemos que
el de la Ciudad adolece de fallas importantes.
Sanciones para las contravenciones ambientales, un tema sobre el cual
se ha hablado oportunamente, pero sin resultados hasta ahora. La próxima
Ley de Aire y de Ruidos (que la Legislatura está estudiando) tiene,
obviamente, que incluir sanciones para quienes produzcan humos negros
o ruidos insoportables. Los vecinos de los boliches bailables, las personas
que soportan durante años las vibraciones de una fábrica
sin que la autoridad haga nada por evitarlas, saben de qué estamos
hablando. El lugar para colocar esas sanciones es el Código Contravencional.
Sanciones para las contravenciones contra el patrimonio cultural. Sucede
que la Legislatura aprobó a fines del año pasado una Ley
Marco para la Protección del Patrimonio Cultural, que se supone
protege nuestros edificios históricos. Sin embargo, los Diputados
de ese momento no pusieron ninguna sanción para quienes dañaran
los bienes culturales que esa Ley protege. No necesito recordar que sin
sanciones, esa protección es inútil y meramente declarativa.
Los Diputados pidieron al Ejecutivo que redactara un proyecto de sanciones
y se los enviara. Más allá de considerar que ésa
es función del Poder Legislativo y no del Ejecutivo, si esas sanciones
se aprueban, su lugar es claramente el Código Contravencional.
Pero el tema del sexo no sólo nos ha hecho perder de vista los
otros problemas, sino que parece también habernos hecho perder
el sentido común, ya que está circulando un proyecto de
dictamen que prohibiría la oferta de sexo en las proximidades
de colegios y viviendas. Tal como señala el Diario Clarín
del 6 de mayo, eso significa crear una zona roja en un sitio deshabitado.
Que es precisamente el Parque 3 de Febrero, también llamado de
Palermo.
¿Se vuelve a pensar que un espacio verde es un espacio vacío?
La descripción que el Gobierno de la Ciudad hace de ese parque
debería disuadir a quienes piensan que los problemas sociales
pueden solucionarse sacrificando los espacios verdes y transformándolos
en una zona roja. Dice la página Web del Gobierno de la Ciudad:
El Parque 3 de Febrero en el barrio de Palermo constituye el gran espacio
verde de la ciudad. Con la parquización del área del célebre
paisajista Carlos Thays, en la década de 1890, esta zona quedó configurada
por frondosos árboles, hermosas esculturas, perdidos senderos,
perfumados jardines y un magnífico espejo de agua.
Entre los principales atractivos para visitar figuran:
Jardín Zoológico. Casi 2 millones de personas concurren
a este pintoresco paseo por los magníficos pabellones que albergan
una importante variedad de animales, cuyo estilo arquitectónico
guarda estrecha relación con la procedencia de los mismos.
Jardín Botánico. Son las ocho hectáreas más íntimamente
bucólicas de la ciudad de Buenos Aires, intimidad que contrasta
con el torrente de tráfico que converge en la aledaña Plaza
Italia. El arquitecto paisajista francés Carlos Thays hizo del
Jardín Botánico su obra cumbre. Pero el Botánico
sorprende aún más al descubrir las esculturas que allí se
encuentran. Originales o reproducciones, esos bronces y mármoles
instalados en la frescura de las fuentes, o con un mágico verde
vegetal , constituyen uno de los paisajes más estéticos
de la ciudad.
El Jardín Japonés. es un paseo que recrea
la belleza y poesía
de los jardines orientales. Plantas, flores, puentes y cascadas se combinan
en sutiles y agradables rincones creando un clima de colores y perfumes.
Para los más pequeños, la atracción está en
los puentes y en el lago, donde se pueden ver los coloridos e inquietos
peces "Carpa", traídos originalmente de Japón.
El Rosedal, el Jardín de los Poetas y el Patio Andaluz son otros
de los interesantes rincones de este sector.
La idea de transformar en zona de prostitución a uno de los sitios
más valiosos de nuestro patrimonio urbano refleja una desconcertante
falta de visión de nuestros representantes y nuestras autoridades.
Está claro que ceder a la prostitución el Parque 3 de Febrero
es mucho más que un error grave. Es el absoluto desconocimiento
de lo que es una ciudad y del rol de las diferentes funciones urbanas.
Duante años, hemos tratado de evitar que se cedieran partes de
ese parque de jerarquía internacional a los diferentes clubes
y asociaciones que tenían acuerdos políticos con los gobiernos
de turno. Sorprende que ahora se quiera entregar el parque entero a una
actividad que no merece este tipo de promoción.
Vale la pena que reflexionemos sobre las implicancias de un sistema político
que no puede percibir lo que significa el espacio público.
En esta entrega ustedes reciben un texto sobre el rol social de los espacios
verdes, de la conocida especialista Sonia Berjman.
El sexo (por amor o por dinero) es una actividad privada. No tiene nada
que hacer en los espacios públicos.
Un gran abrazo a todos.
Antonio Elio Brailovsky
EL ESPACIO VERDE PÚBLICO
Por Dra. Sonia Berjman
Para su equilibrio, la ciudad construida (llena) necesita espacios abiertos
(vacíos) que como remansos en la diversidad nos permitan incorporar
la necesaria amplitud: ambos son términos indispensables para
lograr un todo armónico.
"Para que sirve ese espacio vacío? Quizás para tener
esa placentera sensación de toma de distancia con el mundo cotidiano
de la ciudad (...) ¿Para que sirve el silencio entre las palabras? ¿Para
que sirve el intervalo del sueño? En fin, para simplificar, digamos
que el vacío es parte indispensable de la vida misma."
