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CHILE:
Ley ambiental envejece en una década
SANTIAGO, mar (Tierramérica) - La Ley de Bases del Medio Ambiente,
en vigencia en Chile desde el 9 de marzo de 1994, envejeció rápidamente,
y es casi unánime la opinión de que debe ser reformada.
La encargada del programa de medio ambiente del no gubernamental Instituto
Libertad y Desarrollo, Ana Luisa Covarrubias, fue la única de
seis personas consultadas por Tierramérica que calificó de ”bastante
buena” a la ley.
Líderes de organizaciones ambientalistas no gubernamentales abogaron,
en cambio, por crear un Ministerio de Asuntos Ambientales o dar rango
ministerial a la Comisión Nacional del Medio Ambiente (Conama),
creada hace también 10 años.
El diputado Alejandro Navarro, del cogobernante Partido Socialista y
miembro de la Comisión de Medio Ambiente de su cámara,
propuso un ministerio o una superintendencia ambiental, con efectivo
poder y capacidad fiscalizadora.
La Conama, dependiente de la Secretaría (ministerio) General
de la Presidencia, es un organismo ”de tercera o quinta categoría”,
subordinado a otros ministerios y sin capacidad para desarrollar una
política ambiental, señalaron ecologistas consultados.
La presidenta del Comité Nacional pro Defensa de la Fauna y Flora,
Jenia Jofré, opinó que la falencia mayor de la ley es que
no posibilita una efectiva participación ciudadana en la aprobación
de proyectos de inversión ni en iniciativas nacionales o locales
sobre el desarrollo sustentable y los problemas ambientales.
Sara Larraín, coordinadora de Chile Sustentable, Manuel Baquedano,
presidente del Instituto de Ecología Política y Marcel
Claude, director de la Fundación Oceana, coincidieron en que la
norma no ha sido efectiva para promover la sustentabilidad del desarrollo.
Inspirada por la Cumbre de la Tierra de 1992, pero también aprobada,
según Baquedano, bajo presión en la negociación
de tratados comerciales, la ley vigente tuvo el mérito de unir
alrededor de un millar de normas ambientales que estaban dispersas.
El gobierno de Patricio Aylwin (1990-1994) consideró inapropiado
crear un Ministerio de Ambiente, como los de otros países latinoamericanos,
con el argumento de que las cuestiones ecológicas son ”transversales” y
deben interesar a todos los ministerios.
Larraín y Baquedano observaron que ese criterio llevó a
la Conama al área de la Secretaría General de la Presidencia,
encargada de las relaciones entre los poderes Ejecutivo y Legislativo,
cuya esencia es la negociación política.
Ese espíritu se reprodujo en las ramificaciones de la Conama
en las 13 regiones del país, donde intendentes designados por
el gobierno central y representantes de los ministerios se pronuncian
sobre proyectos de inversión con criterios políticos u
objetivos locales de corto plazo, sin considerar la dimensión
del desarrollo sustentable.
La ley adjudicó a la Conama la aprobación de los estudios
de impacto ambiental de los proyectos de inversión, y esa ha sido
su tarea más controvertida, debido a los conflictos que surgen
entre proyectos de lucro y el patrimonio ambiental o los derechos de
comunidades y etnias.
La Conama ha tenido seis secretarios ejecutivos. Los cinco antecesores
de la actual responsable, Paulina Saball, dejaron el cargo en situaciones
críticas.
Corresponde a la comisión revisar proyectos, establecer normas
sobre emisiones de contaminantes y calidad ambiental, y declarar que
determinadas zonas están saturadas de contaminación, pero
la Conama carece de instrumentos adecuados para cumplir esas funciones,
opinó Larraín.
No hay un ordenamiento o planificación territorial que regule
la instalación de proyectos de acuerdo con las características
ecológicas o demográficas de una zona, y permita equilibrios
en el desarrollo nacional, subrayó.
Otras tareas pendientes son las de reglamentar áreas privadas
de conservación y armonizar la política ambiental con normas
sectoriales, como la futura Ley del Bosque Nativo, ”un instrumento
restringido que no permite asegurar el desarrollo sustentable”,
sostuvo la activista.
Claude alegó que en Chile existe sobreexplotación de recursos
naturales, sin que las normas vigentes permitan protegerlos.
”Necesitamos una institucionalidad capaz de ubicar la cuestión
ambiental en la agenda pública como un tema relevante y prioritario,
y no de tercer orden, como es hoy”, comentó.
Para Baquedano, la nueva institucionalidad debe favorecer la gestión
ambiental local, y ser eficaz para fiscalizar y castigar los delitos
ambientales.
Pero Covarrubias destacó que la ley unificó y simplificó los
trámites para inversiones productivas, además de establecer
requisitos técnicos y económicos para empresarios y autoridades,
aunque estimó que es posible acortar los plazos para aprobación
de proyectos.
La experta reprobó el tipo de participación que ha posibilitado
la Conama, y arguyó que ”la ciudadanía tiene derecho
a opinar, pero no a vetar un proyecto”.
”La participación ciudadana tiene voz, pero no tiene voto”,
señaló Covarrubias, y deploró que a menudo los empresarios
deban negociar con comunidades la aprobación de un proyecto a
cambio de escuelas o dispensarios.
”No corresponde plebiscitar un proyecto, si cumple con todas las
regulaciones y los requisitos debe ser aprobado”, insistió.
Covarrubias concluyó que la ley no necesita modificaciones, salvo
hacer que las decisiones del consejo de ministros de la Conama sean obligatorias
para los ministerios, lo cual ”haría más fácil
evaluar y exigir resultados” en las políticas ambientales.
Gustavo González
Fuente: IPS (International Press Service)
Marzo 16, 2004
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