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Denuncias por contaminación
Buscan un acuerdo con Uruguay por una planta papelera
Evitarán otro conflicto diplomático
* Los primeros informes técnicos no reflejan perjuicios sensibles
* El proyecto autorizado por Batlle contempla un sistema similar al usado
en la Argentina
* Quejas por el mal olor
Las aguas bajan revueltas entre Néstor Kirchner y Jorge Batlle.
Más revueltas bajarán, al parecer, si no hallan una solución
al grifo abierto por la decisión del gobierno uruguayo de autorizar
la instalación de una planta de procesamiento de pasta de celulosa,
materia prima del papel, sobre el río Uruguay, frente a la costa
de la provincia de Entre Ríos.
El proyecto, en respuesta a una solicitud de la Empresa Nacional Celulosa
España (ENCE), promete 3000 empleos en forma directa e indirecta,
pero, en forma simultánea, organismos no gubernamentales y gente
de a pie han advertido que tendría un impacto contaminante y,
como consecuencia de ello, en la salud de la población.
La inversión, inusual en nuestros países, supera los 500
millones de dólares. Otra compañía, Metsa Botnia,
de capitales finlandeses, está dispuesta a montar en 2007 una
planta similar en la zona, también sobre la ribera uruguaya, con
un capital del orden de los 1000 millones de dólares.
La reciente visita de Kirchner a Gualeguaychú, en compañía
del canciller Rafael Bielsa, removió aún más las
aguas. En la ocasión, el gobernador de Entre Ríos, Jorge
Busti, anunció que presentará un recurso de amparo ambiental,
de modo que Batlle revea la medida, pero, según confiaron a LA
NACION fuentes provinciales, está en veremos si será de
tipo administrativo o judicial.
La parte argentina de la Comisión Administradora del Río
Uruguay (CARU), compartida con Uruguay, se fijó un plazo de 30
días, desde el martes pasado, para emitir un dictamen: informes
de dos consultores propios y del Instituto Nacional de Tecnología
Industrial (INTI) no reflejan perjuicios sensibles en la margen entrerriana,
razón por la cual, según confió a LA NACION una
fuente diplomática, existen posibilidades de llegar a acuerdo.
En especial, si la delegación uruguaya vuelve a participar de
las sesiones, suspendidas por su inasistencia desde octubre, cuando Batlle
autorizó la instalación de la planta.
Uno de los técnicos argentinos dijo en una reunión con
el Grupo de Vecinos Autoconvocados de Gualeguaychú, renuente a
la instalación de la planta, que el mal olor, entre otras consecuencias,
no era señal de contaminación. Recibió como respuesta
una pregunta: ¿quién quiere vivir con mal olor?
Los perjuicios
El quid de la cuestión, sin embargo, no se resume en mal olor:
informes a los cuales tuvo acceso LA NACION dicen que la planta será una
industria química que, partiendo de chips de madera de eucalipto,
producirá pulpa o pasta (es decir, celulosa) blanqueada, materia
prima para la elaboración de papel. En el proceso, agregan, se
usan sustancias químicas, como el dióxido de cloro, cuyos
desechos líquidos contaminantes (materia orgánica clorada),
serán vertidos al río. Presumen que habrá emisiones
aéreas tóxicas, ruido permanente, peligro de contaminación
de las napas subterráneas y perjuicios para el turismo.
"
La pasta de celulosa se hace con cloro y no se puede eliminar fácilmente;
no mata a los peces, pero, por el consumo, afecta a los seres humanos
-dijo a LA NACION el ingeniero Gabriel Moguilner, director general de
Desarrollo, Ecología y Control Ambiental de la provincia de Entre
Ríos-. Sobre la inversión de más de 500 millones
de dólares, la empresa debería contemplar un adicional
de un 10 por ciento para una planta de tratamiento que nos libere del
cloro, como se hace en Finlandia."
Exigencia
El proyecto de Fray Bentos, según los informes, contempla el proceso
Elemental Chlorine Free (ECF), libre de cloro gas, pero no descarta el
uso de dióxido de cloro. Es el mismo que se utiliza en algunas
plantas de este tipo en la Argentina, según la fuente diplomática. "Difícilmente
podamos exigirles a los uruguayos que usen un sistema diferente del nuestro",
convino. La CARU, no obstante ello, evaluará un plan de monitoreo
permanente, en ambas costas, en el cual estén involucrados los
intendentes y la sociedad civil.
En plantas similares emplazadas en la Argentina no se usa cloro, sino
agua oxigenada. El mal olor, según explicó a LA NACION
uno de sus directivos, es inevitable, pero hay formas de atenuarlo. En
Uruguay, dijo, habrá que ver cómo es el sistema de efluentes.
En algunos casos, agregó, lo único que cae al agua es la
fibra de la madera y, como se estabiliza a determinada profundidad, no
es perjudicial para la salud.
Uno de los informes dice que el cloro vertido al río afectaría
la producción de dioxinas en la vida acuática y se almacenaría
en los tejidos grasos de los organismos; en especial, de los peces que
consume el hombre. Esto podría provocar trastornos en los sistemas
inmunológico, nervioso y reproductor, así como cáncer.
"
Debemos frenar esto a tiempo -repuso Moguilne-. Ellos piensan hacer la
tecnología sucia aquí, en América latina, y la limpia
allá, en Europa. Queremos evitar que el río Uruguay se
convierta en una gran cloaca. Si esto se pone en marcha, no tendrá retorno."
El Tratado del Río Uruguay, firmado en 1975, establece que ambas
partes deben proteger y preservar el medio ambiente y, en particular,
prevenir su contaminación, así como promover estudios conjuntos
de carácter científico de interés común.
La solución de controversias, si las hay, pasa por la Corte Internacional
de Justicia, pero por más que las aguas bajen revueltas, ni Kirchner,
ni Batlle, quieren llegar a tanto, parece.
Por Jorge Elías
Fuente: La Nación (Argentina)
Marzo 01, 2004
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