Con el transcurso del tiempo, a medida que vamos percibiendo el vacío
como presencia le vamos otorgando significado, lo vamos llenando de espacio,
lo creamos como referencia y con él nos relacionamos, tal como
lo ha expresado Breyer.
Esos espacios libres públicos, de propiedad comunal, pueden ser
verdes o no. Entre los primeros tenemos las plazas, plazoletas, canteros,
bosques, bulevares. Entre los segundos, los campos de deportes, baldíos,
encrucijadas de tránsito, atrios religiosos y civiles, estacionamientos
para vehículos, el sistema circulatorio en general.
Los objetivos principales de la existencia misma de los espacios verdes
públicos se dirigen a cumplimentar nuestras necesidades básicas
de higiene (pulmones de la ciudad), de goce estético y deportivo
(recreación), de vida de relación (grupos sociales diversos).
"Espacio abierto que puede ser espacio verde cuando el material
vegetal está presente y es principal componente. Espacio verde,
entonces, caracterizado por su dinamicidad, su variación a lo
largo del año y su evolución prolongada en el tiempo..."
Aunque un espacio verde – en términos generales – abarca
desde un cantero a un bosque, contemporáneamente se considera
que los niveles necesarios pueden establecerse en patios (referidos a
la manzana), plazas (referidas al barrio), parques urbanos (referidos
a la ciudad) y parques metropolitanos (referidos a la región).
No hay duda de que la palabra plaza es la que más nos apela como
habitantes de una ciudad estructurada por barrios que están directamente
relacionados con su escala. Como primera aproximación, podemos
definirla como un "lugar espacioso rodeado de casas, en el interior
de un poblado", y cuando además "es un lugar arbolado
de cierta extensión para caza o para recreo" tenemos un parque.
A la inversa, cuando es de reducida superficie, que resulta del trazado
de calles o avenidas y que se deja libre por necesidad del tránsito,
estamos frente a una plazoleta, que no es lo mismo que placita (diminutivo
de plaza).
A mediados del siglo pasado, se definía a una plaza como un "local
más o menos ancho, mas o menos espacioso, dentro de las poblaciones,
donde se venden géneros comestibles y de otras clases, se tiene
el trato común de los vecinos y comarcanos, se celebran ferias,
mercados, fiestas públicas". Hoy, para nosotros, debe "tener
como complemento jardines y árboles, además de asientos
para solaz y descanso, por ser un paseo público". Ambas definiciones
contienen un punto común de partida: el espacio libre dentro de
la ciudad, al que venimos de caracterizar y que podemos graficar como
el negativo de la trama.
La arquitectura paisajista, conformada con el aporte de varias vertientes
(horticultura, botánica, jardinería, historia, sociología)
es la que se ocupa de dar forma y color a esos espacios vacíos,
y por ende, a darles significación. "La forma, al definir
al espacio, da existencia cultural al entorno."
Los rasgos de la arquitectura paisajista combinan, como en ninguna otra
disciplina, aquellos provenientes de la ciencia con los de un arte múltiple
y temporal. El paisajismo produce, mediante una materia biológicamente
viva, situaciones en continuo cambio en las que lo simbólico adquiere
una importancia esencial, principalmente para volver a instaurar la fascinación
de la idea del paraíso terrenal, del Jardín del Edén.
Contemporáneamente, debe devolvernos el sentido mágico
y misterioso del origen, al que nosotros sumamos en forma colectiva e
individual los contenidos de la vida cotidiana y las significaciones
propias de nuestro tiempo.
Este arte público se realiza por medio del Estado con los fondos
públicos, es decir comunes y aportados por todos, con el objeto
de que todos los habitantes disfruten del bien general. Su nacimiento,
durante el siglo XIX en Francia, estuvo ligado al del nuevo arte de construir
la ciudad, y al surgimiento paralelo del tiempo libre dentro del proletariado
industrial, factores que se conjugaron en la aparición del parque
público como necesidad urbana y social.
"El jardín público debe su existencia y su desarrollo
a una conjunción de innovaciones científicas, políticas
y jurídicas (...) La teoría arquitectónica se pone
de acuerdo con la medicina, la filosofía social y el derecho para
establecer la primacía del espacio público sobre el espacio
doméstico y le confiere desde entonces la misión de sanear
y embellecer la ciudad enferma de sí misma..."
En nuestra ciudad, el trayecto que va desde el primitivo asentamiento
hasta la multitudinaria metrópolis de hoy, fue arduo, lento, con
idas y venidas. La relación con la naturaleza se dió de
manera dual: primero se trató de dominarla, y cuando se lo hubo
conseguido, se trató infructuosamente de reconquistarla. Cuatro
siglos se invirtieron en este camino al que ahora se necesita imperiosamente
tratar de revertir para lograr una relación más fluida
del hombre con el entorno natural.
La plaza, el parque, el espacio verde público, han acompañado
ese proceso en distintos roles y con distintos objetivos, lo que se tradujo
en la instauración consecutiva de diferentes modelos que plasmaron
desigualmente nuestras necesidades (reales o transplantadas) pero que
poco a poco fueron asumidos por una sociedad que hoy los considera como
propios, formando ya parte indisoluble de la memoria colectiva.
(El texto completo de Sonia Berjman (incluyendo las referencias bibliográficas)
puede consultarse en: www.paisajismoargentino.com/espacioverde1
por Sonia Berjman
Fuente: Antonio Elio Brailovsky (Argentino)
Mayo 07, 2004
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