SALUD: BROTE EPIDEMICO EN EL NOROESTE BONAERENSE, A 237 KM DE LA CAPITAL
Alarma por una bacteria que ya atacó a 700 personas en Rojas
Es la shigella, que causa fiebre, vómitos, diarrea y dolor abdominal. El brote empezó el miércoles pasado y se sigue extendiendo. El 75% de los afectados son bebés y chicos de hasta 14 años.

El miércoles pasado, cinco chicos de un colegio privado de Rojas presentaron cuadros de fiebre, diarrea, vómitos y fuertes dolores abdominales. Nadie en ese momento se dio cuenta, pero se trató del principio de la propagación de una bacteria que, seis días después, ya se desparramó por todos los barrios de la ciudad. En el único hospital de Rojas ya llevan atendidas a más de 500 personas con esos síntomas. Y en el único sanatorio privado trataron a otras 200. El 75% de los afectados son bebés y chicos de hasta 14 años.

De acuerdo con las autoridades municipales, no se trata de una epidemia. "Es sólo un brote. Epidemia es cuando afecta a más del 10 por ciento de la población", dijo a Clarín el secretario de Salud de Rojas, Luis Medina. La ciudad tiene unos 23 mil habitantes, según el último censo.

Rojas, sin embargo, ya podría estar al borde de una epidemia. Es que según otros médicos locales la cantidad de enfermos debe de ser bastante mayor a la declarada. "Ya debemos de estar en los 1.500 casos. Lo que sucede es que muchos se automedican y no se atienden", explicaron Pedro Menoyo y Claudio Dorigo, de la Clínica Privada de Rojas.

Tras el análisis de la materia fecal de once pacientes —nueve chicos y dos adultos— se pudo determinar que la bacteria que provocó el brote es la shigella. Aunque ya pasaron seis días desde que aparecieron los primeros casos, todavía no se determinó de dónde provino. Según el secretario Medina hay tres posibles fuentes: el agua de red, los tomates y la leche.

Los tomates fueron una de las primeras hipótesis. ¿La razón? Muchos de los enfermos contaron que los habían comido antes de descomponerse. Sin embargo, hay gente que también presentó los síntomas y no comió tomates. "Estamos investigando si se comercializaron tomates regados con camiones atmosféricos", dijo el secretario de Salud. Otra de las posibilidades es que la bacteria se difundió a través de la leche. "Aquí en el centro no se vende leche que no esté pasteurizada, pero no sé qué sucede en las afueras", comentó el funcionario.

La tercera hipótesis es la peor de todas: que la shigella se esté difundiendo por la red de agua corriente. Hay 8 bombas que toman agua de napas subterráneas. Hace unos días se tomaron muestras de todas. "Los análisis dieron negativo", explicó el secretario Medina. Y agregó: "Como crecieron los casos, ordenamos nuevos análisis. Esas muestras serán llevadas a Buenos Aires".

Las autoridades recomendaron ayer que al agua de red se le agregue dos gotitas de lavandina por litro antes de beberla. El consejo no hizo más que avivar cierta psicosis: hacia la tarde ya no quedaba agua mineral en ninguno de los supermercados más grandes.

En las farmacias tuvieron que reforzar sus stocks. En la "Pueblo" —es la que ayer estaba de turno— tuvieron que pedir al distribuidor más antivomitivos, antidiarreicos y antifebriles.

"Más de la mitad de la gente que viene a comprar no trae receta", contó a Clarín la empleada Noemí Ghirardi. Esto confirmaría que los infectados son muchos más que los atendidos en el hospital y la clínica.

Ayer, en el hospital había internados 36 chicos y 7 adultos. En la clínica, a 15 adultos y 3 chicos. En ambos lugares sólo internan a quienes presentan síntomas de deshidratación a causa de la diarrea con sangre y los vómitos.

En el hospital parecían no dar abasto. Ayer atendieron a unas cien personas. En la guardia daban número y se necesitaba una hora larga de espera.

En la vereda frente al hospital, Alex Barry (13) se agarraba la panza de los retortijones. Su mamá, Gabriela Tissera, le mojaba la cabeza con agua mineral. Confiaba en que así le bajaría la fiebre hasta que los atendieran.

El domingo, las autoridades decidieron suspender las clases hasta mañana. Pero muchos padres se enteraron ayer, ya en las puertas de las escuelas, de la decisión. "Ni avisaron debidamente que se suspendían las clases ni había una epidemia", se quejó Julio Scalisse, padre de un adolescente atendido en el hospital.

—¿Hubo imprevisión? —preguntó Clarín al secretario Medina.

—No. Pensamos que era algo controlable, pero la verdad es que se nos fue de las manos.

Carlos Galván. - cgalvan@clarin.com

Fuente: Clarín (Argentina)
Marzo 30, 2004