Muerte en el zoo
Un psicópata ha envenenado en menos de dos meses a 62 animales, desde elefantes a orangutanes, en el zoológico de Sao Paulo

Un enemigo misterioso, que se mueve sin dejar pistas, ha sembrado la muerte en el zoo de Sao Paulo, donde en menos de dos meses ha matado a 62 animales con 'Mano Blanca', un letal raticida para el que no existe antídoto. El caso, que parece ser el primero en el mundo de un asesino en serie de animales, tiene desconcertada a la Policía de la ciudad brasileña, que desde fines de enero investiga las muertes, y ha tendido un manto de tristeza sobre el zoo y sus visitantes.

«Es algo criminal. Necesitamos que la Policía resuelva cuanto antes el misterio», señala el jefe del Departamento de Enseñanza del zoo, Mario Borges da Rocha.

Desde el 24 de enero pasado, cuando ocurrieron los primeros envenenamientos, han muerto 62 animales de distintas especies, entre ellos cuatro dromedarios, tres chimpancés, dos micos león dorado, un bisonte, un orangután, 42 puerco espines y hasta un elefante.

La 'mano blanca'

En todos los casos, las autopsias confirmaron que la causa de muerte fue envenenamiento con fluoracetato de sodio, un raticida que, pese a su color azul, es conocido como 'Mano Blanca' por su efecto rápido y devastador, razón por la cual su venta está prohibida en Brasil desde 1997.

Unos pocos gramos de 'Mano Blanca' son suficientes para matar en cuestión de horas a una elefanta de cuatro toneladas, como Baira, que murió en el zoológico, mientras que en otras especies más frágiles, como los monos, menos de un gramo del veneno es letal.

Al principio, la dirección del zoo y la Policía pensaron que los animales estaban siendo envenenados por un visitante, pero la muerte de varios ejemplares en un área reservada dio un giro a las investigaciones, que ahora se centran en empleados disconformes que estarían tratando de desprestigiar al parque. «La Policía considera que el o los autores de las muertes son personas que saben de zoología, biología o veterinaria y tienen acceso a áreas restringidas», explicó Borges.

La posibilidad de que el veneno hubiera sido puesto en la comida de los animales también fue descartada, porque durante algunas semanas se reemplazó al personal del área de alimentación y las muertes siguieron ocurriendo. Además, con excepción de los puerco espines, el resto de los animales parece haber sido escogido para morir, pues en la mayoría de los casos el veneno mató a uno o dos ejemplares de cada especies.

Hace unos días fue encontrada una jeringa en un cesto de basura, lo que llevó a pensar que ese habría sido el 'instrumento del crimen', pero la Policía no ha acladado si tenía huellas digitales o restos del veneno o se trataba de una falsa pista.

«Es muy triste. Quien comete un crimen de esa naturaleza puede hacer lo mismo con seres humanos», señala Cathy, una turista francesa que visita el zoo en compañía de su esposo y sus dos pequeños hijos, al contemplar el lugar donde solía jugar la elefanta Baira.

Jaulas vacías

En el zoo paulista, que tiene unos 3.600 animales -entre ellos 216 especies de aves, 102 de mamíferos, 95 de reptiles y 15 de anfibios-, el númro de visitas no se ha visto afectado por el caso, pero va a ser difícil reemplazar los ejemplares perdidos. Es lo que ocurre con los orangutanes, una especie en peligro de extinción, de la que el zoo sólo tenía una pareja. Karen, la hembra, fue envenenada, mientras que su compañero fue retirado de la vista pública hace algunos años por su avanzada edad y la ceguera que sufre.

«Visito el zoológico hace quince años como guía para escuelas y es muy triste tener que mostrarle a los niños el lugar vacío dejado por Karen y otros animales, como los chimpancés Felipe, Nancy y Tony», lamenta Jack Nogueira, instructor de Planeta Terra, una empresa de turismo ecológico.

La Policía, que centra su investigación en ocho sospechosos, asegura que sus trabajos están avanzados y que en breve identificará a la siniestra figura que se esconde tras la mortal 'Mano Blanca'.

JAIME ORTEGA CARRASCAL/SAO PAULO



Fuente: El Correo
Marzo 12, 2004